La restructuración de la Central de Inteligencia Americana CIA, iniciada por Donald Trump marca un punto de inflexión en la existencia de este organismo de espionaje estadounidense creado en 1947. Al cabo de setenta y ocho años de la agencia, el mandatario norteamericano reduce sus presupuestos y desmantela la estructura de esta maquinaria de guerra secreta de los Estados Unidos en lo que se considera el inicio de una guerra en las sombras de la situación interna de la potencia capitalista.
A través de su historia, la CIA ha organizado golpes de Estado en todo el mundo, financió ejércitos mercenarios y eliminó líderes contrarios a los intereses de los EE. UU constituyéndose en un aparato que ha actuado sin control por parte del Pentágono. La decisión de Trump de asumir el control más directo de la CIA desde la presidencia, no solo debilita la posición geopolítica norteamericana en el mundo, sino que además deja a sus aliados en un limbo de incertidumbre porque reduce los ámbitos de acción autónoma de la central de inteligencia gringa.
La CIA en su acción secreta se convirtió en el puño oculto estadounidense para desestabilizar gobiernos, asesinar líderes incómodos y mantener a raya toda amenaza a su hegemonía. Hoy la purga refleja las presiones internas por el control del poder absoluto al interior de los Estados Unidos. La agencia central de inteligencia se había convertido en un poder dentro del poder, operando sin rendir cuentas al ejecutivo norteamericano sobre sus múltiples acciones internacionales, situación a la que Trump pone fin al reducir los presupuestos de la agencia sugiriendo la renuncia de varios de sus agentes a cambio de millonarias indemnizaciones. Sin embargo, esta no es la única medida en la toma de control de la agencia, Trump ha eliminado varias operaciones encubiertas y ha disuelto unidades de análisis especializadas de la CIA y ha decretado el cierre de programas secretos que venían ejecutándose desde hace varias décadas. Según el argumento del gobierno norteamericano, se trata de una estrategia que busca alinear las acciones de la CIA con las nuevas prioridades de seguridad nacional, no obstante observadores consideran que en realidad se asiste a una guerra interna entre facciones de poder.
Trump ha ordenado al Departamento de Eficiencia Gubernamental de su país una racionalización extrema del aparato estatal, lo que implica menos burocracia y más eficiencia, y en el caso de la CIA, menos espionaje innecesario y más acciones concretas relacionadas con la nueva doctrina de seguridad de la Casa Blanca. Pero en el fondo detrás de estas medidas que aparentan ser administrativas se esconde la desarticulación de un poder paralelo que había operado desde las sombras y sin control durante más de siete décadas.
La CIA, creada bajo la ley de seguridad nacional, nació como una extensión de la Oficina de Servicios Estratégicos, OSS, agencia de espionaje norteamericana que operó durante la Segunda Guerra Mundial. Un acápite histórico señala que en sus inicios, la misión de la CIA fue suministrar al presidente toda la información pertinente para valorar la situación internacional. Además, se le encargó llevar a cabo otras funciones y misiones relacionadas con la información y la seguridad del pais. En 1948 el Consejo de Seguridad Nacional aprobó la ejecución de operaciones especiales en suelo extranjero con dos condiciones: debían ser secretas y ofrecer siempre a Washington la posibilidad de negar su implicación. El carácter secreto de las actividades de la CIA se vio reforzado cuando, por ley, sus responsables quedaron eximidos de publicar los nombres, las tareas, los ingresos o incluso el número de sus efectivos. Su presupuesto también era secreto y el director tenía carta blanca para mover millones de dólares a discreción.
A partir de ese momento se encargó de ejecutar algunas de las operaciones más siniestras de la política internacional, golpes de Estado y campañas de desinformación a escala mundial. En nuestro continente la intervención de la CIA cuenta con algunos hechos relevantes: en 1954 derrocó al presidente de Guatemala, en 1973 estuvo detrás del golpe de Estado en Chile que derrocó a Salvador Allende, durante la década de los años ochenta financió y armó a los “contra” en Nicaragua en una guerra encubierta contra el sandinismo. En Oriente Medio sus acciones son igual de siniestras, promovió la caída del gobierno iraní en 1953, apoyó a los afganos en los años ochenta y fue clave en la invasión de Irak en 2003, difundiendo información falsa sobre armas de destrucción masiva, convirtiéndose en el brazo ejecutor de la política exterior norteamericana en la región.
Los directores de la CIA llegaron a ser más poderosos que algunos presidentes estadounidenses, sus decisiones y operaciones se ejecutaban sin supervisión real, financiadas con presupuestos oscuros que no eran registrados en los informes oficiales. Trump, en su acción contra el “Estado profundo”, señaló a la CIA como una amenaza a su autoridad, por tanto, ha decidido eliminar su independencia, someterla a su directo control y redefinir sus funciones, disminuyendo su capacidad de análisis y fortaleciendo su acción directa. Hoy la CIA, bajo el mandato de Trump, reorienta el perfil de sus agentes más orientado en su lucha contra China. Queda atrás en la CIA la recopilación masiva de datos y la manipulación política y encubierta, que es reemplazada hoy por una acción más agresiva y menos secreta. El modelo tradicional de inteligencia norteamericano basado en la infiltración y el control burocrático queda obsoleto.
En América Latina, región en la que la CIA operó con impunidad desde hacía varios años, la influencia de los Estados Unidos ha perdido presencia. En Venezuela, país donde la CIA tenía sus agentes infiltrados y en Brasil, donde los contactos con militares fueron claves, han comenzado a debilitarse. En Ecuador la CIA que ha venido operando desde hace varias décadas, ha reformulado su acción desestabilizadora desde dividir a la izquierda, hasta financiar a elementos claves de la oposición ecuatoriana a gobiernos progresistas.
Con la reducción de su estructura y función, el ejército estadounidense ha comenzado a absolver algunas de sus funciones, incluyendo la recopilación de inteligencia en el terreno y la coordinación de operaciones encubiertas. Esta nueva situación ha provocado la reacción de los sectores de inteligencia al interior de los Estados Unidos que han lanzado una advertencia sobre las consecuencias de esta reestructuración. Sin duda se trata de un ajuste de cuentas largamente esperado, puesto que la CIA es responsable de innumerables crímenes de guerra, tortura, golpes de Estado y manipulaciones políticas sin que haya existido un control efectivo del gobierno norteamericano en sus acciones.
Esta reestructuración, o purga interna, pone a la CIA en un punto de inflexión que para muchos es el principio del fin de uno de los organismos más temidos del mundo cuyas acciones han quedado, al final del día, al descubierto con el innegable desprestigio del gobierno norteamericano. La guerra declarada a la organización recién comienza en una batalla de sombras con un desenlace incierto al redefinir el papel de los Estados Unidos en el mundo.



