Por L.Parrini
¿Y ahora quién podrá defendernos? Tranquilidad, nos surgió un defensor de improviso. El ex presidente demopopular Oswaldo Hurtado Larrea se ha erigido estos días en «tutor» de la democracia y del derecho a la libertad de expresión. Una pirueta política en tiempos de las izquierdas silentes y desmovilizadas por temor, represión, acción u omisión.
Hurtado en diversas apariciones mediáticas fustiga duramente al régimen y personaliza los males del país en el primer mandatario y el bloque gobernante desde el Ejecutivo y el Legislativo. El ex mandatario se pregunta: ¿y cómo es que se llama a un presidente que no respeta la división del poder, la independencia de la justicia, las elecciones libres, las libertades públicas, y se responde: “se le llama dictador, yo diría un criptodictador, un autoritario, un autócrata camino de convertirse en un dictador”. Hurtado complementa su afirmación: “en materia de abuso del poder, de la violación de la Constitución, de la concentración del poder en el Presidente de la República y de la eliminación de todos los órganos del Estado que están ya bajo su mando. Hoy medio Ecuador se muere de miedo de abrir la boca, casi todos los dirigentes políticos guardan silencio porque tienen miedo, porque pueden ser asaltadas sus casas, pueden ser llevados a prisión”.
Hurtado recordó que el actual mandatario “declaró que es un muy mal enemigo, alguien que dice eso está dispuesto hacer cualquier cosa para vengar su honor, para vengar su dignidad”. Y sale en defensa del derecho a la opinión: “La democracia es una institución en la que tenemos derecho a hablar”. La caracterización no quedó ahí, Hurtado posicionó a los asambleístas de ADN como “semianalfabetos y analfabetos funcionales”, en alusión a su pobre papel desempeñado en la Asamblea Nacional.
El Presidente replica: “Si es que fuese un dictador no pudiesen decir que soy un dictador”. Y agregó que Hurtado es “un cadáver sumergido en formol”. La polémica pública quedó en un dimes y diretes, sin que hasta el momento se observen otras consecuencias que no sea un significativo deterioro de la popularidad del Primer Mandatario.
Según una encuesta de CEDATOS la Aprobación de la gestión presidencial se sitúa en el 40,8%, mientras que la desaprobación subió al 57,5%. La Credibilidad en la palabra presidencial está en el orden del 39,1%, y quienes no creen en su palabra representan el 59%. En resumen, un rechazo del 75% a la figura presidencial. En tanto, los principales problemas que afectan a la población son el desempleo y la inseguridad en el país, según la encuesta.
Contradicciones en el poder
Las afirmaciones de Oswaldo Hurtado son consideradas, desde un punto de vista analítico, contradicciones que bajo ciertas coyunturas tienen lugar entre los componentes de las fracciones de la derecha política, élites económicas y oligarquías locales que ven cómo sus intereses no están siendo bien representados por el gobernante vigente. Son lo que Gramsci llamaba bloque histórico, que se yergue en bloque dominante y que no es un grupo unido ni perfecto. Las contradicciones internas existen entre diferentes sectores económicos y políticos que buscan imponer sus propios intereses particulares por encima de los demás y generan una ruptura del equilibrio. Las peleas graves dentro del bloque dominante crean crisis profundas en el sistema, una coyuntura política que conlleva la pérdida de dirección. Si la clase dirigente no logra unir a sus aliados, debilita su poder político, y es lo que aparentemente está ocurriendo en Ecuador. Circunstancia que genera una oportunidad de cambio, las clases populares pueden aprovechar estas divisiones para construir una nueva alternativa social.
Lo significativo de esta bronca no es el hecho de que la política debe ser distinta porque la política criolla siempre ha sido y será así, especulativa, insultante, sin nivel ideológico que garantice esgrimir argumentos por sobre las ofensas. Tampoco importan las rencillas personales. Reclamar lo contrario es pedirle peras al olmo. Lo verdaderamente trascendente es la tendencia estructural que se advierte en esta división del bloque dominante: un cambio interno en la correlación de fuerzas, lo que implica modificación del factor subjetivo de la política. Las contradicciones principales supeditan en su dinámica a las contradicciones secundarias y eso abre expectativas de modificación en el modelo del sistema.
El tutelaje de la democracia no puede recaer en otras manos que no sea la voluntad popular expresada en las urnas, la protesta social o la participación activa en instancias de poder popular. Todo lo demás son cantos de sirena.
Foto diario Expreso



