Por L. Parrini
La novela histórica, así como la novela biográfica, se propone ir tras el olvido en que suele incurrir la memoria individual o colectiva. Ecuador, a pesar de su precaria memoria social, es un país con buenos exponentes de obras literarias que recrean sucesos, personajes y épocas del pasado nacional para reflexionar sobre la identidad, el poder y los conflictos sociales. Autores de distintas generaciones han utilizado este género para narrar desde la época colonial y la Independencia hasta las tensiones políticas del siglo XXI.
Uno entre los destacados es Luis Zúñiga y su ya clásica Manuela (1991), novela que pone énfasis en la vida de la patriota quiteña Manuela Sáenz antes de establecer su relación con Simón Bolívar. Ahora Zúñiga vuelve sobre su inquietud de dilucidar el pasado, esta vez con una novela ambientada en Cuba, Olvidé en la isla (2026). Obra de olvidos recurrentes, narra la tentativa del académico Arturo Rodríguez Trueba de escribir la biografía de Alonso Rubianes Vidal, un poeta ecuatoriano que reside temporalmente en la isla caribeña, “poeta nacional en autoexilio temprano”.
El primer y gran olvido en la trama de la novela es el hallazgo de un cúmulo de documentos fraccionados y cartas rasgueadas de puño y letra por Rubianes, que habían sido abandonados en La Habana; algo parecido a una memoria escrita por el poeta en el transcurso de sus estadías en Nueva York, París, y otros lugares. Se trataba de la memoria de un poeta “divorciado de su patria, de alguien que perdió las raíces de su lugar de origen y decidió caminar por paisajes muy distintos. Se alejó voluntariamente, desadaptado de su entorno, para buscar lo disímil, al tiempo que ese hecho representaba también la búsqueda de sí mismo”, dice por ahí el académico investigador.
Confrontando hechos en esas memorias el otro protagónico personaje, Rodríguez Trueba, doctor en Letras y profesor vinculado a una universidad ecuatoriana, inicia su investigación durante un año sabático en La Habana, tiempo durante el cual reconstruye la figura del poeta.
En su afán de retratar un personaje central en su novela, Zúñiga nos remite a la pesquisa de información vital que hace el biógrafo sobre el sujeto biografiado. En ese aspecto la novela -como constata Francisco Proaño Arandi en la presentación de contraportada-, en su “secreta urdimbre parece encerrar ecos que -más allá de la imperceptible línea que separa lo real y acaso también lo histórico de lo imaginario- nos remite a tramas y personajes de anteriores novelas de Luis Zúñiga”.
El relato transcurre entre esa exploración y los hallazgos, dejando al descubierto secretos procedimentales en la búsqueda de antecedentes vitales acerca del poeta autoexiliado. En ese proceso, Zúñiga echa mano de su experiencia como biógrafo y emisario cultural durante tres años en la Cuba de principios del siglo XXI y muestra el intríngulis del mundillo diplomático de La Habana con personajes representativos.
Si bien todo le está permitido al creador literario, Olvidé en la isla tiene leves pero incisivas alusiones a la situación política de una revolución amenazada, debido a la escasez de productos, la limitación de servicios básicos, y a la presencia de exiliados que abandonaron el país en busca de sus derechos a la libre expresión. Una Cuba no exenta de vigilancia oficial y aprensiones que el autor deja entrever en boca de sus personajes.
En su afán de refigurar una edad histórica o trasladar al pasado sus visiones del presente, Zúñiga hace un decidido esfuerzo porque los secretos de la cambiante alma humana que maneja como escritor, no le impidan conservar la libertad creativa del autor con la fidelidad a los hechos históricos.
En ese afán, las relaciones humanas en el desarrollo de la novela se entretejen con naturalidad, virtud del profesionalismo de Zúñiga como narrador de una trama, en la cual la confianza y la sospecha se entrelazan en una novela escrita con cautelosa sinceridad, cuyas claves nos comparte su autor.

Luis Zúñiga, foto de Patricia Palacios
¿Cómo fue el proceso creativo al escribir la novela?
La base fue mi novela Extasia, que narra la historia de un poeta quiteño ficticio que había vivido en la época de la Segunda Guerra Mundial en Europa y que más tarde pasaría por Cuba. Olvidé en la isla está inspirada en ese personaje, un supuesto poeta ecuatoriano muy poco conocido en el país. El personaje central, el investigador académico, busca escribir la biografía de ese poeta, teniendo como telón de fondo la ciudad de La Habana. Olvidé en la isla, está basada en mi experiencia de vida en Cuba, durante los tres años que estuve vinculado al servicio diplomático como consejero cultural. Tres años antes de que ello sucediera, había sido ya publicada mi novela Manuela, en el año 2000, en Casa de las Américas. Olvidé en la isla está situada en los años 2003 a 2005, y es la historia de un poeta que lleva escritas unas memorias y que en algún momento de su vida se fue a Cuba y olvidó allí su legajo de escritos. Y ahora es el académico quien debe escribir la biografía de ese poeta que no es reconocido en el Ecuador.
¿Este personaje académico investigador es tu alter ego?
El autor tiene la libertad de elegir al que cuenta, puede ser el narrador omnisciente que tiene capacidad de estar en todos lados, y sabe sobre los personajes y lo que va a suceder. O puede ser el personaje-narrador en primera persona. Dentro de la trama están armadas varias historias que son vividas por el académico; mientras transcurre va conociendo y aclimatándose a Cuba, al ambiente, a la forma de ser de los cubanos, alegres y extrovertidos.
¿Asumir una narradora mujer supone un comportamiento especial para un escritor masculino? Lo pregunto porque Manuela está escrita en primera persona femenina y en esta novela sobre la isla también apelas a este recurso narrativo.
Antes de escribir Manuela, descubrí y leí las cartas de Manuela Sáenz, lo cual me permitió entender mejor al personaje, su sentir, su forma de expresarse. Por ello fue muy conveniente asumir su voz en la narración. La voz en primera persona fue clave.
¿Una narradora femenina tiene mayor licencia para expresarse?
La sensualidad es algo diferente. Una mujer percibe la realidad, los olores, los detalles, los colores de una manera distinta a la del hombre. Por lo general, el hombre se bloquea, no logra penetrar en el sentimiento, en la forma de pensar y sentir de las mujeres, y eso puede ser un obstáculo para las relaciones personales, porque en una sociedad patriarcal y machista en la que vivimos, estamos movidos por esos hilos visibles e invisibles de comportamiento social. Los escritores tenemos la posibilidad de escrutar los comportamientos de una persona. La mujer tiene capacidades que los hombres no tenemos; físicamente es más fuerte porque es el ser humano encargado de gestar. Desde el punto de vista intelectual, creo que la mujer tiene una mayor posibilidad de poner atención en varias cosas a la vez, por ejemplo.
MÁS ALLÁ DE LOS OLVIDOS
Luego de leer tu novela ambientada en Cuba, queda la sensación de que pudo suceder en cualquier otro país; me explico, la novela en sí no aporta algo especifico a Cuba ¿Compartes esta idea?
Creo que esa misma historia de la novela podría aplicarse a otro país. Para mi Cuba tiene un significado, allí viví tres años, es casi como un segundo país para mí. Conozco la dinámica de las relaciones, aún tengo una que otra amistad por allí.
De alguna manera dejas entrever en la opinión de algunos personajes una tácita crítica a la situación cubana, la falta de libertad de expresión, el hambre, la escasez de cosas básicas, en fin, ¿cómo resuelves eso?
De hecho, al hablar de Cuba la gente tiene la expectativa de que se van a abordar tópicos políticos, o que el autor tiene que tomar posiciones. Yo creo que una forma diferente de asumir el tema en la novela fue cómo el principal protagonista, desde el punto de vista de un investigador académico, indaga la vida de un poeta ecuatoriano que había pasado por ahí. El investigador va con un interés académico, pero tiene que enfrentarse con la realidad de Cuba. Entonces comienza a ver de cerca el medio cubano y el mundo diplomático. Muchos autores que escriben sobre Cuba lo hacen criticando. Leonardo Padura entra y sale de Cuba, es muy crítico con todo lo que sucede en Cuba, pero escribe con libertad y es un autor respetado en Cuba.
¿Cómo crees que será tomada tu novela cuando se la lea en Cuba?
Estuve en Cuba hace algo más de un año. Visité lugares que están en la novela, como para recuperar la memoria. Tuve la oportunidad de reunirme, de manera independiente, con un par de funcionarios de la oficialidad cubana a quienes algo conocía. La pregunta de los dos fue la misma: ¿Y cómo le ves a Cuba? Les respondí con total sinceridad (ya no como diplomático, sino como un amigo escritor ecuatoriano) sobre el enorme deterioro que vi y cómo sentí a Cuba frente a sus grandes carencias, que están vinculadas de manera directa al asunto del bloqueo y la marginación cubana de su economía y el acceso a los recursos. Hice referencia a los factores internos que pesan mucho en Cuba, y opiné (sin que me lo pidieran) que también eran necesarios los cambios internos en Cuba, con reformas impulsadas por parte de la Asamblea del Poder Popular, etc. Hace pocas semanas me llamó la atención que este organismo propusiera un programa de 176 reformas internas de carácter económico y social. El estrangulamiento económico y energético de esta última etapa del bloqueo es la causa directa de todo lo que ahora se ve en Cuba. Pienso que son necesarios cambios políticos internos y, al mismo tiempo, terminar definitivamente con el bloqueo que ha sido tantas veces condenado por voto mayoritario en la Asamblea de Naciones Unidas. Depende totalmente del gobierno de los Estados Unidos en un escenario geopolítico cambiante.
¿El título Olvidé en la isla sugiere que es el olvido de unas memorias biográficas de un poeta o de una vida pasada ya superada?
La dimensión del título fue importante para mí porque, de hecho, se trata de las memorias que el poeta había olvidado en casa de su hija en La Habana, y que es lo que descubre el académico biógrafo. Son los lectores quienes deberían identificar qué tipo de olvidos pueden identificarse en la novela.
¿Qué aporta la novela al conocimiento de Cuba?
Creo que por la forma de cómo está armada la novela existen varios personajes, el investigador andino, personajes cubanos del ámbito cultural, un médico cubano que defiende la Revolución. Existen todos esos elementos con los cuales es posible dibujar el ambiente cubano, los lugares, el malecón habanero, las reflexiones del investigador. En fin, hay varias formas de mirar la historia a través de la intertextualidad; existen varias voces que están ahí para que cada uno como lector vaya interpretando a su manera.
¿Por qué debemos leerla?
Porque creo que es una forma de compartir de alguien que vivió en la isla. No olvidé nada en la isla, todo está en mi memoria. Creo que los lectores tienen la posibilidad de ver y de vivir otra forma de conocer la bella isla de Cuba.
La novela se presenta el sábado 26 de septiembre, a las 11h00, en Casa Égüez Centro Cultural en Quito.
Fotografía Portada: L. Parrini



