Por L. Parrini
Escritora guayaquileña irreverente e irreversible, porque sospechamos que ya no abandonará su postura de poeta rebelde y desdeño con lo establecido. La poesía de Sonia Manzano, más que un canto, es una subversión a todo aquello que llevamos como lastre en este tránsito vital. Viejas controversias de ángeles y demonios, simulacros de vida, de amores y tempestades, de arrebatos y cautela: Pienso en el mundo / y entonces / se estanca el pelo en la garganta, la gota que me horada / atraviesa el corazón enmohecido y revientan los latidos de tristeza.
Se adentra en la espesura vegetal de las palabras, machete en mano, desbrozando el sentido arborescente del poema, bajo cuya sombra nos invita a refrescar viejos ardores.
Desmitificadora, “ni mejor ni peor que todas, simplemente fuera de competencia”, nos advierte mientras subvierte simulacros y certezas en una obra lírica a veces escrita en verso, otras en prosa con una consistencia y veracidad inéditas entre las letras escritas por mujeres en el país.
Su literatura se centra principalmente en la experiencia de la mujer con obras entre las que destacan Flujo escarlata (1999), que ganó el Premio Joaquín Gallegos Lara al mejor libro de cuentos del año, y Eses fatales (2005), considerada la primera novela lésbica escrita por una ecuatoriana, y su más reciente novela, Viento de ocaso (2026). Su obra poética que incluye diversos poemarios escritos entre 1972 y 2021, se difunde en la antología La rosa que no vuelve (2021).
La suya se inscribe en una literatura controversial, contestataria, elocuente: madre de todas las batallas / de aquellas que libré cuando aun mi brazo soportaba el peso de una espada / fraguada en ocio lento. Metáforas que no solo simbolizan, también aluden la cotidianidad vivida y sublimada en la palabra poética: “Por la boca de un saxo se desborda una canción mojada / de pena antigua / y empiezan a caer las hojas muertas desde todos los árboles del mundo.
Su editor, Javier Oquendo, deja consignado: “O esa bella forma de recrear los mitos, las fábulas, las leyendas, cotidianas, lo urbano. Ese dominio con gracia e inteligencia que domina su escritura hasta llegar a límites fantásticos de enorme creacionismo”.
Verso perenne y renovante a la vez el de Sonia Manzano, que va de la sombra a la luz con la musicalidad que le confiere su sensibilidad de pianista y poeta en verso libre o rimado en sonetos.
No en vano la imagen primigenia más distante que recuerda de su infancia es su madre ejecutando una melodía al piano, ella una gran pianista, yo tenía unos tres o cuatro años y me encantaba escuchar a mi madre.
Acaso una premonición, fruto de haber nacido en una familia de artistas: mi hogar fue un hogar de músicos y de educadores. Mi madre amaba mucho la literatura y ella fue un gran influjo para mi formación.
¿Cuándo descubre la vocación profesional por el arte?
Yo creo que la música y la literatura me descubrieron a mí. Yo estaba en segundo grado, había aprendido a leer y escribir y me encantaba Redacción y también me gustaba mucho cuando escuchaba a mi hermanan recitar poemas de Gabriela Mistral o de Amado Nervo. Yo amaba a Rubén Darío, para mi es un icono. El destino hizo que yo tenga estas emanaciones que calaron tan hondo en mi persona.
¿Qué influencias literarias y musicales reconoce?
Las dos vertientes estuvieron siempre juntas. De mi madre, de mi hermana. Mi tío abuelo es el poeta laureado guayaquileño Pablo Aníbal Vela. En esa época no había redes sociales y la gente se comunicaba por intermedio de cartas y a mí me gustaba escribir cartas, me expresaba más por escrito, estuve rodeada de libros. Mi abuelo Tomás era un gran lector, entonces tenía una vitrina con libros, escuchaba poesía de Medardo Ángel Silva, para mí es un influjo poderosísimo en la musicalidad de las palabras como lo ha sido Federico García Lorca y Pablo Neruda. Te puedo hablar por bloques. Mi gran influencia es la mitología griega, la literatura oriental. Creo que me enamoré de su literatura actualmente leo literatura oriental. Otra gran influencia que yo tuve son los existencialistas franceses como Camus, Sartre, Simone de Beauvoir. Los impresionistas, asocio mucho la literatura a la música impresionista.
¿Qué cosas en común encuentra entre ambas disciplinas?
Existe una gran relación, en mi caso particular yo trato de que mi poesía suene a música y escribo al influjo de música. Muchas de las imágenes que he formado en mi mente han sido a través de la música, la cadencia, el ritmo; mi prosa y mis versos son musicales, aunque no me acoja siempre a la poesía rimada, pero todas tienen un ritmo interior.
LA SOLEDAD DEL ARTISTA
¿Se puede vivir del arte en el Ecuador?
Hay estrategias. No creo haber sido buena promotora ni administradora de mi obra, pero felizmente he tenido medios para hacer literatura. No hay canales de distribución, ni editoriales, en mayor caso tienen que pagar para ser editados. Somos muy maltratados por ciertas editoriales y librerías, hay abusos en la soledad del artista.
¿Qué rol le compete al Estado en la cultura?
Hacer una gran editorial que abra las puertas a los valores jóvenes.
¿Ese rol del Estado no limita la libertad de creación?
No. Si le ponen de condición de que tiene que estar alineado a ciertas ideologías, simplemente no es una editorial. El Estado tiene que generar políticas públicas. Fui secretaria de Cultura en el gobierno de Correa y duré un año y cuatro meses, el tema de cultura no fue atendido y yo tenía grandes proyectos. Yo he publicado con la CCE y he tenido absoluta libertad para expresar mi manera de pensar y nunca he sido coartada.
¿Qué aporta la mujer al arte?
La literatura no tiene genitales. Por mucho tiempo solo se valoró la poesía de hombres, pero fuimos las mujeres que con actitud valiente abrimos un espacio y no lo hemos dejado cerrar. Yo soy transgresora, pero no solamente soy transgresora en el arte, soy transgresora de la vida. La mujer aportamos rebeldía argumentada. Creo que hay diferencia entre feminismo recalcitrante y la condición femenina. Así como hay feminismo, hay un hembrismo. El hembrismo en cierta forma es machismo.
¿Cómo evalúa la situación cultural del país?
No he sido pesimista. Tiene que haber distribución del libro que debe abaratarse y haber una preparación en la gente que transmite literatura. Hay muchos docentes que no tienen vocación para ser suscitadores, porque la literatura tiene que ser suscitada de una manera inteligente, con textos adecuados, todo tiene que ser por peldaños para que llegue a ser un lector especializado.

¿De qué va su reciente libro Viento de Ocaso?
Ocaso es el periodo en que ya toca las puertas de la noche. No es una novela lastimera, está dedicada al adulto mayor que no está bien tratado en el país. Es una crítica para quienes no comprenden a la tercera edad. Ya no escuchan al adulto mayor, su criterio no es sopesado en su justa valía y éste se va volviendo invisible para la sociedad que lo relega. Hay muchas familias que ven cuando la persona no se vale por sí mismo la relegan y se olvidan de ella.
¿Hay un argumento en la novela?
Hay un argumento en la novela, así, en síntesis: una mujer muy culta que trabaja en una librería. El personaje Trotsky Gallegos, sobrino de Gallegos Lara, muere en un accidente y por sucesión va el hijo a administrar la librería que esta vetusta, y lo que está vetusto es ella, la mujer, él remodela la librería. La gente que iba a la librería, los grandes literatos, empiezan a irse porque entran otros libros que no tienen mayor calidad literaria. Ella empieza a viajar, pero empieza a envejecer y se da cuenta que no puede vivir sola y le pide al hijo que la ponga en un hospicio y empieza a ver cuáles son los problemas de los ancianos que no los atienden.
¿Qué descubriremos en su libro?
Mi novela más que una hondura filosófica, no es que tiene virtuosismo lingüístico, pero sí algo que tiene mi narrativa -siempre me he considerado más poeta que narradora-, además de toda la falencia de que la que pueda pecar, es que es amena. Yo pienso en el lector que tiene que estar atrapado en la lectura. Mi literatura, y yo soy una transgresora, a mí me fastidia la procacidad muy explicita porque es como pornografía barata.
¿Qué futuro espera de la novela?
A veces no me interrogo, porque para mí es muy difícil contestarme a mis propias inquietudes. El futuro que quieran darle mis lectores.



