Por L. Parrini
La política es hacer que las cosas sucedan, no obstante, son las dudas más que las certezas las que dan sentido a lo que sucede en política. El caso Serrano genera más interrogantes que evidencias que se resumen en preguntas esenciales cuyas respuestas dan las claves del caso.
Una de esas preguntas es por qué y cómo es que José Serrano termina detenido en la cárcel de El Encuentro, luego de ser deportado desde los Estados Unidos. La otra interrogante es qué motivos tiene el primer mandatario para afirmar que Serrano “es el nuevo huésped de la cárcel de El Encuentro”, cómo lo había prometido y que el siguiente será Rafael Correa. La duda condujo a la verdad: Serrano no fue extraditado por pedido de Ecuador, fue deportado por autoridades migratorias norteamericanas por tener su visa de turista vencida en ese país.
La pregunta subsiguiente es obvia: ¿Por qué fue detenido a su arribo a Ecuador? La respuesta es doble: para intentar vincular el crimen de Villavicencio con las acciones del correismo, provocando un hecho político que influya en la percepción y decisión del electorado en las próximas elecciones seccionales de noviembre.
Al unísono, el régimen detuvo a Serrano por lo que el ex ministro del Interior sabe acerca de la clase política y sus vínculos con la delincuencia organizada. En su calidad de ministro de la política tuvo acceso a mucha información reservada, por tanto, clasificada como secreto de Estado, cuya fuente es la Policía Nacional, información que involucra a los actores políticos y a los delincuentes en sus diversas especialidades.
Analistas coinciden en señalar que José Serrano no está preso por el caso Villavicencio, el ex ministro de Correa es preso del régimen de Daniel Noboa por lo que sabe de los diversos políticos, por la información que maneja de alto grado sobre aquellos. Serrano está detenido, por tanto, silenciado de hablar y acusado de diversos supuestos no comprobados aun en la investigación del caso Villavicencio que se afirman como ciertos, pero que en su momento no fueron señalados como ahora.
Serrano está siendo asociado al correismo en la narrativa oficial, fue ministro del Gobierno de Correa, luego fue candidato a la Asamblea Nacional y el asambleísta más votado por Alianza País, luego se separa del grupo de Rafael Correa y se convierte en presidente de la Asamblea Nacional donde fue destituido cuando ya se había convertido en un operador político de Lenin Moreno. En los Estados Unidos fue reconocido y condecorado por la DEA por su colaboración en la lucha contra el narcotráfico. A tal punto fue su influencia que se lanzó como pre candidato a la Presidencia de la República, en un gesto de ambición política evidente. En definitiva, a las fuerzas conservadoras, oficialistas y sus adláteres no les interesa ni les conviene que Serrano hable, actúe por lo que sabe de la clase política ecuatoriana que obviamente son incómodas para el poder vigente.
Serrano conocía a Villavicencio y se reunía con él. En 2019, durante el paro de octubre, Serrano fue fotografiado en una suite de un hotel quiteño reunido con Fernando Villavicencio. Por sus vinculaciones su vida siempre estuvo en riesgo. La vida de Serrano siempre ha estado en peligro, como lo estuvo con fatales consecuencias la vida de su hermano menor asesinado en Cuenca por la mafia, cuyo autor material fue Ángel Esteban Aguilar, el llamado Lobo Menor.
El gobierno debió anunciar la deportación de Serrano por razones migratorias, pero lo están acusando de un hecho criminal que todavía no es probado y no hay nada concluyente. El régimen muestra como trofeo a Serrano y a su detención como el cumplimiento de una promesa electoral. Y se lo hace tratando de activar un anticorreísmo virulento de cara al proceso electoral como estrategia de campaña.
La captura de José Serrano causa un tipo de impacto relativo por lo que pueda probar en su defensa. Serrano sirve al oficialismo, preso en el proceso electoral, en la medida de que el régimen proyecte la idea de que está enfrentando al correismo, pero ese discurso se basa en una mentira: el gobierno de Noboa no captura a Serrano, el ex ministro es deportado y luego detenido en Guayaquil bajando del avión que lo trajo desde los Estados Unidos. Ese hecho queda claramente expresado en un hecho: el régimen vigente se ha dedicado a perseguir a sus opositores y no a los criminales, opositores tratados como enemigos.
La asociación de Serrano con el correismo en la narrativa oficial tiene un bemol: Rafael Correa llamó “traidor” a José Serrano durante años, pero ahora el expresidente cuestiona la acusación que puede llevar a su exministro a juicio por asesinato. La Fiscalía tiene testimonios, pericias y documentos acerca del crimen de Villavicencio y una decisión judicial puede cambiar el rumbo del caso.
Giros de la política
Los giros de la política generan más interrogantes: ¿Por qué Correa cuestiona ahora la acusación?, ¿qué sostiene Fiscalía contra Serrano y qué poder se mueve si este proceso llega a juicio?
Serrano tuvo relación directa con el Ministerio del Interior, Seguridad Interna, Policía Nacional y decisiones institucionales de gran trascendencia. Presidió el legislativo y fue una figura visible del correismo, pero esa relación terminó rompiéndose a la llegada de Lenin Moreno. Serrano tomó posiciones que lo alejaron de Correa y lo ubicaron como quien traicionó el proyecto político de la Revolución Ciudadana.
Cuando Serrano regresó al país deportado de los EE. UU, el régimen recordó expresamente que Serrano había sido ministro del Interior durante el gobierno de Correa. El ex mandatario desde Bélgica busca separar a Serrano del correismo y la llegada de Serrano terminó convirtiéndose en una batalla política. Mientras aquello se dilucida, hay una pregunta judicial pesando en el ambiente: ¿existen suficientes elementos para llevar a juicio a José Serrano?
Fiscalía intenta establecer que la experiencia de Serrano, sus conexiones y conocimiento del ámbito policial habrían tenido relevancia dentro de la planificación del crimen investigado y determinar si existió una planificación estratégica en la participación de Serrano en el asesinato de Villavicencio.
La acusación fiscal no equivale a una sentencia y los abogados de la defensa sostienen que existen inconsistencias que deben ser analizadas ante de concluir en la culpabilidad de Serrano. Eso lo debe establecer un juez a través de determinar qué elementos admite válidos y si los procesados deben o no enfrentar un juicio. El mayor giro del caso es que ahora Serrano está en Ecuador detenido y no en EE. UU y su regreso no representa de manera automática la calidad de las evidencias que demuestren su culpabilidad, pero cambian las condiciones en las que se desarrolle el proceso. Fiscalía deberá demostrar que su teoría resiste un análisis judicial, la defensa deberá cuestionar cada elemento débil o contradictorio y el sistema judicial deberá decidir.
El caso Serrano en sus antecedentes genera atención por otros casos de dominio público. Fernando Balda denunció haber sido víctima de un intento de secuestro en Colombia en 2012, hecho que involucró políticamente al gobierno de Rafael Correa y Serrano fue cuestionado en torno a ese episodio. No se puede tomar una denuncia anterior para probar un proceso actual, sería incorrecto y tendencioso. Uno de los mayores riesgos, en un caso con tanta exposición pública, es construir culpabilidad acumulando antecedentes. Cada acusación debe sostenerse por sí misma y cada acusado mantiene la presunción de inocencia mientras no exista una decisión judicial definitiva.
Correa intenta decirnos que Serrano ya no representa políticamente al correismo y eso no impide cuestionar una acusación contra Serrano incorrectamente sustentada. Al contrario, para el Gobierno ecuatoriano recordar permanentemente que Serrano fue ministro de Correa permite visibilizarlo asociado con una administración anterior. Para Correa recordar que Serrano rompió hace años con el correismo, permite cortar dicha asociación. En tanto, Fiscalía debe probar su expediente, independientemente de estas dos estrategias. Noboa, en tanto, busca posicionar políticamente el regreso de Serrano, Correa requiere disputar esa interpretación y Serrano necesita desmontar la acusación que fiscalía mantiene en su contra.
Las claves del caso serrano son complejas, pero claras en el tablero completo. ¿Existieron o no actores ubicados en niveles superiores de planificación, coordinación o financiamiento del crimen de Villavicencio? Es entonces donde aparecen nombres de mucho peso político y judicial: José Serrano, Javier Jordán, Rony Aliaga, Daniel Salcedo y otros cuya participación deberá resolver la justicia. El fiscal sostiene que existió una estructura superior que planificó el crimen, argumento que es cuestionado por la defensa de Serrano y señala su inconsistencia. El juez debe determinar si existe o no suficiente sustento para llevar esa discusión a un juicio. Analistas coinciden en señalar que si José Serrano es llamado a juicio el caso entra en otro nivel, Fiscalía deberá convertir sus argumentos en pruebas sometidas a contradicción, los testimonios deberán enfrentar preguntas, las pericias deben sostenerse técnicamente, los diálogos deben ser analizados dentro de sus contextos y los documentos deben demostrar lo que se afirma en la acusación. La defensa deberá desconectar cada conexión y solo ahí se verá qué parte de la narrativa mediática sobrevive y entra en el terreno probatorio. Si ocurre lo contrario el impacto político sería enorme. ¿Cómo puede una investigación semejante no lograr sostener sus puntos frente al juez? Si Serrano pasa a juicio significa que se avanzó técnicamente en la investigación fiscal, pero un llamamiento a juicio de Serrano no significa culpabilidad, los elementos fiscales pueden ser cuestionados como una señal favorable a los elementos de la defensa. La clave de este caso está en el expediente y qué resuelve el juez respecto de sus elementos de convicción.
Serrano tuvo todo el poder en sus manos, fue ministro de Estado, presidente del Legislativo, salió del país, es detenido en los Estados Unidos y regresa deportado y detenido acusado de asesinato, pero ninguna de estas circunstancias responde a la interrogante principal ¿puede el sistema judicial demostrar la participación de José Serrano en el crimen de Fernando Villavicencio? La respuesta queda en suspenso mientras se mantiene la presunción de inocencia. La justicia establecerá la responsabilidad del sindicado, políticamente se generará un cambio clave: ¿qué va a suceder cuando un hombre que conoce las estructuras políticas, judiciales institucionales del país queda frente a la justicia? La siguiente noticia en este tema surgirá a partir de las claves que rodean el caso Serrano que se resumen en dos interrogantes: qué decisión judicial imperará en los tribunales y qué narrativa política comienza a desbaratarse.



