Por L. Parrini
La literatura suele ser como el vino, se degusta, embriaga, crea adicción, la tomas o la dejas, te dejas llevar y traer por sus reminiscentes senderos o buscas el fruto de otras vendimias. A la literatura del escritor chileno Ernesto de Blasis se vuelve como al buen vino, fermentada en el talento y talante de un escritor cuya obra genera una atmósfera que roza el surrealismo cotidiano.
De Blasis (1959), nacido en la localidad de San Felipe, Chile, ha incursionado en casi todos los géneros literarios, pero es esencialmente un narrador de cuentos y relatos. Entre sus títulos publicados destacan El hombre del Cuzco y otros escritos (1994), El día de los inocentes (2000), Cambiando la piel, Crónicas censurables (2016), El mejor jugador del mundo (2024), Las brujas del Apocalipsis (2025), y otros. Obras en las que priman desde reflexiones e inflexiones personales acerca de qué es ser un escritor y si él mismo lo es, hasta el rescate de costumbres y tradiciones, intercambio con el mundo posmoderno, la relación entre la pintura y la literatura, y la develación de verdades domésticas que a manera de revelaciones emergen desde el texto escrito con indisimulada honestidad.
Opera prima
Al cerrar la última página del libro de cuentos El hombre del Cuzco y otros escritos, obra que inaugura su trayectoria literaria, nos queda el ineludible sabor de boca a una soterrada crítica al sistema social al que el autor denomina y asocia con “una máquina que hace todo lo que el hombre no puede hacer a una velocidad singular, pero que necesita de los hombres para ser encendida, apagada y que funcione”. Subyace en el libro, de manera consciente, la idea de que, si en una cultura donde no existe una relación directa con lo divino, con lo místico y la naturaleza, se cae irremediablemente en un materialismo devastador. Es la certeza de un autor convencido de que al tener el hombre moderno una relación lógica y matemática con la realidad, no tiene tiempo para cultivar el espíritu.
Suscribimos el indicativo de la solapa: “Un artesano de la palabra, que nos deleita con una sucesión de relatos que nos dejan al borde de lo real. Es de una temática sin dobleces que busca dar un sentido al cotidiano vivir. Hombres como los personajes de sus relatos no son otros que aquellos que llevamos dentro y deseamos expresar frente al monótono existir”.
Las palabras pueden ser peor que las lanzas, nos anticipa De Blasis, acaso por eso les confiere el poder de la sugestión bajo el influjo de la creación literaria, sin temor a incluir en sus cuentos alusiones a hechos sobrenaturales, inexplicables por la vía de la razón en un abierto guiño a la espiritualidad inmaterial a la que aluden sus narraciones. El asunto de sus textos transita desde lo fantástico surreal hasta la ciencia ficción con seres extraños provenientes de otros mundos. De Blasis se arriesga en temas inverosímiles, de no ser porque su pluma con pleno dominio del oficio les confiere verosimilitud y vida propia.
Y no nos debe extrañar, pese a que se ha dicho que cierta literatura profesional no se interesa en el asunto sobre el cual se escribe sino de cómo ese asunto fue escrito. Es lo que invoca la creación pura y dura. No obstante, en la literatura de De Blasis sí importa el asunto sobre el cual escribe el autor chileno por la sencilla y compleja razón de que trasunta una ética en su arte poética, valores sin los cuales escribir sería un vendaval sin rumbo.
Sin dejar de lado que el arte en sus diversas expresiones se manifiesta a plenitud y en toda su magnitud en la armónica relación entre contenido y forma. De Blasis nos brinda en copa trasparente un vino largamente estacionado, de buen cuerpo y agradable bouquet, que deja percibir los intensos taninos de su literatura y su provocadora insinuación sobre un mundo mejor. Brindemos por ello.



