Por L. Parrini
Esta semana ha tenido lugar en el ámbito cultural una ardua controversia en torno al concurso destinado a seleccionar quienes serán responsables de la construcción del Museo Nacional, MUNA. El debate que ha girado en torno a los aspectos arquitectónicos del proyecto, en términos estéticos técnicos, también se relaciona esencialmente con los fundamentos culturales, museológicos y políticos de la obra.
Isabel Díaz, de Frente Radiosa, asume el tema en entrevista a Ana Rodríguez, curadora docente e investigadora en Urban Front, y a Pablo Cardoso, investigador FLACSO experto en políticas culturales. La conversación giró en torno a diversas interrogantes que motiva el tema acerca del significado de construir un museo nacional, la relación entre Estado, cultura y ciudadanía y la disputa desatada a raíz del concurso público, siendo la pregunta básica inicial: ¿qué está en juego?
La respuesta supone nuevas interrogantes: ¿está en juego la belleza del edificio o un proyecto político y cultural de un gobierno represivo, que recorta gastos en salud, educación y cultura? ¿Cuál es el significado politico cultural de construir un museo nacional? Una primera aproximación ofrece una respuesta previa, -según Rodríguez-, la problemática de la nación, no solo se debe repensar desde la museología o el patrimonio, sino también desde la historia y la memoria, desde distintos campos disciplinares, y en ese debate nacional deben participar diversos sujetos: especialistas, arquitectos, urbanistas, historiadores, museólogos, ciudadanía y comunidades. Con una polifonía amplia “en el contexto histórico que vivimos, en la situación de abandono de las políticas culturales y patrimoniales, y en el marco del deterioro de los derechos y la democracia que se vive en el Ecuador”. Cardoso sugiere que “la cuestión central es qué historia queremos contar de nuestro país”, puesto que un museo “es mucho más que un repositorio, hoy es una institución educativa, un lugar de memoria, un espacio de convergencia social”.
Puesto que en el proyecto han intervenido instituciones como el Colegio de Arquitectos, en calidad de contratista del Ministerio de Cultura, surge la pregunta ¿cómo se eligió al jurado calificador del proyecto, con qué criterio y calificaciones? Lo primero que se evidencia es la falta de transparencia para hallar una respuesta, no existe una explicación clara de cómo se conformó el jurado. “No tenemos claros los criterios de selección de los jurados, los procedimientos, por qué unos tenían voz y voto, quienes votaron efectivamente y con qué procedimiento se legitima eso. Hay una serie de preguntas muy importantes en el marco de esta crisis que aún no han sido respondidas, ni por el Viceministerio en su momento, ni por el MUNA, ni por el Colegio de Arquitectos en detalle”, señaló Ana Rodríguez.
Isabel Díaz cuestiona cómo se vuelve un emblema de la obra del gobierno: por un lado, la cárcel del encuentro; por otro, el Museo Nacional, manifestando que eso da cuenta del tipo de gobierno y de políticas públicas que estamos construyendo: completamente desestructuradas de metas e indicadores. A lo que los entrevistados responden: “¿Cómo podemos esperar que la dimensión simbólica de ese museo —la pertinencia, la identidad, la nación, la democracia, la construcción de lo colectivo y del bien común— se vean reflejadas en el contexto de un país donde la seguridad, la crisis sanitaria, la educación y el desmantelamiento del Estado son el contexto problemático inicial. Rodríguez se cuestiona “cómo un ministerio que no tiene recursos para lo mínimo, que fue reducido a viceministerio, puede plantear un proyecto de estas dimensiones: ese museo nacional demuestra la megalomanía del poder, la monumentalidad del poder en un gobierno donde hay cero presupuestos, cero políticas culturales, cero derechos y cero transparencias en los procesos”. Cardoso complementa: “En mi criterio, es una mala imitación de lo que Bukele ha hecho: cárceles y una biblioteca nacional monumental con un estilo arquitectónico impresionante. Son cascarones, en mi criterio. Por un lado, es quedarse con lo superficial, con esos elementos monumentales que pueden inscribir el nombre del presidente y de la viceministra en la historia”. E insta a contestar “¿por qué en un momento tan delicado para el país, en el que vivimos una deriva antidemocrática, un autoritarismo marcado, una falta de respeto a la diferencia y la disidencia, y una coartación de la libertad de expresión, ¿qué tipo de historia nos quiere contar el poder a través de un museo?
Otra interrogante que surge en la entrevista es ¿cómo se hace un guion de un Museo Nacional en un país que se reconoce plurinacional, diverso e intercultural?, cuando esas condiciones no son exclusivamente técnicas; la técnica no es autónoma, también es política. Y aquello se evidencia en el hecho de que el gran motivo de la disputa en redes sociales es que eso no nos representa como ecuatorianos, esa no es la ecuatorianidad, eso no representa la identidad nacional.
En seguida, Isabel Díaz pregunta ¿qué tan democrático, plural y abierto ha sido el proyecto respecto a la construcción de un museo? Cardoso responde: “Siempre será una pregunta compleja de responder: cómo el país, la nación, enfrenta sus procesos interculturales y plurinacionales. El Estado, en los últimos años, ha reprimido los movimientos sociales y el movimiento indígena; la cuestión de la plurinacionalidad no ha sido atendida adecuadamente y no se han abierto canales para que pueda expresarse en distintos ámbitos, incluido el campo de la cultura y el arte”.
Y surge la cuestión más importante: cómo este museo va a ser un espacio de ejercicio de la democracia cultural. ¿Qué líneas habría que impulsar desde una perspectiva democrática, popular y plurinacional para que el Museo Nacional sea un proyecto inclusivo y viable en el tiempo? Ana Rodríguez responde: “Yo plantearía que las metodologías se transparenten. Es importante que haya un tercero externo al gobierno que no sea juez y parte. Es fundamental saber qué es lo nuevo que se propone, con qué transparencia y claridades se va a continuar sobre lo ya hecho y lo que viene. Además, hay que mantener el diálogo abierto”.
Otra cuestión fundamental en la reflexión es una de las críticas ciudadanas al proyecto del museo, respecto que ese posicionamiento estético es político. Cardoso sugiere que hay dos elementos que resolver, “hay que transparentar la información, y hay que tomarse el tiempo para establecer acuerdos y diálogos que permitan retomar el proyecto más adelante. Es importante que exista un diálogo con la ciudad”.
De este modo, las interrogantes suscitadas por Frente Radiosa en torno al proyecto del Museo Nacional enriquecen la reflexión frente a un proyecto de vital importancia cultural para el país.



