Por L. Parrini
El fútbol a diferencia de la política suele no tener memoria. Se pierde un partido y la memoria del jugador olvida y dice “hay que seguir trabajando”, y los hinchas dicen que “así es el futbol”. A diferencia de la política que no olvida a los perdedores y difícilmente los vuelve a elegir, a diferencia del fútbol que para la siguiente fecha seguimos creyendo y jugando con los mismos perdedores de la fecha anterior.
Y lo que resulta insólito, con la misma esperanza de siempre alimentada por quienes les interesa llenar los estadios, aumentar el rating televisivo o vender más espacios publicitarios. Entonces se produce la complicidad entre la mediocridad y el negocio, entre una inversión y la ganancia.
Se diría que, en el fútbol como espectáculo de masas, existe una realidad en los medios y otra en la cancha, merced a la complicidad de pantallas y micrófonos que, con singular narrativa o silencio cómplice, consolidan la distorsión de la realidad. A manera de ejemplo, basta constatar que frente a la vergonzosa participación de la selección ecuatoriana de fútbol en la Copa Mundial de la FIFA 2026 existe una suerte de encubrimiento de las verdaderas causas del fracaso y sus responsables. Sobre todo, en los medios informativos pautados o contratados para la transmisión del torneo. El periodista deportivo Vito Muñoz reclama que “la prensa infló demasiado a la Tri” con un relato que construyó alrededor de la actual selección ecuatoriana con una sobrevaloración de sus figuras que podría terminar jugando en contra del equipo: «Ellos han vendido el concepto de la “mejor generación de la historia”, la FEF lo que ha hecho es contratar a un mal técnico. Son ñoñas de perro porque, verdaderamente, la mayoría son perros de los jugadores”.
La excepción está en los canales digitales y comentaristas deportivos que hoy ejercen su oficio de manera independiente. El tenor de la crítica apunta a los dirigentes de la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF) y su presidente; al director técnico del seleccionado, el argentino Sebastián Beccacece, y a determinados jugadores posicionados como goleadores históricos, cuyo rendimiento en la cancha esta vez dejó evidentes dudas.
Los responsables del fracaso tienen nombre y apellido. El presidente de la FEF, Francisco Egas, directivo reelegido en marzo para un tercer mandato consecutivo al frente de la institución, se lo responsabiliza de una equivocada decisión al contratar a Beccacece, un técnico “a la medida” que dócilmente acepta imposiciones acerca de qué jugador debe integrar el seleccionado nacional, según los críticos.
¿Pero, quién es Sebastián Beccacece? El estratega de la Tri desarrolló su carrera como asistente técnico y entrenador en ligas de Sudamérica y Europa. Dirigió la selección argentina Sub-20 y fue asistente de Jorge Sampaoli en las selecciones absolutas de Chile y Argentina en 2018. Luego dirigió el club Defensa y Justicia y obtuvo el título de la Recopa Sudamericana 2021. Entrenó, además, a Elche CF, de España y Universidad de Chile.
Fue director técnico de los clubes Racing Club e Independiente, valorado por su intensidad táctica y fuertemente criticado por su fracaso en estos planteles, su carácter impulsivo y la falta de títulos importantes en su país. En su etapa internacional reciente, ha recibido cuestionamientos de la prensa y de ex jugadores debido a la falta de contundencia ofensiva.
El jugador Jefferson Montero ha dicho del técnico: “Deja de vender humo y renuncia a la Tri. Ten un poco de dignidad. Le has hecho mucho daño a nuestro fútbol y a una generación que estaba llamada a ser la mejor de la historia”.
Otras voces, de comunicadores deportivos, fueron más causticas, Leo Ruete ha declarado: “Si hay alguien en el mundo que ha criticado y que le parece mediocre el trabajo de Beccacece soy yo, pero hoy el golpe también es para los jugadores. Cuando el técnico plantea mal y está perdido y te enfrentas con Curazao, también es culpa de los jugadores. Nos hemos cansado hablar de Caicedo, Pacho, Hincapié a quienes la selección le ha quedado enorme, y que no es una selección con mucha historia”.
Otros comentaristas han criticado el discurso de Beccacece, calificándolo de ridículo: “no pude meterme en el corazón de los ecuatorianos”. El no necesita meterse en el corazón de los ecuatorianos. Uno se mete en el corazón de alguien por lo que hace, por lo que trabaja, por lo que proyecta. Es un discurso falso. Beccacece no se metió en el corazón de los aficionados porque hizo todo mal, no solamente en el mundial, sino antes durante las eliminatorias donde no marcó goles y la Tri alcanzó un cupo para el Mundial 2026 gracias a su defensa y arquero.
No obstante, esos mismos jugadores mostraron durante el torneo mundial miserias futbolísticas. ¿A qué hora nos creemos que somos una potencia futbolística con una generación dorada?
Hay que determinar responsables. Primero, la FEF y su presidente que dijo “vamos a dar un salto de calidad”, y habló de una “generación dorada” y si pensaba que estábamos ante una generación dorada del futbol ecuatoriano, nunca la acompañó con un técnico acorde a esa condición. Beccacece no tiene la pasta, ni calidad, ni la personalidad para manejar a una selección idealizada de tal manera. No hay un técnico a la altura de nuestras necesidades futbolísticas, nunca dimos ese embustero salto de calidad. Porque se tiene un técnico que no pone jugadores que jueguen donde tienen que jugar. Un técnico que reconoce que no entró en el corazón del país, pero si entró en el bolsillo para percibir un sueldo millonario.
Ya Beccacece aceptó que la gente no lo quiere, que nunca se ganó a los hinchas, que su forma de jugar nunca agradó, que está acabado.
Renuncie señor, su relación con la FEF está terminada, ya le han dado un ultimatum -hasta su familia se peleó a gritos con los aficionados en el estadio-, deje el cargo para que su nombre no se vaya tan mancillado, y al menos pueda irse por la puerta de atrás, haga lo digno y no se complique, renuncie.
Que la selección ecuatoriana juegue ante Alemania sin entrenador, no le hace falta porque nunca lo tuvo. Ecuador no tiene ninguna posibilidad de ganar a Alemania, acaso sacará un empate a cero goles y un punto que no sirve de nada. Jugará solo para cumplir una programación, pero por sobre todo que, al menos, que lo haga por honor nacional.
El fútbol no tiene memoria. Los jugadores que han fracasado en la selección se van a ir fuera del país a seguir con sus carreras. Pacho, del Paris Saint Germain, el Moisés del Chelsea FC, el Piero del Arsenal, el Gonzalo Plata del Regatas do Flamengo, el Enner de CF Pachuca; todos ellos volverán a sus clubes, pero antes deben salir a pedir disculpas al país. ¿O se olvidarán de los miles de ecuatorianos que se endeudaron, vendieron bienes e hipotecaron hasta el alma para viajar y comprar un boleto de entrada a los estadios?
Si bien el fútbol no tiene memoria, al menos que frente a la eliminación tengamos el valor de identificar a los responsables. No sea cosa que se cumpla lo que pensaba Jorge Luis Borges, quien sentenciaba que «el fútbol es popular porque la estupidez es popular». El escritor argentino despreciaba este deporte, al que calificaba como un invento inglés, «estéticamente feo», y un negocio «innoble, agresivo, desagradable y meramente comercial». Nunca nadie caracterizó a un evento deportivo con mayor rigor. El fracaso deportivo sin nombre, al menos tiene apellidos.



