Por L. Parrini
La esperanza suele ser ese sentimiento colectivo o individual que nos predispone a esperar tiempos mejores. Un estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea.
No obstante, nunca sabremos qué genera más esperanza en un país, si la política o el deporte. Algunos dicen que la política influye en los deportes porque predispone a buenas o malas decisiones que se toman en el campo de juego, que son el reflejo de similares decisiones que se adoptan en política, atribuyendo a la adversidad los malos resultados.
Lo cierto es que la política influye en el deporte como una herramienta de poder, identidad y diplomacia. Los gobiernos moldean el deporte mediante la financiación pública y la legislación, mientras que los eventos internacionales sirven como plataformas para la propaganda nacional o escenarios de protesta y cambio social.
No por casualidad se dice que un país con crisis política, refleja la situación en los resultados deportivos. Ecuador parece no ser la excepción. La política sin expectativas de cambio, plagada de incertidumbre, decadencia moral y falta de objetivos nacionales repercute en el rendimiento deportivo, porque al calor de la crisis todo se vuelve incierto y se toman malas decisiones, se genera un exceso de optimismo o una decadente desconfianza que al final se refleja en resultados en los escenarios deportivos. En cambio, los triunfos generan un sentimiento de orgullo colectivo que une a las sociedades más allá de sus diferencias. No obstante que el deporte puede ser una fuerza unificadora en favor de la inclusión y de sociedades más equitativas, así como una poderosa plataforma de diálogo para combatir los prejuicios e inspirar cambios positivos en todo el mundo, históricamente, gobiernos y dictaduras han explotado los éxitos deportivos para desviar la atención de problemas internos y fomentar el nacionalismo.
En el peor escenario, la corrupción inherente a la política se transfiere a la gestión deportiva. Prueba de ello fue el bullado caso de corrupción en la Federación Ecuatoriana de Fútbol que llevó a su presidente a cumplir varios años de cárcel, acusado de actos ilegales. En un tono menor, malas decisiones administrativas en la gestión deportiva se asemejan con mucho a las malas decisiones adoptadas en el sector público. Contratación de profesionales que no justifican sus sueldos con resultados positivos, tráfico de influencias e insolvencia técnica de los cuadros directivos contratados. No es casual que periodistas especializados en fútbol consideren que el actual director técnico del seleccionado tricolor no está a la altura de las solventes individualidades que muestra el equipo, y que sus decisiones fueron erradas en el debut mundialista de la tricolor. Todo aquello ayudó a truncar la esperanza popular.
La esperanza deportiva es la expectativa, ilusión y confianza de un atleta o equipo de alcanzar una meta, superar una adversidad o ganar una competencia. Es una emoción positiva clave que impulsa la perseverancia, el rendimiento y une a la comunidad. En el ámbito físico y mental, se manifiesta a través de motivación intrínseca: la fuerza interna que empuja a entrenar duro esperando una recompensa a futuro. Resiliencia: la capacidad de mantener la fe en la victoria o en la mejora personal incluso tras una derrota o una lesión grave. Conexión comunitaria: la ilusión colectiva que genera un equipo o un atleta en sus seguidores, creando identidad y sentido de pertenencia. Frente a la cual la hinchada ecuatoriana no debe renunciar.
La esperanza no pertenece a nadie en particular. Si la esperanza no es tuya no puedes renunciar a ella. “La esperanza es el único sentimiento que no es realmente nuestro, pertenece a la vida”, no al individuo que cree sentirlo, dejó escrito Cortázar en su libro Rayuela. La esperanza como fuerza biológica, como resistencia de la vida contra la muerte, es también una justificación filosófica de porqué frente al compromiso con lo que consideramos nuestro, no se puede mirar para otro lado, ni en política ni en el campo deportivo.
¿Qué esperar entonces de la esperanza? Que el compromiso en la vida no es una opción entre otras. Que bajo el influjo de la esperanza el ser humano puede hacer cualquier cosa, cuando se lo propone. Enhorabuena.



