Por L. Parrini
La muestra plástica Wak’a Kuna del pintor Enriquestuardo Álvarez que se exhibe en el Centro Cultural Metropolitano de Quito, adquiere singular significancia en la elucidación que permite la conferencia dictada por el historiador Humberto Montero acerca de la obra del artista.
De la voz quechua Wak’a, onomatopeya que evoca el llanto de una guagua al nacer, confiere el nombre a la muestra de Enriquestuardo quien, a través de un proceso de creación artística eleva a condición de deidad rostros, gestos y vestigios precolombinos de las culturas ancestrales ecuatorianas. Wak’a Kuna, por tanto, viene a ser los lugares sagrados del hombre de la tierra.
La disertación de Montero amplió la lectura de la exposición de Enriquestuardo al público, tendiendo puentes entre memoria, patrimonio, territorio e imaginación, a través de una invitación a reflexionar sobre la vigencia de los poderes ancestrales y sobre las diversas formas con que estos continúan gravitando en nuestras prácticas culturales y sus formas de representación.
Montero aproximó el concepto Wak’a Kuna a un proceso de catasterismo en la obra pictórica en cuestión, que es la transformación mitológica de un dios, héroe, animal u objeto en una estrella o constelación. En su origen, Wak’a hace alusión a la sacralidad de los espacios ancestrales. Una vez castellanizada, la palabra huaca simboliza la riqueza del oro patrimonial en el imaginario popular contemporáneo.

La muestra
Ya en la muestra de la obra de Enriquestuardo quedan significados en la tela estos procesos de simbolización. El legado de Wak’a Kuna reconocidas como huacas en el imaginario local son tesoros que enriquecen a quienes los encuentran. Tesoros guardados a fuego vivo bajo la tierra, como tumbas ancestrales donde enterraban a los antepasados con sus pertenencias.

En las tradiciones ancestrales los cuerpos eran modificados de manera temporal o definitiva, principalmente el cráneo, y con tatuajes en el resto del cuerpo como la forma más frecuente de modificación de las culturas prehispánicas. Sus sellos son una fuente de inspiración recurrente en la pintura de Enriquestuardo que se entrecruzan con las raíces de los árboles y marcan las pieles de los seres que las habitan, siendo conexiones sagradas a través de los tiempos.

En un proceso histórico los Wak’a Kuna son sitios sagrados que contienen sabiduría ancestral que fueron fuertemente violentados por la imposición colonial. Saqueo de tumbas y profanación de sitios sagrados no solo constituye un robo material sino además la expoliación cultural e identitaria que hasta el presente se perpetúa.
Wak’a Kuna es una muestra artística que conecta al espectador con el cosmos, más allá del tiempo y del espacio, en un encuentro con una sabiduría milenaria.



