Por L. Parrini
En tiempos en que la prepotencia imperialista norteamericana con supina insolencia amenaza con una agresión militar a Cuba, atribuyéndose el derecho a decidir sobre la vida o la muerte de su pueblo, la isla de la dignidad sobrevive no por milagro ni por obstinación romántica, sino por inteligencia política y revolucionaria que ha sabido revertir la desventaja en sobrevivencia histórica.
La clásica metáfora de David contra Goliat no es puro simbolismo fruto de una retórica vacía, sino una verdad histórica verificable en Cuba, cargada de sentido. Esta dialéctica histórica convertida en didáctica popular, enseña que la insuficiencia material es dable transformarla en circunstancia creadora cuando la lucha es entre fuerzas asimétricas.
Allí donde la arrogancia imperialista ruge su desprecio geopolítico, amparado en su arca financiera del exterminio, en su parafernalia mediática del embuste y en su maquinaria militar de muerte, Cuba resiste movilizada, resiliente, alerta y consecuente con valores que enarbolan la paz, la solidaridad y la libre determinación de los pueblos del mundo.
Esta virtud colectiva del pueblo cubano convierte el peligro en ética, la amenaza en aprendizaje y la lucha en el blasón donde la nación de Cuba representa su identidad como sujeto histórico. En esa lucha los revolucionarios cubanos escriben cotidianamente un nuevo capítulo en la consciencia de su gente, con cabal conocimiento de que enfrentan a una bestia investida de presidente imperial. Trump no es un simple canalla, es la personificación del mal, la imposición de la fuerza por la fuerza, no de la razón sino de las armas. Pero un contradictor armado de contradicciones, genética y políticamente con la violencia entronizada en el ADN de su nefasto poderío.
El bloqueo no es simple amenaza, es realidad tangible que apunta al exterminio por hambre material y simbólico. Que persigue doblegar al pueblo cubano por insuficiencia económica. Por negación política y pérdida de sentido histórico. No es una disputa bilateral ni un recurso diplomático, es la ideología del odio que no perdona. Su lógica es más que exterminio a un pueblo, es escarmiento para todos los pueblos. La dinámica del bloqueo no es política, sino criminal, que busca imponer el sufrimiento colectivo y la atrocidad como ley. El bloqueo es la negación de todo principio civilizado, derecho humano y convivencia pacífica. El bloqueo niega la vida negando medicinas, alimentos, recursos económicos, tecnología y convivencia normal. No castiga a un gobierno, sino a todo un pueblo. El bloqueo es un crimen de lesa humanidad.
Cuba seguirá siendo imperdonable para el imperialismo y su resistencia intolerable. Por la rebeldía inclaudicable de su pueblo, por su valerosa vocación de soberanía y la confirmación de que la justicia en Cuba deja de ser una utopía para ser un orden de valores verificables. La agresión imperial en Cuba es más que una negación de verdades comprobables en la isla, es una amenaza contra la idea misma de liberación que entraña la Revolución en sus rudimentos históricos. Proceso en el cual la Revolución Cubana llenó de significado a términos otrora manidos como solidaridad, derechos humanos, democracia y poder popular.
Trump pretende presentar a un pueblo pacífico como agresor. La verdadera amenaza para el imperio es que la verdad no le pertenece ni le atañe a su grosera narrativa. Ni la mentira le alcanza como justificativo a su miserable agresión contra Cuba. No en vano el imperialismo presiona, bloquea y agrede, incapaz de comprender en su geopolitica las diferencias, las conductas disidentes, la negativa a aceptar sus designios que el pueblo cubano, aun bajo asedio, no está dispuesto a cumplir.
Es la hora de la denuncia, es la hora de la movilización solidaria con el pueblo cubano. Es la hora de la cruzada por el humanismo, no como mera consigna, sino como la fuerza de la razón que enfrenta al exterminador imperial por la defensa de un pueblo de paz que solo aspira la convivencia digna con todos los pueblos de mundo.
Es la hora de levantar la voz contra toda agresión, contra todo peligro, contra todo mal designio político que amenace la sobrevivencia histórica del pueblo cubano y su Revolución.



