Por L.Parrini
Una estrofa del himno nacional chileno dice: Chile, es la copia feliz del Edén. Algo así como la fotocopia digital del paraíso en tiempos de la IA. Y una cueca chilena canta Chile, Chile lindo, lindo como un sol. Idealización desmentida en un artículo del periodista Sergio Arancibia, publicado en el sitio web de diario El Clarín. El texto, aunque frío y desapasionado, titulado La población que no tiene quién le hable, hace referencia “a tres estudios recientes que dan cuenta de la dramática situación social que impera en Chile de hoy”.
El informe de World Inequality Report, WIR, señala que en Chile el 10% más pudiente de la población se apropia del 59,5% del ingreso generado en el país. En tanto, el promedio mundial de ese indicador es del 56,3%, en América Latina es del 58,8% y en África del 54,1%. En otras palabras, el promedio chileno de distribución del ingreso es peor que el promedio mundial, latinoamericano y africano.
Un estudio de la Universidad de Chile, realizado por la académica Clariza Hardy, muestra que la suma de gente que “vive en la pobreza (…) que ganan menos de tres veces la línea de pobreza -que está en 234. 245 pesos por persona- (…) representa el 72% de la población total del país. En tanto, un sector pudiente de la población que representa el 3,4%, gana más de 10 veces la línea de pobreza, es decir, más de dos millones 342 mil pesos mensuales por persona.
El tercer estudio es un trabajo de UNICEF que establece que comparado con 40 países, “Chile está en el puesto 37 en materia de felicidad de los niños, niñas y adolescentes”. En Chile existen cuatro millones 493.935 menores de 19 años que “no son felices” y, por tanto, “no destacan en actividades físicas, ni en bienestar mental, ni en dominio de habilidades, ni en rendimiento académico”.
El país comparado con el Edén tiene una alta concentración del ingreso, una mayoría de la población empobrecida y una infancia sin futuro.
El país más inequitatvo del mundo -como se calificó alguna vez a Chile-, exhibe un mapa con escuelas para ricos y otras para pobres y el que nace pobre seguirá siéndolo aunque sea muy inteligente y el que nace rico lo será siempre aunque sea tonto.
El periodista de El Clarín se formula diversas preguntas, resumidas en una sola:¿Qué horizontes se abren en Chile para los menos favorecidos, qué convocatoria los lleva a movilizarse y a exigir sus derechos? La respuesta no forma parte de la preocupación de los altos círculos políticos”. El país de la estrella solitaria permanece tan solitario como el símbolo de su bandera nacional, la población no tiene quién le hable.
Los chilenos en otras estrofas del Himno Nacional cantan que Chile o la tumba será de los libres o el asilo contra la opresión, mientras ven flamear su bandera tricolor en la cima inalcanzable de la esperanza, tan distante del Edén.
Foto El Clarín



