Por L. Parrini
Cuando un artista se dispone a indagar lo que él sugiere son conexiones astrales, es de suponer que hace un guiño a la trascendencia humana, ese estado inasible que sitúa a los seres humanos entre lo inmediato y lo imperecedero. Allí donde advienen cosmovisiones ancestrales que el pintor Enriquestuardo Álvarez registra en su obra Wak’a kunas: conexiones cósmicas, en la que explora las ataduras entre territorio, memoria, espiritualidad y universo, logrando un todo donde se conjugan sabiduría milenaria y experiencias coetáneas.
Decíamos que se adentra en universos inéditos, imaginados e imaginarios en los que los seres que concurren a las vicisitudes de la vida y de la muerte adquieren diversa forma de estar en el mundo, a través de la pintura de Enriquestuardo, obra que les da nuevas dimensiones y hace pervivir como energía en cielos y constelaciones ignotas.

El artista
Originario de Salcedo, Enriquestuardo ha recorrido una trayectoria donde arte y memoria se conjugan en una propuesta estética que rescata los saberes milenarios. Es Arquitecto y maestro en Artes Visuales por la Universidad Autónoma de México. Su obra con la que ha expuesto sus cuadros en museos, bienales y ciudades del mundo, se ha hecho acreedora a diversos reconocimientos. Obra simbólica la suya, evoca dialectos atávicos en la semiótica de un lenguaje plástico actual.
El artista ha manifestado acerca de su trabajo reciente: “Las generaciones acumulan pensamientos, memorias y saberes que permanecen en nosotros. Somos parte de miles de años de historia que habitan en nuestros genes, y esta muestra busca reflejarlo, recordándonos también la importancia de construir nuestra propia memoria colectiva”.

La obra
Pintura que nos retrotrae a culturas milenarias, Jama-Coaque, La Tolita, Manteño-Huancavilca, Napo y Nazca, en la representación de sus elementos culturales constitutivos, conchas y petroglifos, vestigios antiguos que recobran nueva vida en la tela del pintor, más allá de la memoria y redimen la cultura indígena, sus fiestas y ceremonias, su sabiduría antiquísima, su sincretismo.
Una obra, no obstante ser simbólica, construye y destruye mitos. El artista, a través de ella, no soslaya la búsqueda y preguntas tantas veces sin respuestas, no por carencia de saberes y sentidos, donde indaga sabidurías pretéritas para réplicas futuras. Obra que elude deliberadamente el ornamento, el atavío que contradice el arte y traiciona el testimonio vital del artista.
La exposición
La muestra, inaugurada este 21 de mayo en el Centro Cultural Metropolitano de Quito, Wak’a kunas: conexiones cósmicas, cuenta con la curaduría de María Fernanda Ugalde y convoca a un trayecto por el universo andino, cuyo cigüeñal es Wak’a, espacio hierático de la cultura y cosmovisión ancestrales.
Tras la presentación de la obra una promesa insoslayable: Esta exposición es una experiencia emocional y espiritual que nos invita al espectador a contemplar el vínculo entre la vida, la muerte y la permanencia. A recordar que, quizás, todos estamos hechos de la misma materia que las estrellas.



