Por Álvaro Sáenz Andrade*
Para tratar de entender lo que ahora está pasando en Ecuador es necesario conocer y develar los intereses y modus operandi que están detrás del gobierno de Daniel Noboa. Este es un análisis basado en la observación de lo que ocurre en la realidad que se trasluce de la información de medios de comunicación formales e informales y del vox pópuli nacional. Se pueden establecer 4 columnas de poder y acción, presentes y recurrentes monopólico y concentrador columnas de sustento del gobierno de Noboa: 1. Un grupo económico 3. Persecución violenta de 2. Control del Estado sin reglas 4. Comunicación controlada opositores (intromisión en opinión pública)
Columna 1. Un grupo económico monopólico y concentrador, que entra en los negocios más rentables desde el banano hasta el narcotráfico pasando por el turismo y la minería. La familia Noboa incursiona en el negocio bananero en base a dos maniobras. Primero la competencia desleal con otros grandes productores y exportadores de banano como Folke Anderson, que le lleva al monopolio del negocio de la fruta controlando toda la cadena de producción y comercialización: empaque con la cartonera, embarque con los puertos y, transporte con la flota bananera. La segunda maniobra para construir la riqueza bananera es la explotación de los trabajadores agrícolas con la apropiación de familias enteras dentro de sus haciendas. Destaca la sobreexplotación del trabajo infantil que fuera un pésimo ejemplo de utilización de la infancia en décadas pasadas, muy mencionado entre los protectores de derechos de la niñez. Este monopolio de la ruta del banano llevó a la familia del presidente a incursionar en otros campos, ideal para contaminar los contenedores de banano con contrabando de otros productos como la cocaína. Incursiona también en otros negocios rentables como el turismo, la producción de energía termoeléctrica y la gran minería. En estas condiciones el grupo Noboa siempre quiso influir y controlar gobiernos, jugándose también la propia carta de intentar ganar la Presidencia de la República con Álvaro Noboa Pontón, para luego imponer, varios años más tarde, a Daniel Noboa Azín.
Columna 2. Un control sin reglas de las instituciones y empresas públicas, que son utilizadas para sus intereses, para perseguir posibles enemigos y que en el futuro serán privatizadas. Controlar el Estado en todos y cada uno de sus poderes y todas y cada una de sus instituciones y empresas se lo ha hecho mediante la manipulación de las formas de nombramiento de autoridades y hacer caso omiso de la normativa que los regula, desde la Constitución hasta leyes, decretos y reglamentos. Se trata de un uso y administración a conveniencia coyuntural desde la total ignorancia jurídica. Son notorias las arbitrariedades desde la propia presidencia, desde la Asamblea Nacional, del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, del Consejo Nacional Electoral, del Tribunal Contencioso Electoral, del Consejo de la Judicatura y de la fiscalía general del Estado. Destaca notoriamente la utilización de las Fuerzas Armadas y de la Policía para la represión a grupos sociales y opositores. Respecto de las empresas públicas, de petróleo y de energía, es notoria la ineficiencia provocada con miras a su futura privatización. No hay plan de desarrollo ni políticas públicas difundidas, lo poco que existe es una copia de las propuestas del Fondo Monetario Internacional y un remedo de los exabruptos de Donald Trump.
Columna 3. Una persecución implacable y violenta a grupos sociales y opositores, reales o forjados. No es secreto el maltrato y asesinato de los niños de Las Malvinas, la represión y muertes en las protestas de septiembre de 2025 y las detenciones ilegales de alcaldes y dirigentes sociales y de ONGs, además del congelamiento de sus cuentas bancarias, todo en base a falsas acusaciones de cometimiento de delitos (y delitos forjados como terrorismo). Es notoria la persecución a organizaciones políticas para sacarse de encima rivales electorales con una encadenada acción perversa da las instituciones electorales, judiciales y policiales.
Columna 4. Una comunicación totalmente controlada que reproduce el relato neoliberal y utiliza la mentira y corromper periodistas como herramientas cotidianas. La comunicación oficial está al día con la nueva modernidad, con el uso malicioso de fake news y apoyado en la teoría de la posverdad. Según el gobierno los pobres son peligrosos y violentos, los campesinos son mineros ilegales y guerrilleros, los que protestan son terroristas, las autoridades locales son corruptos, y, todo crítico es comunista o correista. Las acciones y operativos de la Policía y Fuerzas Armadas son presentados como un éxito rotundo, aunque hayan afectado gravemente a personas y propiedades. Todo ello es “informado” y aplaudido por los voceros y los medios de comunicación convencionales y periodistas comprados. También por un ejército de comentaristas cooptados en redes sociales. Los bonos y la caridad, como buenos conservadores, son presentados como solución a la pobreza sin acercarse siquiera a enfrentar las causas estructurales de la misma. Han asomado ahora con cadenas financieras y pirámides de dinero para ilusionar con enriquecimientos inmediatos, como la lotería. La comunicación es una manipulación dominante con mucho dinero de por medio dirigida a sostener un gobierno vacío y una autoridad sin legitimidad. Es un globo que desinfla tras una lectura crítica de lo emitido, contrastándolo con la realidad. Las 4 columnas se refuerzan entre sí, todo en favor de los intereses económicos familiares. El aparato del Estado y la comunicación apuntalan estos intereses, los opositores pagan los platos rotos. A este paso, el progresismo, los sectores populares y la clase media somos, según Noboa, el enemigo al que se le ha declarado la guerra interna.
*Álvaro Sáenz Andrade, Sociólogo y docente de la Universidad Andina Simón Bolívar, ex Secretario Nacional del Consejo Nacional de la Niñez y Adolescencia (CNNA) y ex Viceministro de Educación.



