Por L.Parrini
Se habla de la lectura como un “derecho humano”, y pareciera acertado atribuir al acto de leer una prerrogativa inalienable del hombre y de la mujer. No obstante, no deja de ser un eufemismo en un país carente de políticas culturales y ahora, con reducción presupuestaria de los Gobiernos Autónomos Descentralizados, GADs, mediante una reforma a la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial, Cootad, recientemente aprobada en la Asamblea Nacional por iniciativa oficial del Gobierno Central. La reforma obliga a los municipios a suspender todo tipo de actividades, programas y planes seccionales por falta de recursos debido a la reducción presupuestaria que plantea la mencionada reforma legal.
La decisión afecta directamente a las actividades culturales programadas y, de manera específica, a la Feria Internacional del Libro de Quito (FILQ), programada para junio del 2026 y que ahora quedaría suspendida de manera indefinida por falta de financiamiento.
Escritores invitados, entre ellos, el colombiano Daniel Ángel, manifestaron que la medida responde directamente a los cambios introducidos en la normativa: “El gobierno nacional ecuatoriano desfinanció la feria y no hay modo de sacarla adelante», señaló Ángel.
La reforma al Cootad, vigente desde el mes de febrero, redefine los criterios de inversión de los Gobiernos Autónomos Descentralizados (GADs). Entre los cuales señala la exclusión de la gestión artística y cultural como categoría de inversión pública, lo que limita la asignación de recursos para actividades culturales.
El impacto de la normativa enfatiza la eliminación de dos partidas presupuestarias fundamentales: la 71, destinada a gastos de personal de inversión, y la 78, correspondiente a transferencias para inversión. La supresión de la primera limita la contratación de personal que sostiene servicios culturales y sociales, mientras que la segunda impide transferir recursos a entidades y organizaciones que ejecutan proyectos en territorio. En la práctica, estos cambios reducen de forma significativa la capacidad de los municipios para financiar eventos culturales de gran escala como la Feria del Libro.
Desde el sector cultural ecuatoriano se ha señalado que la medida supone “no solo un impacto en el ámbito cultural, sino también en la libertad de pensamiento”.
La FILQ es un espacio de expresión cultural literaria que tiene una tradición de más de dos décadas, ininterrumpidas, como un evento de libre manifestación en tanto creación intelectual del Ecuador. Además de constituir un renglón económico importante para las industrias culturales y editoriales del país. Un golpe directo a la industria editorial, ya debilitada, y una restricción a los espacios de circulación de ideas.
La reforma al Cootad se inserta, junto a la ausencia de políticas culturales desde las esferas oficiales, como una manifestación de desprecio y subestimación a la creatividad, emprendimiento privado y desarrollo económico del país. Expresión de miopía intelectual de un régimen que prioriza el gasto militar y policial en una guerra incierta, por sobre las expresiones de la cultura que fomentan la paz y el armónico entendimiento entre los ecuatorianos. Lo que se considera desde el sector cultural como “una tendencia de gobiernos a restringir expresiones culturales divergentes”, propio de un escenario regional adverso para la cultura. El nuevo marco legal, al considerar que redefine qué se entiende por inversión pública deja fuera sectores claves para el desarrollo social y urbano, como la cultura, derecho básico de una nación.
Reacción cultural
La situación provoca la reacción de sectores culturales que se sienten afectados, en un remitido sobre la Cancelación de la Feria del libro de Quito, se sostiene: “La viceministra de Cultura del gobierno de Noboa, con un cinismo campante, dice que es culpa del Municipio, pese a que su gobierno y partido emitieron una ley nefasta que boicotea toda inversión importante en eventos culturales, sociales, educativos, etc. (…) Lo de la Feria del Libro se enmarca en un proyecto civilizatorio más amplio, a saber, el de la destrucción de los lazos sociales más básicos para así edificar una sociedad de individuos aislados, solipsistas y angustiados que entreguen voluntariamente todos sus recursos materiales a los empresarios (los héroes de la humanidad posmoderna) para procurarse la supervivencia individual. Lo están logrando lastimosamente”.
Bajo la presión cultural, el sector oficial hace circular un remitido en redes sociales donde señala: “El Gobierno Nacional, a través del Ministerio de Educación, Deporte y Cultura, en articulación con la Cámara Ecuatoriana del Libro y la Biblioteca Nacional del Ecuador “Eugenio Espejo” llevarán a cabo la Feria Internacional el Libro de Quito (…) Con esta acción, el Gobierno Nacional reafirma su compromiso de fortalecer la lectura como un derecho fundamental para todos los ecuatorianos”.
Al final del día, hablar de derechos humanos relacionados con la lectura, suena a una cruel ironía en un país cuyo territorio cultural prevalece sin derecho a tener derechos.



