Por L. Parrini
Una de las grandes verdades en la guerra, es que la verdad es lo primero que muere en una guerra. Y el arma que la extermina es la propaganda oficial, cuando los hechos contradicen las declaraciones y la verdad de las afirmaciones es contrastada contra objetivos para verificar su cumplimiento en la práctica.
En la actual conflagración que enfrenta al Estado israelí, con apoyo bélico norteamericano, contra la República Islámica de Irán, la muerte de la verdad no es la excepción. Un conflicto cuyos resultados deben ser evaluados en contraste con los propósitos que inspiraron el ataque de la coalición imperial sionista del 16 de marzo, que acabó con la vida del líder iraní, ayatolá Ali Jomenei, y 160 niñas de un colegio primario bombardeado por aviones estadounidenses.
Según declaraciones de los gobiernos norteamericano e israelí, el propósito del ataque fue originalmente acabar con la infraestructura nuclear iraní e impedir que Irán continúe enriqueciendo uranio necesario para la fabricación de una bomba atómica. Objetivo que pasa colateralmente por el derrocamiento del régimen islámico de Irán a manos de su propio pueblo descontento. Ninguna de las dos situaciones ocurrió. Irán mantiene una capacidad militar ofensiva en sus arsenales de misiles y drones, según fuentes informadas conserva más de 440 kilogramos de uranio enriquecido en bodegas subterráneas y el régimen permanece intacto con un nuevo sucesor del líder asesinado.
En respuesta a las operaciones bélicas de los ataques norteamericanos israelíes a territorio iraní, Irán ha infringido severo daño a infraestructura en territorio israelí a objetivos militares y civiles, y ha sostenido frecuentes ataques destructivos a bases militares norteamericanas en todo en Oriente Medio.
Y lo que está dando un giro a la conflagración: Irán mantiene control sobre el estrecho de Ormuz, impidiendo el paso de buques petroleros con el 20% de la producción y demanda global de crudo y fertilizantes hacia occidente y oriente.
Este panorama, en los hechos, es resultado de décadas de preparación iraní para enfrentar un conflictivo considerado inevitable. Irán se preparó para esta guerra desarrollando una capacidad ofensiva con misiles, drones y armamento convencional en manos de un contingente militar compuesto de milicias regulares, guardia revolucionaria islámica y combatientes proxies, o aliados en su entorno. Hezbolá en Líbano, Hamas y la Yihad Islámica en Palestina y otras organizaciones político militares en Siria, Irak y Yemen que conforman un “eje de resistencia” en apoyo a Irán.
Estrategia iraní
Fuentes diplomáticas iraníes en Ecuador han confirmado que la estrategia definida por Irán en el conflicto es de desgaste a sus enemigos.
Trump actúa por el instinto y decisiones improvisadas como anunciar una victoria rápida de cuatro o cinco semanas y declarar que EE.UU “está ganando la guerra”, cuando los porfiados hechos dicen lo contrario al revisar los objetivos que no se han cumplido en un conflicto que no está bajo control unilateral ni tiene solucionares rápidas.
El cierre del Estrecho de Ormuz, por donde pasa la quinta parte del petroleo mundial, además de fertilizantes y otros productos del comercio internacional, ha provocado una crisis económica de alcance planetario, con impacto inmediato en los Estados Unidos donde la gasolina ha subido por el alza del precio del petroleo a 120 dolares.
Un intento norteamericano de romper el bloqueo marítimo del estrecho se enfrenta a una escalada de la guerra que se avizora prolongada, al menos hasta septiembre, según fuentes aliadas. Intervenir con fuerzas terrestres invadiendo territotio iraní, es una operación militar de alto riesgo que pone en peligro la vida de miles de soldados norteamericanos bajo fuego de drones y misiles iraníes. El estrecho de Ormuz está cerrado solo para barcos enemigos de Irán, y en caso de concretarse las amenazas norteamericanas de atacar centrales eléctricas de Irán para obligarlo a abrir el estrecho, el régimen islámico anunció medidas drásticas, como atacar a todas las centrales eléctricas israelíes y la destrucción de todas las empresas similares en la región que tengan accionistas estadounidenses. Estados Unidos no logró convocar a los países europeos a enviar buques, aviones y tropas para abrir el estrecho, luego de lo cual Trump declaró: «Cobardes, lo recordaremos».
Todo está previsto para provocar la destrucción completa de los intereses económicos de los Estados Unidos en la región, con ingentes pérdidas humanas. Frente al temor de bajas estadounidenses, en el frente interno, Trump también tiene amenazas: las encuestas indican que la guerra es impopular en los Estados Unidos, más del 50% de la población la reprueba y solo un 40% aprueba la gestión política de Trump.
La guerra desde campo militar se traslada al ámbito económico, con mercados financieros norteamericanos que continúan en caída y con la evaporación de 1,1 billones de dólares del valor del mercado bursátil estadounidense.
Todo hace prever que Irán será quien imponga las condiciones de paz, mientras sus líderes buscan prolongar el conflicto el mayor tiempo posible para desestimular a otros mandatarios norteamericanos de intervenir en nuevas confrontaciones.
Irán no requiere lograr grandes victorias militares, solo debe infligir daños periódicos para mantener en alerta a los socios regionales, los mercados y la opinión pública de Estados Unidos. El objetivo estratégico de Irán es imponer altos costos a los Estados Unidos y a los países del Golfo para empujar al imperialismo norteamericano y al sionismo israelí a un alto al fuego y a limitar futuras acciones de Israel. Una estrategia que busca obligar a la alianza occidental a elegir entre los intereses de seguridad israelí y la estabilidad de los mercados globales.
Una realidad tal vez menos espectacular que las declaraciones norteamericanas, pero que prevalece armónica con la verdad en la guerra.



