Por L. Parrini
Ha muerto el sociólogo Jürgen Habermas a los 96 años, uno de los filósofos más influyentes del mundo en la actualidad. Habermas, marcado como tantos de su generación por su infancia y juventud bajo el nazismo, fue un intelectual público en una era de descrédito de los intelectuales, un europeísta pesimista en sus últimos días sobre el proyecto europeo.
A lo largo de su carrera, Habermas fue el miembro más eminente de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt y uno de los exponentes de la Teoría crítica, su trabajo está orientado a poner los fundamentos de la teoría social con los que busca analizar las sociedades del capitalismo avanzado. Entre sus aportes más destacados se encuentran la construcción de la teoría de la acción comunicativa, la ética del discurso y la teoría de la democracia deliberativa. Habermas nutre su pensamiento de múltiples fuentes y eso explica quizás la complejidad y a la vez la monumentalidad de su obra.
De autores como Kant, Hegel y Marx, Habermas recupera la noción de crítica como emancipación. Sus críticos coinciden en señalar que la integración de filosofía y ciencia social en una teoría crítica de la sociedad es el rasgo distintivo de la obra habermasiana. Aunque Habermas se vale del concepto filosófico de razón y lo emplea explícitamente en términos de filosofía del lenguaje, lo hace con el fin de poder desarrollar una teoría crítica de la sociedad. Habermas postula a que el posmodernismo no supera a la ilustración sino que continua la tradición y reduce la razón a una forma de dominación instrumental. La alternativa que propone Habermas consiste en reconocer los errores de la modernidad y corregirlos ampliando el uso de la razón.
Pensamiento de Habermas
En 1981 Habermas publica Teoría de la acción comunicativa, obra en la que sostiene que la razón pareciera ser un instrumento de poder y de dominación. Sin embargo, existe otra forma de racionalidad para Habermas, la racionalidad comunicativa, que no es una forma de manipulación sino de entendimiento y la comprensión mutua.
Habermas formula la ética del discurso, cuya idea central es que una norma moral es válida si todos los afectados podrían aceptarla en una discusión racional; su validez no depende de Dios, ni de una autoridad ni de la naturaleza o de la tradición, depende de la posibilidad de justificación racional en un diálogo libre, que implica igualdad entre los participantes y reconocimiento de todas las posturas morales en un debate abierto y público. En ese debate debe existir, además, la ausencia de coerción en un diálogo libre y la posibilidad de cuestionarlo todo.
No hay una verdad universal para Habermas. En el diálogo los argumentos que mejor resisten las objeciones son aquellos que pueden considerarse racionales, que se admiten por consenso y que pueden refutarse en el futuro. En la concepción de Habermas hay una verdad moral que surge en el diálogo y esa ética del discurso es la base para pensar un modelo de democracia deliberativa. Habermas entiende que el cambio social debe darse también en un ámbito simbólico, en el ámbito de la comunicación y el entendimiento entre los sujetos.
Habermas fue especialmente crítico con las redes sociales, la mercantilización de la opinión pública, la ausencia de lectores y la crisis del intelectual como guía moral de la sociedad.
Crítica a Habermas
Según el sitio web denominado Diario Socialista, la muerte de Habermas ha puesto nuevamente en el tapete de la discusión presuntos lazos de la Escuela de Frankfurt con la CIA durante la Guerra Fría. Fuentes como el reciente ensayo de Gabriel Rockhill (2025), titulado ¿Who Paid The Pipers of Western Marxism?, alegan una connivencia indirecta con la agencia de inteligencia estadounidense. El título alude al proverbio inglés He who pays the piper calls the tune (quien paga al flautista dicta la melodía), refiriéndose a que los financiadores determinan el contenido ideológico. La obra indaga en las colaboraciones culturales vía el Congreso para la Libertad Cultural (CCF, un frente de la CIA), fundaciones como Ford, Rockefeller y Carnegiey, y publicaciones en revistas como Der Monat de Melvin Lasky, para promover lo que se ha denominado como una «izquierda compatible» anticomunista. Inicialmente vinculado al movimiento estudiantil de 1968, Habermas terminó realizando críticas que serían señaladas como reaccionarias, como criticar el «radicalismo» estudiantil y acusar a líderes como Rudi Dutschke de «abrir puertas al fascismo de izquierdas».
Recientemente, Habermas defendió el «derecho de Israel a existir», mientras «condenaba» sus consecuencias: el bloqueo de Gaza, los asentamientos y el apartheid contra el pueblo palestino, llamando a una «reflexión postnacional» que «superara tabúes derivados del Holocausto». Esto generó acusaciones de «antisionismo disfrazado» desde la línea dura del sionismo alemán, mientras críticos de izquierda lo tildaron de «indiferencia moral» por priorizar los derechos de los colonos sobre los palestinos.



