Por L. Parrini
Se ha dicho que la historia se repite una vez como tragedia otra vez como farsa. En Cuba la historia se repite, día a día, con una excepción: en setenta años de revolución el socialismo se muestra agotado en sus recursos políticos, económicos y sociales. La utopía de un régimen de igualdad y justicia social parece haber cumplido un ciclo histórico y hoy, se muestra en el comienzo de su ocaso. La historia, entre tragedias y farsas, ha visto derrumbarse imperios, regímenes y gobiernos cuando dejan de tener la capacidad de reproducirse económica, política y socialmente o el momento en que las ambiciones materiales en las altas esferas del poder corrompen las mejores causas que inspiraron su existencia.
La utopía, aquella representación de una comunidad o sociedad ideal, perfecta e inexistente, utilizada como modelo de justicia, igualdad y organización social, en Cuba se ve amenaza por fuerzas externas e internas. El paradigma del hombre nuevo, consciente y solidario con grandes causas de la humanidad se desdibuja entre reminiscencias de un pasado revolucionario que muestra su agotamiento histórico. El Estado rector social y productor de bienes y servicios se muestra insuficiente en su tarea de garantizar al pueblo la energía necesaria -alimentos, agua, luz, combustibles- y no cuenta con medicamentos y libros para la Medicina y la Educación gratuitas en la isla.
¿Qué sucede en Cuba?
En la isla la economía social ha colapsado sin recursos, inversiones y comercio exterior. Las instituciones cubanas que otrora se mostraron eficaces en la organización popular, producción y distribución de bienes y servicios, generación de campañas productivas y educativas, hoy se muestran prácticamente imposibilitadas de ejercer un papel efectivo en la movilización popular.
Para unos la respuesta está en la propia incapacidad del sistema socialista de generar las condiciones de su reproducción política, económica y social, en un mundo asediado por el capitalismo. Para los líderes cubanos y la gran mayoría de su pueblo, la causa que puede conducir al ocaso de su mayor utopía es el bloqueo norteamericano contra la isla. Proceso que inició formalmente en 1961 e incluye un conjunto de sanciones económicas y comerciales destinado a presionar un cambio político.
El bloqueo restringe de manera absoluta el comercio, finanza y viajes, prohibiendo transacciones en dolares y afectando suministros de alimentos y medicinas. Se considera el embargo más largo de la historia, siendo el principal obstáculo para el desarrollo económico cubano, afectando la salud, la agricultura y el abastecimiento de productos básicos. La Asamblea General de la ONU vota en forma casi unánime -excepto EE.UU e Israel-, en contra del bloqueo que EE.UU mantiene argumentando la falta de democracia y derechos humanos en la isla.
El embargo, como lo denominan en Estados Unidos, ha tenido diversas épocas de recrudecimiento y sanciones contra Cuba y aquellos países que comercien con el régimen. El bloqueo en la actualidad constituye la mayor agresión externa contra el pueblo cubano, incluida la prohibición de subministrar petróleo, insumos o productos que tengan más de un 10% de componente estadounidense a la isla.
La situación se traduce en una severa crisis energética que mantiene a la isla sin combustible, sin energía eléctrica, sin agua, sin alimentos ni medicinas para la población, no obstante los esfuerzos por instalar paneles solares comprados a China e instalados por técnicos asiáticos para la generación de electricidad.
La amenaza de Trump
La política exterior del Pentágono hacia Cuba bajo la actual administración norteamericana ha recrudecido el bloqueo a niveles de amenaza directa contra el Estado cubano y su pueblo. Donald Trump ha manifestado en las últimas horas: “Creo que tendré el honor de tomar Cuba”. En otras palabras, ese honor implica intervención militar directa, control sobre sus instituciones, derrocamiento del régimen socialista, instauración de un gobierno provisional y redefinición de las reglas económicas y sociales en la isla.
No obstante que los gobiernos de Cuba y EE.UU venían negociando por la vía del diálogo para discutir soluciones en lo que el Estado cubano calificó de “proceso muy sensible”, para crear espacios de entendimiento y alejar una confrontación sobre bases de igualdad y respeto de los sistemas políticos de ambos Estados y reconocimiento a la soberanía, según las propias declaraciones de Miguel Diaz-Canel, Presidente de Cuba. En tanto, el gobierno norteamericano manifiesta en versión de Trump que Cuba debe llegar a un acuerdo con EE.UU porque es “una nación fallida”. Para la comunidad internacional los términos del acuerdo cubano norteamericano no están del todo claros, excepto la amenaza de Trump de aplicar aranceles a los países que proporcionen algún tipo de ayuda a Cuba.
La contundente respuesta cubana no se hizo esperar. Desde La Habana el presidente del país, Miguel Díaz-Canel manifestó que frente a la amenaza norteamericana habrá una “resistencia inexpugnable” en la isla. Afirmación que tiene fundamento y antecedentes en diversos periodos históricos cuando la isla fue amenazada con invasiones, intervenciones militares o intento de asesinato a su líderes. Huelga decir que el factor humano, la conciencia política y la voluntad de autodefensa de los pueblos es un detalle vital que el imperialismo no ha tomado en cuenta desde Vietnam, incluidos las intervenciones bélicas de los Estados Unidos en diversas partes del mundo. Cuba, esta vez, parece no ser la excepción.
La respuesta latinoamericana
La agenda del Pentágono frente a Cuba es clara en algunos elementos insoslayables: “Hay que cambiar drásticamente al régimen cubano”, ha dicho Marco Rubio, Secretario de Estado de los Estados Unidos. Para cumplir ese objetivo es necesaria una intervención militar directa. Entrar con tropas y controlar los cuerpos de seguridad como ejército, milicias, policía y brigadas populares. Acto seguido, nombrar una Junta en un Gobierno provisional en La Habana. Luego, de manera inmediata, dolarizar la economía y abrir los mercados exteriores. Sin embargo, Trump está contemplando una versión cubana de lo que hizo en Venezuela e Irán —destituir al líder—, pero esta vez sin recurrir a la fuerza militar.
En esta coyuntura la solidaridad de los pueblos latinoamericanos con el pueblo cubano no se ha mostrado contundente. Durante décadas, la izquierda y diversos regímenes progresistas de Latinoamérica han visto a Cuba como un referente ideológico. La Revolución Cubana inspiró a toda la región al reducir drásticamente el analfabetismo, ampliar la atención de salud pública y aumentar la esperanza de vida. Incluso entre los enemigos del proceso, Cuba solía ganarse un respeto a regañadientes por ser un bastión inquebrantable de la resistencia a generaciones de presidentes estadounidenses.
En la actualidad una nueva oleada de líderes de derecha en Latinoamérica no la ve como un lugar de nostalgia revolucionaria, sino de disfunción autoritaria. Y los políticos de izquierda que están al timón de los tres países más poblados de la región —Brasil, México y Colombia— han dejado que Cuba se hunda en lugar de proporcionarle envíos de combustible de emergencia y arriesgarse a provocar la ira de Trump, según análisis de The New York Times.
En los últimos tres meses, Cuba se ha sumido en el aislamiento. Con el derrocamiento de Nicolás Maduro, Venezuela, principal proveedor de crudo, dejó de vender petroleo a la isla. En febrero, Nicaragua interrumpió los ingresos sin visado para los cubanos. Este mes, Ecuador expulsó a la misión diplomática cubana de Quito. Guatemala, Honduras y Jamaica, han puesto fin a los acuerdos que pagaban a Cuba por exportar a sus médicos, una fuente principal de recursos para el gobierno del país caribeño.
Los tiempos han cambiado respecto a lo que ocurría hace década y media, cuando Cuba era motivo de un acercamiento regional impulsado por la nostalgia y los esfuerzos por consolidar la autonomía frente a Washington durante las guerras de Irak y Afganistán.
México, considerado cuna de la Revolución Cubana, único país que se negó a romper relaciones con Cuba luego del triunfo de la Revolución bajo presión norteamericana, restringe su relacion comercial con la isla. Hoy el país mexicano que mantiene dependientes vínculos comerciales con Estados Unidos, suspendió desde enero las exportaciones de petroleo al país caribeño, bajo amenaza de enfrentar aranceles a su comercio bilateral con los EE.UU. México envía medicinas y alimentos a Cuba en una labor considerada humanitaria. En tanto Brasil, amigo tradicional de Cuba, se limita a una ayuda humanitaria de alimentos básicos restringiendo las exportaciones de crudo a la isla, bajo la presión de recibir sanciones arancelarias estadounidenses.
Los cambios revolucionarios se topan con cambios reaccionarios, lo que hace más complejo intentar cambiar el mundo. ¿Cuál es el costo de una utopía? La respuesta radica en en el cambio de época que se impone a una época de cambios.



