Por L. Parrini
Siempre se ha dicho que la historia la escriben los vencedores, pero esto es relativamente cierto, puesto que no es necesario haber ganado una guerra para escribir una historiografía parcializada conforme intereses propios, silenciando o visibilizando a personajes que son afines.
Este parece ser el caso con Dolores Cacuango, líder indígena ecuatoriana, fundadora de la Federación Ecuatoriana de Indios que exigió el traspaso de la tierra a quienes la trabajan y la parcelación de las haciendas como paso previo a una Reforma Agraria. Cacuango, mujer pobre, analfabeta e indígena, fue perseguida y amedrentada, como tal ha tenido una exposición fotográfica escasamente difundida. El trabajo académico Usos sociales de la representación fotográfica de Dolores Cacuango en la construcción del imaginario social en el Ecuador del siglo XXI, cuya autoría de Paula Parrini, Magister en Comunicación, con mención en Visualidad y Diversidades, por la Universidad Andina Simón Bolívar, publicado en el Boletín de la Academia Nacional de Historia N 214 de diciembre de 2025, recoge en una extensa investigación el ejercicio de narrar otra historia y de reconocer a personajes relevantes que cambiaron el rumbo del país.
El trabajo de Paula Parrini que incluye un recorrido por cuatro archivos seleccionados, del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, el archivo histórico del Ministerio de Cultura y Patrimonio, el archivo Blomberg y el archivo Martínez Meriguet, busca responder a la pregunta ¿quién se beneficia de su ausencia en la historia oficial?, con una respuesta insoslayable: “la historia es blanca y masculina”.
A partir de estas inquietudes comienza un viaje por lo visual, confirmando que la imagen cuando irrumpe lo hace como síntoma, e implica a su vez un conocimiento construido como representación o producción de sentido de los conceptos en nuestra mente mediante el lenguaje (Stuart Hall). La investigación pone énfasis en el lenguaje de esas imágenes y su papel en la construcción de la memoria colectiva. Memoria que coloniza y canibaliza, dice el estudio de Parrini, en la construcción de los imaginarios nacionales e imágenes utilizadas social y políticamente con fines ideológicos, culturales y taxonómicos con el objetivo de catalogar y ejercer algún tipo de control sobre los grupos representados. Una práctica que, según Pierre Bourdieu, se organiza con relación a su definición social, porque la imagen fotográfica está predispuesta a asumir las funciones sociales que ordinariamente le han sido asignadas, lo cual supone una intención. Lo que lleva a una conclusión inicial a la autora de la investigación: la representación fotográfica es la producción de sentido.
Quién es Dolores Cacuango
Dolores Cacuango había nacido en San Pablo Urcu, Cayambe, en octubre de 1881, hija de indios conciertos, que habían hecho un pacto con el patrón para trabajar bajo ese régimen vitalicio de dependencia directa de la tierra. En su adolescencia abandono el lugar y se afincó en Quito para trabajar en la casa de un militar que le ayudó y enseñó español. Regresa al campo y funda en Cayambe las primeras escuelas bilingües kichwa-español. Luego de inenarrables sufrimientos de pobreza, soledad y hambre hace suyo el dolor de los demás de una vida dura y miserable. Dolores contrae matrimonio y procrea nueve hijos, de los cuales ocho mueren víctimas de la pobreza y la marginalidad. Cacuango se vincula con sectores políticos socialistas y comunistas y destaca en la organización de sectores populares y participa en eventos sindicales internacionales. Es perseguida y amedrentada, pero no se inmuta frente a las amenazas ni a los chantajes y mantiene su participación activa y combativa. La investigación de Paula Parrini confirma que la militancia de Dolores Cacuango sentaría las bases de lo que décadas más tarde, en los años noventa, sería el mayor levantamiento indígena del Ecuador. Dolores deja físicamente de existir una noche del mes de abril de 1971.

La imagen de Dolores
Paula Parrini revisa el Archivo Blomberg, dedicado a la vida y obra del fotógrafo sueco Rolf Blomberg, quien se afincó en Ecuador en 1934. En el archivo se encontraron 69 fotografías en blanco y negro entre retratos y fotos de registro de actividades de Dolores, entre las que destaca un retrato de 1969 realizado por Blomberg utilizada por la CONAIE como símbolo de lucha.
Del archivo Martínez-Meriguet, la investigación de Parrini rescata las fotografías tomadas a Cacuango por el francés Raymond Meriguet, esposo de Nela Martínez, luchadora social que trabajó con Dolores en la creación de las escuelas bilingües. De este archivo destaca una fotografía de la delegación ecuatoriana que asiste al II Congreso de Trabajadores Latinoamericanos celebrado en Cali, Colombia, en 1944. En esa imagen aparecen Dolores y Nela como las dos únicas mujeres entre un grupo masculino.
Otro archivo revisado por Parrini es del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural que cuenta con 13.000 documentos y objetos. En este archivo que incluye más de 4.200 imagenes -entre positivos y negativos-, no se encontraron fotografías de Dolores Cacuango. Esto permite reflexionar a Parrini sobre los archivos públicos cargados de poder que establece qué se incluye o se excluye dentro del aparato cultural que controla la visión.
Del Archivo Histórico del Museo Nacional del Ministerio de Cultura y Patrimonio consultado por Paula Parrini, se pudo constatar la ausencia de imágenes de Dolores Cacuango en un registro virtual en la pantalla de un computador, que simboliza la ausencia de “las fotografías que colman los vacíos en nuestras imágenes mentales del presente y del pasado”, según señala Susan Sontag.
El trabajo de investigación de Paula Parrini, publicado por la Academia Nacional de Historia, concluye en que “existen diversos usos sociales de la representación fotográfica de Dolores Cacuango realizados por múltiples actores de grupos subalternos que usan su imagen en un contexto de lucha social, manifestaciones y levantamientos”.
Existe un desinterés histórico en registrar los cuerpos de mujeres indígenas, unido al desinterés del Estado por conservar y poner en circulación estas imágenes, lo que evidencia la falta de voluntad por documentar esa parte de la historia. Se colige que la ausencia de representaciones fotográficas en los principales archivos nacionales de la imagen de Dolores Cacuango, evidencia que no está plenamente incorporada en la historia oficial y que persiste la negación de líderes indígenas que transformaron la vida de miles de personas.
La investigación confirma que el imaginario existente sobre Dolores Cacuango es confuso y difuso al ser confundida con otras líderes indígenas como Tránsito Amaguaña. La investigación también muestra que, en el imaginario mestizo mayoritario, existe un racismo tan arraigado que dificulta creer la historia de Dolores al observar su representación y escuchar su relato.
Como visión concluyente, el trabajo académico de Paula Parrini, proporciona un valioso aporte al reconocimiento de la imagen de Dolores Cacuango que, con una mayor circulación, podría contribuir a generar un imaginario de heroína nacional, inscrito en un nuevo relato que narre una historia-otra.



