Por L. Parrini
Un nuevo redil estratégico pretende organizar Estados Unidos con países que resultan ser los más obsecuentes con las decisiones del Pentágono para la región. Con ese propósito D. Trump ha convocado en Miami, este fin de semana, a 12 naciones sudamericanas, entre las que figuran Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, El Salvador, entre otras, con clara exclusión de México, Brasil, Colombia y Nicaragua, a una reunión para tratar temas de seguridad y migración.
La cita denominada Escudo de las Américas, descrita por Washington como «una nueva iniciativa de seguridad en el hemisferio occidental», se propone crear una renovada alianza orgánica de países ideológicamente afines con la potencia del norte. La convocatoria evoca anteriores intentos de influir directamente sobre grupos de países en la región, situación que no se había dado en similares términos desde la llamada Alianza para el Progreso de los años sesenta, cuando EE.UU buscó reclutar bajo sus políticas económicas desarrollistas a la región sudamericana. Sin embargo, esta vez Estados Unidos no está usando los canales regulares del multilateralismo, sino que está optando por conformar nuevos grupos en los que se siente entre pares y afines para alterar el orden internacional vigente.
El anuncio del Escudo de las Américas, concebido por Donald Trump, refleja el intento de impulsar una nueva estrategia de seguridad regional con gobiernos aliados. La iniciativa busca “coordinar acciones contra el narcotráfico, el crimen organizado y la migración irregular”. No obstante, similares argumentos con anterioridad se han desnaturalizado en la práctica y convertido en pretextos para impulsar acciones conjuntas de retaliaciones económicas y comerciales contra países renuentes a someterse a los designios de la administración norteamericana.
La estrategia apunta a una concertación de países identificados con los propósitos geopolíticos estadounidenses en la región, bajo un domo de influencia directa en asuntos esencialmente políticos y militares, reduciendo a una nula expresión la postura de neutralidad y de país no alineado que sustentó Ecuador hasta estos momentos.
La realización de esta mini cumbre regional coincide con la circulación, este mes, de una portada de la revista Times, en la que aparece el nombre de Ecuador, junto a otros siete países, en gorras rojas en la que se lee la frase Make Ecuador Great Again, (Hacer grande a Ecuador de nuevo), adaptado del eslogan oficial de Trump, Make America Great Again.
Esta imagen que forma parte de un reportaje sobre la política exterior de los EE.UU titulada Trump’s War, sitúa a Ecuador junto a países como Irán y Venezuela, sugiriendo una mayor intervención o influencia estadounidense en nuestro territorio. También la imagen de Ecuador en el grupo de naciones donde están, además, Siria, Irak, Yemen, Nigeria y Somalia, escenarios de conflictos armados, sugiere asociar el país ecuatoriano como zona de guerra, o territorio económicamente deprimido.
El artículo que acompaña la portada de Times revela que la administración Trump ha recurrido al uso de la fuerza con una frecuencia inédita, autorizando ataques en ocho naciones desde su regreso a la Casa Blanca. La portada sugiere que Ecuador ha pasado a formar parte de una lista de países donde Washington ejerce una influencia determinante para “poner fin” a amenazas regionales.
Ecuador se proyecta, consecuentemente, cumpliendo a cabalidad la tarea impuesta por Trump de enemistad con países considerados conflictivos para los Estados Unidos. A la anterior ruptura de relaciones con México y Venezuela, la reciente hostilidad arancelaria con Colombia, se suma el fin de relaciones diplomáticas con Cuba, en un acto político considerado de abierta hostilidad, declarando persona non grata a su embajador y expulsándolo del país junto a toda la delegación cubana.
La pregunta que se hacen observadores es: ¿Todo esto hace grande de nuevo a Ecuador?
La respuesta guarda proporción directa con la cuota de dignidad restante a un país que valora su soberanía de país no alineado, o prefiere ser el patio trasero donde tienen lugar diversas formas de presión que se han revitalizado y puesto en vigencia bajo la arrogancia imperial de una potencia del norte que no puede sino, para imponerse en un mundo multipolar, que desplegar su poderío militar o su chantaje económico.



