Por L. Parrini
De todas las historias de la historia, la más triste la de Latinoamérica, diremos parodiando al poeta español. Una historia borrada con la espada, reescrita con sangre y pontificada con la cruz. Historia colonial que llegó en carabelas y permanece imperial con navíos nucleares. De todas las historias de esta historia, la más triste la de Venezuela. Una historia que comienza nueve días después de iniciada la guerra de Ucrania, según refiere la Deutsche Welle, D.W.
Una delegación estadounidense aterriza en secreto en el aeropuerto de Caracas. Los estadounidenses se reúnen con el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, quien busca tener relevancia internacional con los recursos petroleros venezolanos. La guerra de Ucrania reduce el suministro de petróleo al mundo, Occidente embarga el crudo ruso. Para EE. UU es vital que se mantengan los precios internacionales del petróleo antes de las elecciones del 2022. Y esta realidad es amenazada por la enemistad existente entre los Estados Unidos y Venezuela durante 25 años, enemistad que incluye una recompensa millonaria por la cabeza de Maduro. Trump declara que “la dictadura de Maduro será rota y aplastada”. No obstante, los intentos de asesinarlo, Maduro se aferra al poder. Expulsado de la comunidad internacional solo cuenta con Rusia, China e Irán y las enormes reservas petroleras de su país.
La revolución
En la década de los años setenta vientos del sueño americano soplan sobre Venezuela, el país más rico de América Latina, que fuera el mayor exportador de petróleo del mundo. Antes de 1976 la producción petrolera estaba controlada por grandes actores mundiales -Texaco, Chevron y Exxon- con una producción diaria de tres millones de barriles y una distribución extremadamente desigual, una inmensa riqueza que no llegaba a la mayoría de la gente. La población vivía en la miseria, caldo de cultivo de un movimiento revolucionario que proclamará el fin de este sistema profundamente injusto.
Ha llegado la hora de la revolución y su rostro es Hugo Chávez. Tras un fallido golpe de Estado, Chávez gana las elecciones de 1998 e inicia “una revolución socialista”, a su sombra está el hombre que se convertirá en su brazo derecho, Nicolás Maduro. Chávez quiere transformar el país y cuenta con el petróleo para financiar sus proyectos sociales y pone a la cabeza de la industria a uno de sus leales, Rafael Ramírez, uno de los hombres más poderosos del país. Si bien el petróleo fue durante muchos años un instrumento para la dominación de nuestro país, ahora con la revolución el petróleo es un instrumento de liberación, declara el ministro.
Gracias a los dineros provenientes del petróleo los niños de la clase trabajadora también pueden estudiar, nueve millones de familias reciben una vivienda propia. La pobreza extrema del país que estuvo en un 70%, fue reducida al 7%. Nicolás Maduro es nombrado ministro de Asuntos Exteriores y promueve el acercamiento del país a Cuba, Rusia e Irán. Maduro miembro del anillo de seguridad más próximo a Chávez, luego fue diputado de la Asamblea Nacional, llegando a presidente del organismo legislativo y posteriormente a Canciller.
La salud de Hugo Chávez sufre un revés y en diciembre del 2012 un cáncer terminal lo obliga a nombrar un sucesor. Reunidos el presidente con sus seguidores más cercanos, Chávez les pide que elijan a Maduro como el futuro sucesor presidencial. Chávez muere tres meses después y Nicolás Maduro gana las elecciones con el 50,6% y se convierte en presidente de Venezuela. Nadie apostaba por Maduro.
Historia sobre ruedas
La historia de Nicolás Maduro comienza al volante en un autobús de la compañía de Transporte del Metro de Caracas, un chofer que creció en un barrio obrero. No fue a la universidad, apuesta por la política y recibe adiestramiento en Cuba como el alumno más aventajado del régimen cubano. Perfecciona el aparato de inteligencia venezolano al nivel de controlar a cada opositor durante todo el tiempo. Se denuncian graves detenciones arbitrarias, torturas, violaciones a los derechos humanos a miembros de la oposición y a opositores dentro de las filas del chavismo. Ministros y funcionarios son objeto de persecución. El ministro de Petróleo, Rafael Ramírez, acumula demasiado poder y es sometido a persecución, acusado de “malversar millones, arruinar la industria petrolera y fugarse al extranjero con el dinero”. Maduro lo denuncia: “Rata inmunda vive en un castillo en Italia, más temprano que tarde la justicia venezolana te pondrá los cachos, ladrón de cuatro zuelas”.
El 6 de diciembre del 2015 los venezolanos eligen nuevos representantes y las elecciones eligen a una mayoría opositora en el Parlamento. Maduro conserva el poder y la ira popular se desata en las calles estimulada por una campaña internacional. La respuesta oficial fue una ola de represión con más de cien fallecidos. Una mujer se proyecta como opositora, Luisa Ortega, fiscal general de la República, quien de defensora del régimen se convierte en acusadora, es reprimida y se ve obligada a abandonar el país.
Las pruebas contra el régimen chavista presentadas en cortes internacionales son diversas, para Estados Unidos ha llegado el momento de ejecutar el golpe de gracia. La misión recae en un personaje en Washington, John Bolton, asesor de Seguridad Nacional de la administración Trump. Se trata de crear y ejecutar sanciones contra el régimen venezolano, el embargo de petróleo y gas comienza a asfixiar al país porque sus activos están en el extranjero, es una guerra con una derrota venezolana sin disparar un tiro. Las sanciones destruyen la economía venezolana con una inflación que sube a niveles astronómicos, hay saqueos y siete millones de personas abandonan el país. Los dirigentes estadounidenses consideran que no fue una buena idea porque, pese a las sanciones, Maduro permanece en el poder. Venezuela vuelve a ser lo que era antes de la revolución, un país en manos de unos cuantos privilegiados, solo que ahora los privilegiados provienen del pueblo. Comienza el aislamiento internacional del país, Venezuela se hunde en la pobreza mientras libra una guerra ideológica. El retorno a una guerra fría con el choque de dos mundos contrapuestos.
La oposición
Comienzan los atentados contra la vida de Maduro. Una y otra vez se suceden los intentos de acabar con su vida. El primer atentado se produce en el aniversario del Día de la Guardia Nacional, cuando drones disparan contra Maduro desde el cielo; el próximo atentado no tarda en llegar.
En el campo político surge la figura de Juan Guaidó, presidente del parlamento en el 2019, a la cabeza de una oposición que no reconoce a Maduro como presidente legítimo del país. Jura como presidente autoproclamado y en el plano internacional 62 países los reconocen como primer mandatario del Venezuela. Estados Unidos han encontrado a su peón para derrotar a Nicolás Maduro.
El 30 de abril de 2019 suena el teléfono en la Casa Blanca, comienza la llamada Operación Libertad. Estados Unidos identifica a un general desertor para oponerse a Maduro. El plan golpista ya no tiene vuelta atrás, Guaidó llama a los militares al derrocamiento del régimen. El caos reina en Caracas, el golpe de Estado está en marcha, pero el plan de la oposición no funciona: solo un puñado de militares responde a la llamada de Juan Guaidó el resto se queda en los cuarteles. El intento del golpe de Estado ha fracasado. El propósito internacional de provocar un enfrentamiento entre venezolanos para justificar una intervención en el país, esta vez, no es posible. El intento fallido de golpe de Estado es una derrota para el Pentágono, Venezuela está perdida para Estados Unidos por el momento.
Biden reemplaza a Trump en la presidencia de los Estados Unidos, en la región prevalece una tendencia progresista, Maduro se fortalece. El régimen se consolida con acciones populares como entregar vivienda a los habitantes de las favelas. Luego de 10 años en el poder, Maduro es más fuerte que nunca, celebra y se burla del imperio, mientras en el exterior encuentra nuevos aliados.
La guerra en Ucrania pone de cabezas a las relaciones internacionales. Una delegación estadounidense viaja a Caracas para hablar con Maduro. El boicot al petróleo ruso, debido a la guerra con Ucrania hace imprescindibles las mayores reservas de crudo del mundo. Venezuela adquiere un protagonismo mundial. EE. UU se acerca a Caracas, los viejos enemigos buscan un acuerdo: petróleo por elecciones libres, a cambio del fin de las sanciones económicas Maduro garantiza que la oposición podrá presentarse a las elecciones presidenciales de julio del 2024. Firma un acuerdo con la oposición, pero a los candidatos más opcionados no se les permite presentarse a las elecciones.
El petróleo sigue desangrando al país. Los petroleros en el horizonte marino se llevan el crudo y ya son más de 135 mil barriles al dia. Maduro se muestra invencible, pese a los intentos de derrocarlo y de las sanciones impuestas. Cuenta con apoyo internacional y sabe negociar con EE. UU y la Unión Europea, gracias al petróleo su principal arma desplegada contra el imperio.
Tras las elecciones de julio de 2024 el Consejo Nacional Electoral de Venezuela declara a Nicolás Maduro ganador con el 52% de los votos, pero la oposición no reconoce ese triunfo, convencida de la victoria de su candidato. Maduro vuelve a ser declarado dictador. Estados Unidos, países europeos y sudamericanos se niegan a reconocer oficialmente la victoria de Maduro.
Como todos los regímenes fuertes, Maduro se apoya en las fuerzas armadas. Una revolución castrense sostenida con apoyo militar y un pueblo dividido en las bases populares.
El invencible solo podría ser derrotado por las armas, quedaba así abierta la puerta a la intervención militar de las fuerzas especiales estadounidenses en Caracas. Se abría un nuevo capítulo de la historia más triste de la historia.



