Por L. Parrini
Los acontecimientos de Venezuela sugieren el «amor» en los tiempos del imperio norteamericano. Luego del secuestro de Nicolás Maduro por fuerzas especiales estadounidenses, Donald Trump protagoniza un romance pleno con Delcy Rodríguez, abogada puesta en la presidencia de Venezuela en lugar del depuesto presidente. En tanto, la activista opositora al chavismo, María Corina Machado hace esfuerzos por formar parte de un “trío” en la luna de miel política del mandatario estadounidense con la representante del chavismo en la presidencia venezolana.
Los galanteos diplomáticos entre Trump y Rodríguez tuvieron lugar esta semana, a través de una llamada telefónica calificada por la abogada venezolana como “larga, cortés y de respeto mutuo en beneficio de nuestros pueblos”, luego de agregar que se “abre un nuevo momento político para Venezuela”, marcado por el entendimiento entre un gobierno estadounidense de derecha autoritario y un régimen venezolano que pretendió ser comunista, hoy reciclado neocapitalista, pro libre mercado petrolero aliado con los EEUU porque el dinero manda y es lo que necesita el país venezolano, urgentemente, para solventar su existencia.
Luego de la llamada telefónica, Trump “ensalzó” a Rodríguez, diciendo que han tenido “una larga conversación y que Delcy está trabajando muy bien”, en referencia a que la actual encargada de la presidencia de Venezuela hoy se rodea de “tecnócratas” que asesoran a su gobierno en materias económicas y petroleras. Y en el tema político, ha liberado de la cárcel a 19 periodistas “independientes” y otros tantos presos norteamericanos. Delcy es considerada por Trump como una suerte de “procónsul”, que en la práctica mantiene control sobre las FFAA venezolanas y juega un rol relevante en la transición en esta fase de “estabilización del país”.
En este contexto, Trump se había apropiado de 50 millones de barriles de petróleo venezolano, de los cuales ya ha vendido 15 millones, a través de una empresa internacional localizada en Suiza, a un precio de 50 dólares por barril. De las ganancias obtenidas el gobierno de Estados Unidos envió a Venezuela 500 millones de dólares “para estabilizar la economía venezolana, en áreas agroalimentarias y de Salud”. En respuesta, Delcy Rodríguez se ha mostrado dispuesta a “abrir la economía venezolana a las inversiones estadounidenses”, en una nueva etapa con la presencia de empresas norteamericanas manejando los negocios petroleros venezolanos.
Entendimiento con Delcy Rodríguez
La gran pregunta: ¿Por qué Trump prefiere entenderse políticamente con Delcy Rodríguez? Porque de ese modo el derrocamiento de Nicolás Maduro guarda las apariencias de “sucesión legal”, al autorizar a la vice presidenta ahora en la presidencia del país. Además, es menor el costo económico y político hacerlo que emprender una acción militar a gran escala para acabar con el chavismo. Es preferible controlarlo, porque Venezuela tiene FFAA reclutadas por el régimen en capacidad de enfrentar a los efectivos militares gringos en una eventual invasión destinada a acabar con el régimen por la fuerza militar.
En esto consiste la novedosa estrategia del gobierno de Trump, inédita y con resultados claros hasta el momento, en tanto Delcy está respondiendo a las exigencias de Washington. El objetivo es controlar la economía petrolera venezolana para asegurar el negocio de las ingentes reservas hidrocarburíferas del país. Estados Unidos levanta el embargo a Venezuela y se dispone “administrar” la producción y venta de petróleo venezolano con la participación de petroleras estadounidenses e inversiones por el orden de los 200 mil millones de dólares. Es lo que los observadores llaman “el tutelaje norteamericano”. Observadores concluyen en que “no se cuenta con Trump para liberar a Venezuela del chavismo”, en cambio sí se cuenta para que las petroleras norteamericanas extraigan el petróleo de Venezuela y lo comercialicen obteniendo mayores ganancias de las que obtuvo antes Chevrón.
“Si no puedes con tu enemigo, únete a él”, parece ser la fórmula que funciona entre Washington y Caracas. Al enemigo hay que cooptarlo, controlarlo, seducirlo para manejarlo, lo que demuestra que en política suele ser más efectivo “hacer el amor que hacer la guerra”. Estos movimientos tácticos de Washington se enfilan en la estrategia geopolítica global de Estados Unidos de controlar recursos petroleros venezolanos para ir por Irán y destruir el régimen islámico, sin riesgo de perder el abastecimiento petrolero que EE. UU necesita para su industria. Adicionalmente, controlando el petróleo venezolano impide el envió de crudo a Cuba, y de ese modo espera asfixiar económicamente al régimen cubano esperando su colapso total. En ese sentido van las amenazas al pueblo cubano. La caída de Venezuela -según Trump- supondría la caída de Cuba, país más subvencionado del mundo. Cuba subsiste del petróleo venezolano y del acuerdo de ayuda con 30 países internacionales. Observadores alineados con los Estados Unidos consideran que existen tres escenarios necesarios para la caída del régimen cubano: que socios de Cuba abandonen al gobierno cubano. Que no llegue petróleo venezolano ni mexicano a Cuba. Que entre las sombras gente de la administración cubana haga planes para un cambio de régimen.
Visita de C. Machado a EEUU
En su intento por recobrar protagonismo en las relaciones estadounidense-venezolanas, esta semana la activista opositora, María Corina Machado, visitó Washington y fue recibida por Donald Trump en reunión informal, sin prensa ni recepción oficial. Luego de la cita que tuvo lugar en un comedor privado de la Casa Blanca, la prensa internacional – The Wall Street Journal– señaló que “Machado se va con poco que mostrar”, en tanto diario El País, de España, publicó que “Trump relega a M. Corina Machado”, mientras ensalza a Delcy Rodríguez.
Esta percepción de la prensa es ratificada por los hechos: Trump no recibió a Machado con honores oficiales, de pie en la puerta de la Casa Blanca, ni se sentó junto a ella ante la prensa internacional con la chimenea encendida de fondo, como suele hacerlo con los invitados importantes. Fue una visita de cortesía, casi clandestina, furtiva, sin fotografía oficial ni declaraciones mediáticas conjuntas. Una vocera estadounidense, luego de la reunión, afirmó que «la opinión de Trump sobre Machado – acerca del apoyo y respeto del pueblo venezolano- no ha cambiado”, y que hablaron de diversos temas, entre otros, de las elecciones en Venezuela, pero sin agenda concreta. Machado en un gesto excesivo entregó su medalla del Premio Nobel de la Paz a Trump, no obstante que los organizadores del premio le advirtieron que el galardón no es transferible ni se puede compartir con quien no lo ha recibido.
El “amor” en los tiempos del imperio confirma que la diplomacia no es otra cosa que la geopolítica y la geoeconomía elevadas a la más alta expresión de manipulación internacional.



