Remitido
Ha llegado a nuestra mesa de trabajo un documento que por su importancia y vigencia lo reproducimos, con el propósito de contribuir al análisis y debate ideológico orientado al enriquecimiento de la cultura política de los interesados.
Pronunciamiento colectivo. Democracia interna negada y vaciamiento del movimiento de masas
La próxima Convención de RC5, a realizarse en Manta los días 17 y 18 de enero, vuelve a evidenciar una contradicción estructural: se invoca la democracia interna, pero en la práctica se restringe el derecho fundamental a elegir y ser elegido. La inscripción de una sola lista denominada “de consenso”, definida por la dirigencia sin participación efectiva de las bases territoriales, convierte el proceso en una formalidad destinada a legitimar decisiones previamente adoptadas, anulando el debate político y la pluralidad interna.
Estas prácticas no son coyunturales ni excepcionales. Se repiten de manera sistemática en los procesos de designación de candidaturas de elección popular, donde los acuerdos se construyen entre cúpulas y operadores territoriales, al margen de la militancia. De este modo, se consolida una casta de cacicazgos locales, con quienes se negocian candidaturas y apoyos electorales. Aunque estos actores poseen distintos niveles de influencia y decisión, todos terminan subordinados a una lógica vertical que excluye a las bases y reproduce relaciones de poder cerradas.
RC5 funciona, en los hechos, como un movimiento eminentemente electoral, con capacidad para competir en las urnas, pero sin una estructura orgánica sólida, democrática y permanente que lo vincule de manera real con el movimiento de masas. Esta debilidad se expresa en su incapacidad para sostener procesos de movilización social autónomos y permanentes que enfrenten de manera coherente a las oligarquías, a la partidocracia tradicional y al modelo neoliberal.
La ausencia de una estructura orgánica real no es una falencia menor: limita la formación política, debilita la acción colectiva y convierte a la militancia en un recurso activable solo en coyunturas electorales. En este contexto, la dirigencia privilegia la gestión de acuerdos institucionales y electorales por sobre la construcción de poder popular, vaciando al movimiento de su potencial transformador y reduciéndolo a una maquinaria de votos.
Esta situación facilita los mecanismos de control y sometimiento político. Sin bases organizadas, sin deliberación colectiva y sin liderazgos legitimados desde abajo, el movimiento queda expuesto a presiones externas y a pactos que condicionan su accionar. La falta de democracia interna no solo afecta la vida orgánica del movimiento, sino que también debilita su capacidad de confrontar los intereses de las élites económicas y políticas que sostienen el orden neoliberal.
La exclusión de quienes aspiran legítimamente a la conducción política, o de quienes plantean miradas críticas y alternativas, genera desmovilización, apatía y fractura interna. Esta lógica de cierre no fortalece la unidad; la sustituye por obediencia, disciplina vertical y silenciamiento del disenso. Así, la diversidad política y social que debería ser una fortaleza se transforma en un problema a administrar.
La democracia interna no puede reducirse al derecho a votar por una lista única ni a respaldar candidaturas definidas de antemano. Implica garantizar el derecho efectivo a elegir y ser elegido, establecer mecanismos transparentes de participación territorial, y construir una conducción colectiva que responda a las bases y no a intereses de cúpula.
RC5 enfrenta una disyuntiva histórica: persistir como un aparato electoral sin anclaje social ni estructura orgánica real, o emprender un proceso profundo de democratización interna que permita reconstruir el vínculo con las bases y recuperar sentido político. Sin organización popular no hay capacidad de confrontación real; sin democracia interna no hay legitimidad; y sin legitimidad no hay proyecto transformador posible.
La historia de los movimientos populares demuestra que cuando se clausura la participación y se sustituye la política por el cálculo electoral, se termina renunciando a la posibilidad de cambio estructural. Democratizar el movimiento no es un riesgo: es la única vía para evitar su vaciamiento político y su subordinación a las lógicas del poder que dice combatir.



