Por L. Parrini
“Rodrigo, Rodrigo el pueblo está contigo”, era el clamor de un conglomerado ciudadano movilizado por los principios de la socialdemocracia en Ecuador. Eran los días aciagos de la represión socialcristiana que acababa de dejar el Gobierno. Rodrigo Borja enfrentaba una nueva elección para suceder en el cargo al “insolente recadero de la oligarquía”, que lo había humillado en un debate público histórico.
En 1968, Borja había fundado el partido de tendencia social demócrata, Izquierda Democrática, bajo la influencia de Olof Palme de Suecia, las crecientes ideológicas francesas y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) (España). Durante su vida política profesional la honestidad y la valía intelectual serían lo suyo, como dirigente, jurista y abogado, entusiasta atleta, tenista y corredor de autos.
Electo presidente de Ecuador en las elecciones de 1988, realizó un gobierno enfocado en restituir los valores democráticos y liberales, realizando trabajo político de forma diplomática. Puso fin al autoritarismo del gobierno de su antecesor, León Febres Cordero, y respetó a las otras funciones del Estado, con las cuales evitó enfrentamientos. Durante la presidencia de Rodrigo Borja el movimiento indígena realiza un Paro nacional; Borja acuerda con sus dirigentes la distribución de 1 700 000 hectáreas de tierra a los pueblos ancestrales. Desde el Estado impulsó la alfabetización y la educación bilingüe. Procuró instaurar una “revolución democrática” en el país basada en “un socialismo que no fue de corte marxista y no tuvo concepciones estatizantes”.
Borja creyó en la reforma social, mas no en la transformación social de cambios profundos, sin embargo, como estadista proyectó una política internacional más allá de las visicitudes internas del país, bogando por la libre determinación de los pueblos, la solidaridad internacional y el latinoamericanismo sin intervenciones extracontinentales. En tiempos de convulsión externa de cara a un conflicto armado con el Perú, echó las semillas de una paz estable con el vecino del sur.
En la segunda década del siglo XXI Borja se retira de la política dejando en la orfandad a la organización política que lo había albergado y él había conducido durante décadas hasta la conquista del poder. La Izquierda Democrática, a partir de entonces, en manos de “los sepultureros del partido” que defeccionaron en su momento con un estridente camisetazo hacia la derecha -Andrés Páez, entre otros-, sucumbió a la traición de alguno de sus cuadros. Rodrigo Borja entonces enfiló sus esfuerzos intelectuales en el ámbito académico y como pensador de la política escribió su obra Enciclopedia de la política, cuyos preceptos ideológicos paulatinamente fueron dejados de lado por la praxis de la ID.
Solidario con los pueblos sudamericanos
Lo conocimos en la lid por la democracia continental y nos concedió entrevistas en la que resaltó la solidaridad con los reprimidos por uno de los regímenes más sanguinarios del Cono Sur, la dictadura de Pinochet en Chile, en los años setenta. Rodrigo Borja abrió las puertas del Ecuador al exilio chileno haciendo posible la sobrevivencia de profesionales y cuadros políticos perseguidos por la represión en país del sur. Borja fue una figura clave de la socialdemocracia latinoamericana, defensor de la democracia y los derechos humanos, su gobierno, y él mismo, se alinearon con la oposición a la dictadura de Pinochet, recibiendo a opositores y rechazando a Pinochet en Quito, consolidando a Ecuador como un bastión democrático en contraste con la represión chilena de la época. En marzo de 1992 cuando el dictador Pinochet visita Quito, ya como comandante en jefe del Ejército chileno, el Presidente Borja declaró que “no es bienvenido” y ordenó que no se suministrara combustible al avión militar de Pinochet, como una muestra de su rechazo.
Coidearios y detractores consideran que la muerte de Rodrigo Borja deja un gran vacío, pero sobre todo un gran testimonio de vida con dignidad, honestidad y coherencia. Un Presidente valiente y consecuente con sus ideas. Eliminó el criminal servicio policial, llamado SIC (Servicio de Investigación Criminal) y no fue cómplice de altos oficiales de la Policía Nacional involucrados en la desaparición y asesinato de los hermanos Restrepo Arismendi en el gobierno febrescorderista.
La historia de Ecuador consigna a Rodrigo Borja como un estadista que hace honor al hecho de que podemos ser una Patria digna, libre y soberana. Paz en su tumba.



