Por Gloria Narvaez
Quito, ciudad franciscana de alturas infinitas y memoria viva, vuelve en estas fechas a proclamarse como un territorio donde la historia no es un pasado remoto, sino una fuerza que respira en cada esquina. Su nombre -cargado de dignidad y leyenda- sigue evocando el espíritu libertario que iluminó al continente que le entregó con justicia el título de Luz de América.
En tus calles de piedra, Quito, aun se escucha la cadencia de los pueblos originarios que dieron forma a tu identidad milenaria; allí resuena la sabiduría ancestral que precedió a la República y que aún sostiene tu alma colectiva.
En tus conventos y claustros, la herencia franciscana dejó huellas indelebles de arte, de silencio contemplativo y de un humanismo que moldeó tu vocación espiritual.
Y en tus plazas -testigos de júbilo, resistencia y sacrificio- vibró aquella decisión histórica que encendió la llama de la autodeterminación en un continente entero, cuando tus hijos proclamaron, con audacia irrepetible, el primer grito libertario del 10 de agosto, gesto que marcó el rumbo de las futuras emancipaciones americanas.
Pero si tu pasado es grande tu presente no es menor.
Hoy Quito se erige como una ciudad que dialoga con el mundo: moderna sin renunciar a lo sagrado, dinámica sin perder la esencia, cosmopolita y a la vez profundamente íntima. Una urbe que enfrenta los desafíos de la contemporaneidad con la misma valentía con que antes desafió virreinatos, poderes absolutos y cadenas imperiales.
La ciudad que un día gritó libertad ahora busca justicia, convivencia, cultura, innovación y dignidad. Y sigue siendo faro: faro para sus hijos, faro para quienes la visitan, faro para quienes la estudian, faro para quienes la sueñan.
Quito ciudad invicta de amores, luchas y gestas, custodia de un cielo que parece más cercano, escenario donde convergen lo mestizo, lo diverso y lo eterno. A ti que has sabido renacer una y otra vez, que has transformado tu historia en fuerza, y tu identidad en horizonte, rendimos homenaje.
Porque en cada latido de tu gente, en cada gesto cotidiano que te reinventa, sigues siendo lo que has sido siempre: una ciudad libre que inspira libertad.
!Viva Quito, luz de América, hoy y siempre!



