Por L. Parrini
Este 6 de diciembre se cumplen 491 años de la fundación española de Quito. En torno a la ciudad, sus orígenes y su registro histórico existen controversias, puesto que Quito nació dos veces, y entre conflictos la ciudad actual que conmemora su fundación estuvo marcada por desacuerdos entre virreinatos, una accidentada geografía y disputas que persisten sobre el lugar exacto del acto fundacional.
Si bien la fundación española realizada por Sebastián de Benalcázar quedó establecida el 6 de diciembre, cuatro meses antes, el 28 de agosto de 1534, la ciudad Santiago de Quito había sido fundada por otro español, Diego de Almagro, en lo que hoy es Colta, provincia de Chimborazo. No obstante, como toda versión colonialista la historiografía hispana, que luego sería adoptada oficialmente por gobiernos republicanos, soslaya un hecho histórico que es la existencia de ocupación humana en lo que hoy es Quito y que supera los 10.300 años. Para la llegada europea, el territorio estaba habitado por el pueblo Kitu-Cara, hablante del idioma záfiqui y con estructuras propias en todo el callejón interandino. “Los Kitu-Cara vivían aquí miles de años antes. Este territorio era suyo en todo sentido”, según explica el historiador Carlos Rojas. No obstante, la historiografía oficial insiste en el carácter fundacional del colonialismo español en América.
De igual modo, forzado como la versión española de la fundación de Quito es alabar a la ciudad con apelativos y festejos impropios. El calificativo de la Carita de Dios es un atributo producto de una analogía artificiosa acuñada en una metáfora arbitraria e insustancial. A ciencia cierta, nadie sabe por qué ni cuándo nació aquel popular sobrenombre de Quito. Supuestamente fue en la década de los años cincuenta y tuvo como propósito ideológico denotar la intimidad de la ciudad con Dios. O acaso tiene que ver con la armonía entre lo urbano, el paisaje y lo rural, pues uno puede alzar a ver y mirar todo eso junto y el cielo de Quito de fondo. O como señala el cronista, será porque la ciudad está afincada en medio de montañas o por las veinticuatro iglesias, seis capillas, siete conventos y seis monasterios que tiene su Centro Histórico. La arbitrariedad del apelativo también da pábulo para decir que la Carita de Dios hoy está triste, cuando la inseguridad y el desorden aumentan o que está sucia, por los altos niveles de contaminación en los ríos o en el aire y la basura en las calles.
Sin duda, es un exceso producto de una comparación caprichosa que da lugar a un calificativo insustancial. Habiendo otras apelaciones con mayor propiedad histórica y geofísica de Quito como Luz de América, Mitad del mundo, o Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Sobre la ubicación del lugar exacto donde tuvo lugar la fundación también existen controversias. Los textos históricos más difundidos señalan que el acto fundacional del 6 de diciembre de 1534, realizado por Benalcázar, ocurrió en la placeta de la fundación, en la esquina de las actuales calles Benalcázar y Olmedo, en el Centro Histórico. Sin embargo, el historiador Carlos Rojas sostiene una versión distinta: “el acto de fundación de Quito sucedió en lo que hoy es Alangasí, en el suroriente de la actual ciudad”. Su afirmación se sustenta en crónicas que mencionan la presencia de asentamientos previos y desplazamientos de los conquistadores hacia esa zona.
El crecimiento de la ciudad tuvo lugar entre 1534 y 1570, luego de estabilizar el terreno antes de levantar iglesias y plazoletas, cientos de indígenas fueron reclutados para trabajo forzado y realizar relleno de las quebradas con piedras en lo que hoy es el Centro Histórico de la ciudad.
Acaso el apelativo de Carita de Dios fue creación de los religiosos que se apoderaron de la ciudad de Quito y, una vez estabilizado el suelo y las decisiones políticas, procedieron a construir templos y conventos, cuyas obras fueron dirigidas por maestros constructores indígenas. Los mercedarios serían los primeros en establecer la primera gran capitanía religiosa y ocupar un enorme terreno donde hoy está el convento de La Merced. Posteriormente llegaron agustinos y franciscanos, hasta que los jesuitas adquirieron el liderazgo político y educativo en el Quito colonial.
La fundación de la ciudad es un hecho controversial, puesto que Quito no nació de un único acto ni en un único sitio. Fue el resultado de dos fundaciones, disputas políticas, tensiones religiosas y un territorio que obligó a pensar la ciudad a partir de su situación geográfica. No es aventurado decir que Quito es el resultado de una geografía complicada y de decisiones políticas y religiosas impuestas que marcaron su forma existente hasta hoy.
Imagen El Comercio



