Por L. Parrini
El progresismo ecuatoriano, etiquetado bajo el nombre de Revolución Ciudadana, enfrenta una disyuntiva esencial que marca un punto de inflexión en su devenir político que debería cambiar de cóncavo a convexo. En enero el movimiento liderado por el ex presidente Rafael Correa elije un nuevo presidente del Movimiento Revolución Ciudadana, a través de un proceso de elección interna que da cuenta de la democracia partidista existente.
Un protagonista de este proceso, aspirante a presidente de la RC, Felipe Vega de la Cuadra, prefiere caminar a contravía que avanzar mal: “O la revolución Ciudadana vuelve por los fueros de las bases y del ideario político por cauces de izquierda y la posibilidad de transformar la sociedad, o se congela, no tiene otra opción. Me estoy preparando para no fallar si es que llego a ser presidente de la Revolución Ciudadana”, declara con decisión.
Felipe Vega de la Cuadra insta a construir lo que él llama la poesía del futuro. Un ejercicio en que las bases rebasen a las dirigencias, labor subversiva sin duda. Esa es la gran reflexión de fondo que está construyendo que busca atinar al actual momento histórico.
En las formalidades, Felipe Vega de la Cuadra, usa lazo o corbata de moño que, dicen, ayuda a resaltar algún detalle del rostro, y viste sacos llamativos en colores y diseños que no deja de ser una audacia estética. ¿Un anacronismo? Tal vez, para un político que se declara abuelo y pretende “llegar a la juventud”.
Felipe Vega de la Cuadra es escritor y publicó una primera novela, El alma animal, hace cuatro años, luego publica su segunda novela, La libertad que no llega, (Editorial Esketetra); reconoce que ha tenido “una compulsión por escribir”, novelas, ensayos y cuentos, inhibido de publicar porque ha sentido el peso de su abuelo el escritor guayaquileño, José de la Cuadra, frente a quién “he sentido miedo a fallar, es la causa de no poder publicar los pininos del nieto, esa es la razón de fondo”.
De profesión psicólogo, Vega de la Cuadra cree que la Revolución Ciudadana se convirtió en una “familia disfuncional y comenzó a luchar por espacios de poder interno”. No obstante, él elige “conectar a millones de ecuatorianos que quieren un país diferente, de paz, de prosperidad, de seguridad, de esperanza, de amor, de todo eso”. La lucha por vanidades personales debe acabarse, proclama a los cinco millones de votantes por la Revolución ciudadana. La tarea que se ha impuesto se resume en una frase: Poner de pie lo que está de cabeza. El movimiento, el poder popular de la Revolución Ciudadana, es el poder más potente que ha tenido este país en su historia, por eso es necesario “volver a las grandes miras”.
Sus inicios en la vida política ideológica tuvieron lugar muy pronto en el Partido Comunista, luego se dejó contagiar de la Perestroika y la Glasnost y terminó abandonando la militancia y creando el movimiento Liberación Nacional. Luego de una militancia no sin altos y bajos, se dedicó a la carrera de funcionario público. En el año 2010 se suma al partido Alianza País y llega a ser ministro del gobierno de Rafael Correa. El resto es historia que nos la refiere en una entrevista sincera, sin ambages, y con la mira puesta en las alturas de una postura que deja en evidencia sus ideales.
¿Por qué un ex militante comunista adhiere a un movimiento inorgánico, de clase media, reformista y no revolucionario en términos marxistas?
Por que realmente no es eso, Revolución Ciudadana es la suma de varias expresiones políticas, por eso es un movimiento. No es un partido reformista sino la suma de varias tendencias ideológicas que han hecho en Ecuador lo que era posible hacer. Yo me guío por ese texto extraordinario que es La Critica del programa de Gotha, de Carlos Marx, escrito en 1875, que contiene un análisis crítico del proyecto de programa de la socialdemocracia germana preparado para el Congreso de Gotha. En ese texto Marx plantea que para llegar al socialismo hay que desarrollar las fuerzas productivas del capitalismo, para que exista la riqueza suficiente y superar las brechas de pobreza y de marginalidad: «El trabajo es la fuente de toda riqueza y de toda cultura».
¿Eso hizo el gobierno de Rafael Correa?
Creo que no terminó de desarrollar las fuerzas productivas, empezó con un programa de inspiración en el socialismo cristiano de las encíclicas, de superar las brechas sociales. Plantearse superar el desarrollo de las fuerzas productivas del dinero y del trabajo en un país hasta superar las brechas del dinero y del trabajo en la sociedad y de ahí dar un paso hacia el socialismo, es lo que esta haciendo China, y de muestra el enorme éxito. Es un camino posible y tal vez el socialismo de lo posible es ese. Una convergencia de izquierda, eso hay que tenerlo muy claro, por eso estoy postulando a la presidencia del movimiento Revolución Ciudadana.
Es preciso cuestionar, solo así encontraremos la verdad…
Esa es tu labor.
En esa línea, es necesario preguntarnos por qué no se estableció una política de alianza con el sector indígena y con el sector sindical, y que les pasó factura luego.
Yo creo que hay que leer los tiempos históricos. El tiempo que estamos viviendo es un momento histórico en que la oligarquía de este país deja al lado la intermediación política de los partidos de derecha y asume personalmente la conducción. El heredero del Grupo Noboa es el presidente de la heredera del Grupo Pinto, el heredero del Grupo Lama era el presidente del IESS, el heredero del Grupo Holsen es el presidente de la Asamblea Nacional. Y los Partidos de derecha se acaban. En el Ecuador no hay restauración política, es el ejercicio directo y descarado del poder de la oligarquía. Los partidos de derecha no recuperan la interlocución política.
¿Qué sucede en el otro extremo de la política?
Del otro lado, el pueblo llano asume el protagonismo en la protesta social y la Consulta Popular no está mediada por ningún partido, ningún equipo de comunicación política ni marketing electoral. Las bases asumen directamente y le derrotan a la oligarquía directo, esto es inédito porque por primera vez el pueblo gana, es la confrontación directa entre la fuerza del pueblo y el poder de la oligarquía, sin intermediación. Esa es la lectura hoy de la historia del Ecuador.
¿Eso quiere decir que el pueblo rebasó a los partidos?
Si, rebasó a los partidos. Como la oligarquía rebasó a los partidos y sacaron a patadas a los “insolentes recaderos de la oligarquía”. En una circunstancia como esa entender el funcionamiento de un partido de masas, como la Revolución Ciudadana.
Sin embargo, le falta elementos como el centralismo democrático…
No, eso ya no funciona. El centralismo democrático funciona cuando tienes una dirección y una masa a ser conducida, acá es todo lo contrario. Por eso hay que hacer lo que decía Marx de Hegel: hay que poner de pie lo que Hegel puso de cabeza. En Ecuador hay que poner de pie lo que la dinámica de los liderazgos ha puesto de cabeza. Los conflictos entre funcionarios como si los funcionarios fuesen los líderes políticos. La política, y me darás la razón, no se ejerce desde las administraciones, eso se llama bonapartismo, sino desde la sociedad y ella establece los lineamientos.
¿Entonces, cuál es el camino?
Asumir la responsabilidad de convertir ese gran partido de masas en una corriente de interlocución fundamental en la sociedad. Revolución Ciudadana es un movimiento cuya orgánica es indefinido; y yo apostaría al ejemplo de la Rusia zarista donde se crearon los soviets, en nuestro contexto en que el poder está en la oligarquía y en la burocracia, la única opción es que todo el poder vaya para los colectivos, con lo cual el movimiento es de colectivos.
¿Y dónde está el carácter de clase de ese movimiento?
El carácter de clase es clarísimo, estamos viviendo el carácter de clase en la sociedad ecuatoriana de una forma pasmosa y rutilante, la oligarquía directa contra el pueblo directo. La oligarquía está definida por el acaparamiento total del dinero y del poder, es una plutocracia. Todo lo demás es pueblo. En el desarrollo de las fuerzas productivas tendrían un papel fundamental los empresarios nacionales y que deben, en un empeño conjunto con el Estado, sacar adelante la riqueza nacional.
¿Cómo caracterizas hoy la formación económico social del Ecuador, como eventual presidente del movimiento para que se traslade aquello a un liderazgo nacional de trasformación social?
Interesantísima pregunta. Nosotros somos un país subdesarrollado, dependiente, un país que está orientado hacia y en los principios neoliberales y dependencia absoluta del hegemón norteamericano, en el momento en que ese hegemón se empieza a caer, es el peor alineamiento que puedes tener. Y se trata de impedir el desbande de las colonias y la convergencia de un tercio de la población mundial. En ese momento Ecuador tiene que hacer dos cosas: lograr la soberanía de desatarnos de este fardo que nos va a hundir que es la dependencia norteamericana y orientar nuestro comercio exterior a otros espacios del mundo. Creo firmemente que un país tiene dos factores para la producción, el uno es el dinero y el otro es el trabajo. El neoliberalismo que quiere aumentar la cantidad de trabajo y reducir el costo de trabajo, es decir, excluir el factor trabajo de la producción de la riqueza y hacer que el dinero se reproduzca por sí solo.
¿Cuál es tu propuesta?
El dueño de la tercera parte del dinero de este país es el Estado. ¿Por qué ese dinero no está en función de la creación de trabajo? En este momento está en función de financiar los capitales, la evasión tributaria, de financiar los bancos, el sistema financiero y no alentar la generación de trabajo. El Estado tiene que entrar a ser socio del emprendimiento -en una economía mixta pública privada-, imagínate lo que sería destinar mil millones de dólares para asociar a la seguridad social a un millón de trabajadores, entonces tienes las coberturas, el crédito y vivienda y el trabajo. Habría un gran efecto en la generación de trabajo y en la producción, porque el pequeño emprendimiento es el que da más trabajo en Ecuador. Este es el modelo al que tenemos que ir.
¿Qué pasa con el extractivismo en el país?
Esta lógica de la suma de los movimientos de colectivos tiene que entrar a la discusión con los colectivos anti mineros, para llegar a una visión global y determinar un camino de desarrollo en este país. Hay que valorar el costo-beneficio, porque es desproporcionado en Ecuador en una riqueza ecológica que se entre con una minería de cobre que destruye todo. El problema no está en los commodities, porque esos se compran.
Una visión idealista sin duda…
Marx decía, los revolucionarios de este siglo están perdidos mirando las viejas glorias del pasado, cuando lo que tienen que hacer es escribir hoy la poesía del futuro. En Ecuador debemos dejar de mirar para atrás, tenemos que morar adelante y escribir el futuro de este país.
No es cuestión de nostalgia, sino de método…
Carlos Marx te dice que asumamos las glorias del pasado, pero escribamos la poesía del futuro. Eso es lo que tenemos que hacer, hay que crear vocación de futuro. Con estos pensamientos quiero llegar a presidir la Revolución Ciudadana.
No es cosa menor, ¿en qué piensas mejorar al movimiento?
La construcción devino del Estado y se construyó un enorme movimiento, pero que está en punto de madurez, y esa madurez solo puede venir desde abajo, hay que dar el salto para abajo. Desde el movimiento construir los liderazgos, las organicidades, y desde ese movimiento construir los destinos de las propuestas políticas. En una ola la fuerza viene de abajo, que las bases sean las que decidan no los funcionarios, democracia sin centralismo. Eso es lo que quisiera hacer.
Ese es el nuevo idealismo del escritor Felipe Vega de la Cuadra, un hombre que viene de la psicología de masas, de la literatura de la política, de la praxis fundamentada en una profunda fe en que las utopías son necesarias y, por qué no decirlo, posibles de realizar.



