Por L. Parrini
Los resultados de la Consulta Popular dejaron una serie de resonancias que sitúan al régimen, al menos, frente a dos escenarios. Por un lado, el entorno político en el que debe actuar procurando ejecutar su proyecto. Por otro, el marco constitucional con el que debe actuar para legitimar su proyecto.
En el primer caso, el mandatario tiene que pensar en términos de su vocería, pensar incluso en la forma de expresarse y buscar el diálogo. En otras palabras, debe reflexionar en cómo lograr un clima propicio que permita el consenso renunciando, en medida de lo posible, a posiciones extremistas frente a su pueblo y entreguistas frente a países extranjeros como Estados Unidos.
Al presidente le hace falta recordar que el Ecuador es un país que tradicionalmente ha mantenido una posición de dignidad, soberanía e independencia frente a potencias extranjeras. Incluso cuando EE. UU conminó a toda América Latina a romper relaciones con el régimen de Cuba el gobierno ecuatoriano de entonces no lo hizo. No obstante, en la reciente votación de la propuesta cubana de poner fin al bloqueo estadounidense, en la Asamblea General de la ONU, el actual representante ecuatoriano votó por mantener el embargo a la isla del caribe, en una resolución política sin precedentes.
En el mismo sentido de obsecuencia, el régimen de Noboa que busca congraciarse con los Estados Unidos incurre en una abierta subestimación a las FFAA ecuatorianas al procurar la instalación de bases militares con efectivos estadounidenses en territorio ecuatoriano, como si nuestros soldados no estuvieran en capacidad profesional de cumplir con su deber patriótico en materia de seguridad fronteriza y lucha contra las amenazas internas y externas al Estado. No es difícil colegir que entre los efectivos castrenses ecuatorianos haya existido más de algún malestar en ese sentido, que se dejó sentir en la votación del domingo en rechazo a un menoscabo institucional degradante.
En materia política el régimen, con toda seguridad, insistirá en el seno de la Asamblea Nacional buscando aprobar leyes y reformas conforme su proyecto neoliberal, apelando a la transitoria mayoría que ostenta. Es en ese tenor que debe aplacar las posiciones extremas para encontrar viabilidad política -lo que otros llaman gobernabilidad- por la propia estabilidad del régimen y del país.
A estas alturas el régimen debe tener claro que el país ha rechazado en diversas ocasiones las reformas laborales que precarizan el trabajo por hora, las reformas que intenten privatizar servicios estatales de Salud, Educación y Seguridad Social. El presidente debe conducir al país a un estado de tolerancia, de armonía y coincidencia con la ciudadanía. Todo esto se resume, en una palabra: sintonía con el pueblo, búsqueda de soluciones sin provocar mayores problemas sociales a los que ya sufre la población.
En el segundo caso, en materia constitucional, el régimen encara el control de la Corte Constitucional respecto de sus procedimientos, resoluciones y decretos. La mayor contradicción en la que incurrió el Gobierno se manifiesta en la intención de cambiar la Constitución mediante una consulta al pueblo que no fue una Consulta Popular más, porque se planteó redactar una nueva Carta Magna en la cual se concentraba el poder y se quería desbaratar el control constitucional con el fin de restringir las libertades colectivas e individuales. Los asesores legales del régimen están llamados a alertar al mandatario acerca de posibles desvíos de la ley, transgresiones a la institucionalidad del país para evitar innecesarias confrontaciones con las cortes. El mejor derrotero está en la propia Constitución vigente, un documento concebido con la clara intencionalidad de amparar derechos y preservar la convivencia unitaria entre ecuatorianos.
El intento de derogar la actual Constitución por considerar que solo responde a los intereses de un sector político, incurre en la omisión de olvidar que en torno a la Constitución de Montecristi se congregó mucha gente, diversos sectores, múltiples organizaciones en una amplia participación ciudadana. Desconocer aquello es lisa y llanamente un error. Buscar una Constitución concentradora de poder es incurrir en un conato de autoritarismo y desconocimiento del sistema judicial independiente, que atenta contra el Estado de Derecho. Además la ciudadanía percibió que una Asamblea Constituyente como se propuso generaba inestabilidad, con un futuro inmediato en donde el Ecuador no tenía claridad, un periodo de elecciones futuras que prácticamente paralizarían al país.
Los argumentos empleados para deslegitimar la actual Constitución fueron identificados falaces por los ciudadanos. Se dijo que si se cambiaba la Constitución se podía contar con un Ecuador más seguro. Según observadores, esto no es así, y para los analistas los resultados electorales muestran una desconfianza a cierta propaganda oficial y la constatación de que la política de seguridad del régimen ha fracasado. Las cifras así lo confirman: en el país hay 9 mil homicidios, unas 600 personas que han muerto en las cárceles y al menos 44 personas permanecen desaparecidas.
En tanto, el Gobierno no ha sabido explicar en su narrativa en qué sentido la Constitución del 2008 no permite hacer más en materia de seguridad. La Constitución debe ser respetada independientemente de las afinidades ideológicas con su contenido, en el marco de la institucionalidad, y hacer que las cosas sucedan en el plano democrático, eso es lo que tiene que comprender el presidente Noboa en estos momentos. Todas las circunstancias contrarias ponen en riesgo a la democracia.
El resultado electoral es un triunfo cívico y eso es lo que debe entender el Gobierno para que el Estado funcione en la dinámica de atender las urgencias ciudadanas. Al presidente le restan 3 años y medio en el cargo y eso es mucho tiempo para reiterar lo ya vivido. Noboa parece no comprenderlo del todo: “Estos son los resultados. Consultamos a los ecuatorianos y ellos han hablado. Cumplimos con lo prometido: preguntarles directamente. Nosotros respetamos la voluntad del pueblo ecuatoriano. Nuestro compromiso no cambia; se fortalece. Seguiremos luchando sin descanso por el país que ustedes merecen, con las herramientas que tenemos”, escribió en sus redes la noche del domingo.
La historia nos dirá si el mandatario está en posibilidad de escuchar los ecos de una consulta que el país respondió apelando a su reconocida posición de dignidad nacional, y a su tradición histórica de pueblo libertario que no admite excesos al poder.
Imagen Radio Pichincha



