Por L. Parrini
El país conmemora el Cincuentenario del Premio Aurelio Espinosa Pólit otorgado, en 1975, a la novela La Linares, del escritor quiteño Iván Égüez. El Premio Nacional de Literatura Aurelio Espinosa Pólit es un reconocimiento literario en las categorías de poesía, ensayo, cuento, novela y teatro entregado a escritores ecuatorianos por la Escuela de Lengua y Literatura de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, el más importante de la narrativa nacional, junto al Premio Eugenio Espejo.
Al cabo de cinco décadas, el galardón otorgado a la novela de Égüez guarda algunas particularidades, entre otras, haber sido concedido, por primera vez, el año en que fue instituido. Y no fue un premio cualquiera, un reconocimiento al respeto de los cánones literarios vigentes, sino porque la obra premiada sugiere una ruptura hasta entonces inédita en la literatura ecuatoriana.
Este singular acontecimiento literario, según J. Velasco Mackenzie, reúne en la obra de Égüez “sátira social, crítica, caricatura igual que el desapego de las formas novelescas caducas: hay en ella oralidad, diálogo interior, juego, parodia, todo lo más heteróclito de la narratividad”.
Ruptura que Michael Waag confirma en el prólogo a la edición de Eskeletra 2010, cuando afirma que la reputación de la narrativa ecuatoriana se afincaba en “el carácter realista y principalmente indigenista”, frente a la cual en los años setenta la vieja guardia regresa al campo de la novela y escribe excelentes obras hasta ahora vigentes, entre ellas La Linares, de Iván Égüez. Vigencia que la novela mantiene al anticiparse en el texto narrativo a un complemento entre estructura y trama en el que “prevalecen la sátira y el humor que no disminuyen en nada la corriente trágica que se mueve poderosamente bajo su superficie”.
En su aspecto formal, la novela muestra largas enumeraciones propias del lenguaje barroco con que describe elementos y situaciones en tono humorístico, como “un arma esgrimida por una comunidad marginalizada para subvertir las imposiciones de las fuerzas dominantes en el proceso de determinación de la identidad nacional”.
En ese contexto surge la protagonista María Linares, “mujer hermosa que alcanzó altos sitiales por el camino de su hermosura”, personaje rico emergido de las clases bajas y de dudosa paternidad entre la década del 20 y la del 40. Junto a la meretriz, sujetos diversos y acontecimientos varios cobran vida en capítulos breves sin relación de continuidad, como otro elemento de ruptura estilístico. Unido a la sutileza irónica que prevalece en el texto van surgiendo los antagonistas claves de la época, el Cuete cuñado del Presidente, el Gran Difamador símbolo de la prensa corrupta, el Prestamista de turbios haceres, y el Presi, que anteceden a una retahíla de otros personajes retratados con el sarcasmo más certero.
Los estudios que complementan a la edición de Eskeletra, sitúan a La Linares dentro de un neocostumbrismo, como un nuevo modo de utilizar recursos expresivos que amalgaman elementos del barroco y del realismo. Un costumbrismo que, en opinión de José Fernández Montecinos, “examina una realidad que escapa al historiador, la esencia misma de la vida nacional pasa a sus páginas”.
Miguel Donoso Pareja cierra los estudios incluidos en la edición de Eskeletra constatando el carácter de best-seller de La Linares, desde sus inicios hasta la actualidad. Lo que confirma su vigencia como una obra neo barroca fundamental, con la que se inaugura uno de los dos premios más trascendentes de las letras ecuatorianas.



