Por L. Parrini
Los actuales son tiempos de éxodo, migraciones de forzosa movilidad humana por motivos políticos y económicos que, en el fondo, transigen una causa humanitaria. La migración se ha convertido en el hecho social más importante de nuestros días. Europa Occidental, es una región receptora de inmigrantes provenientes de países europeos, asiáticos y americanos. La migración hacia el continente europeo se da principalmente por motivos laborales y familiares. Alemania, España, Italia y Francia son algunos de los países de la UE que reciben un mayor volumen de inmigrantes.
En tanto, las migraciones latinoamericanas son el movimiento masivo de personas desde los países de la región hacia otros, impulsado por factores como la pobreza, la inseguridad, los conflictos políticos y económicos, y la búsqueda de mejores oportunidades laborales y de vida.
Chile, que siempre se caracterizó por considerarse la “Suiza de América Latina”, tanto por el culto a sus instituciones como por la convivencia democrática y por su tradición política, se convirtió en un país de éxodos masivos de ciudadanos que abandonaron su tierra natal como una forma de salvaguardar la seguridad personal ante la represión política, la discriminación económica y la exclusión social de los gobiernos de turno.
Durante diecisiete años de dictadura militar del régimen de Augusto Pinochet, se estima que abandonaron el país más de 200 mil ciudadanos chilenos con diversos destinos en el mundo, siendo Suiza uno de los mayores países receptores de refugiados políticos y asilados del país sudamericano que se establecieron en la tierra helvética en busca de mejores perspectivas de vida. El éxodo chileno en Suiza es poco conocido, no obstante que la ciudad de Ginebra es sede de organismos internacionales que tuvieron una actuación clave en la recepción y ayuda de refugiados sudamericanos.
En constancia de este fenómeno, la crónica registrada en el libro El exilio chileno en Suiza, de Alberto Dufey, periodista chileno exiliado en Suiza desde fines de 1973, revisa en sus múltiples detalles la historia de los connacionales que fueron acogidos en el país helvético luego del golpe cívico militar que derrocó al presidente Salvador Allende. Al mismo tiempo es el fehaciente reconocimiento a ciudadanos suizos, personalidades políticas y organizaciones de solidaridad internacionales que obraron en favor de los refugiados en circunstancias contradictorias, que no estuvieron exentas de polémica, xenofobia e incomprensión política.
El libro publicado 50 años después del exilio chileno hacia Suiza por consecuencia del golpe de Estado encabezado por las fuerzas armadas contra el gobierno democrático de Allende, constituye un significativo aporte al rescate de la memoria del exilio, de sus organizaciones y de su impronta cultural que perdura después de medio siglo del golpe de Estado de septiembre de 1973.
La obra constata que el exilio chileno se caracteriza por haber sido un hecho imprevisto, no planificado. Frente a la diáspora chilena en Suiza no existió un proyecto previo de futuro, pues todo surgió de manera abrupta y violenta, sin tiempo de elegir los destinos geográficos puesto que se trató de expulsiones forzadas. La dictadura pinochetista aplicó una política represiva bajo lo que llamó una situación de guerra interna, y en ese contexto podía aplicar medidas para hacer desaparecer a sus enemigos políticos del espacio de contestación. El castigo era la cárcel, la tortura, el confinamiento o la relegación en territorios virtualmente despoblados.
Bajo esas circunstancias tuvo lugar la primera oleada de asilo chileno a embajadas bajo la intervención de ACNUR y CICR en la obtención de salvoconductos y ofrecer protección a los exiliados. Era una forma de contrarrestar la política dictatorial por la destrucción del exiliado bajo todas las formas, desde la familia hasta su desconexión de sus organizaciones políticas, el abandono de su ideología y de su identidad, con la prohibición de retornar al país. Se sumó a esas medidas de castigo la privación de la nacionalidad chilena y la negación de legalizar documentos profesionales y títulos académicos de los refugiados.
El libro El exilio chileno en Suiza es, además, un crudo testimonio de las reacciones humanas de diversos exilios, constatando que mientras el refugiado politico vivió un primer periodo marcado por la existencia de fuertes sentimientos de culpabilidad por haber abandonado la lucha en Chile, el exiliado económico enfrentó de manera diferente los desafíos de la sociedad suiza. Sin embargo, en ambos casos desarrollaron actividades comunes en la tarea de impedir que el gobierno militar chileno lograra legitimidad mundial.
Solidaridad internacional
Cabe hacer notar que Suiza, en un inicio, mostró una actitud restrictiva al éxodo de militantes de la izquierda chilena, motivado por las relaciones que el gobierno suizo demócrata cristiano mantenía con el Estado chileno, cuando Suiza era el cuarto país con más inversiones en Chile.
A esa política se añadió el clima anti extranjero que era estimulada por el partido de extrema derecha suizo, Action Nationale. Esta acción tuvo la respuesta decidida de los organismos internacionales, la Oficina del Alto Comisionado de la ONU (ACNUR), el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), el Comité Intergubernamental para las Migraciones Europeas (CIME), protagonistas claves en organizar los viajes y la seguridad de los refugiados chilenos. Estas intervenciones contaron con apoyo de instituciones suizas que luchaban por impedir el aislamiento a que fueron sometidos los exiliados los primeros años, confinados en pequeñas comunas con escasa actividad política y sindical. Entre las organizaciones que tuvieron una actuación relevante destaca la Oficina Central Suiza de ayuda a los Refugiados (OSAR). Este organismo creado en 1936 para atender a las víctimas del nazismo agrupó, entre otras, a la Mutual de Ayuda Protestante Suiza (EPER), el Ejército de Salvación (ES), Caritas y a la Obra Suiza de ayuda mutua Obrera (OSEO). También actuaron organizaciones políticas locales como el Partido Obrero Popular (POP), Progressive Organisation Schweiz (POCH) y el Partido Socialista Autónomo. Particular actuación tuvo el movimiento solidario suizo Acción Plazas Libres, iniciativa de sectores religiosos en la defensa de los refugiados chilenos.
El libro de Alberto Dufey, El exilio chileno en Suiza, autor que vivió personalmente el éxodo de su país en Suiza, constituye un significativo aporte en la comprensión del exilio, un fenómeno más que nunca hoy vigente en la dinamia política, social y económica con profundas resonancias humanas en tiempo de éxodos forzados.



