Por L. Parrini
En tiempos mitológicos, en pleno auge de la tecnocracia que ostenta las más diversas innovaciones en el campo de las herramientas tecnológicas, el periodismo se plantea la interrogante, ¿para qué nos sirve la llamada Inteligencia Artificial? La cuestión es si puede la informática crear sistemas capaces de realizar tareas que normalmente requieren inteligencia humana, como aprender, razonar, percibir y resolver problemas. La respuesta no es fácil, y más bien polémica, capaz de dividir opiniones y confrontar a profesionales de la comunicación en un campo de batalla teórico en el que no se avizoran ganadores a simple vista.
Frente a los desafíos que afrontamos para seguir contando historias en épocas inundadas por el oleaje de la IA y la innovación, hay quienes se resisten a naufragar en sus aguas torrentosas. En tanto, la propia IA sugiere que periodismo e innovación se refieren a la aplicación de nuevas ideas, tecnologías y modelos de negocio para la producción, distribución y presentación de información, enfrentando desafíos como la fragmentación de audiencias y la competencia de los medios digitales. La innovación busca mejorar la eficiencia, la narración y la conexión con el público, explorando formatos como el periodismo inmersivo y los emprendimientos mediáticos.
Reflexiones en torno a la innovación
En un encuentro que tuvo lugar en Colombia, Festival Gabo 2025, celebrado recientemente en el mes de julio en múltiples escenarios de Bogotá, se dijo que “la innovación no siempre pasa por la tecnología y que el desafío es innovar sin perder el foco, conservando el pensamiento crítico como cuestión central”.
La cita de Bogotá convocada bajo el lema “Cambiarlo todo: innovar para contar historias”, indagó cómo la inteligencia artificial, la multidisciplinariedad y la conexión auténtica con las audiencias están redefiniendo las formas de contar historias.
¿Qué es la innovación en 2025? Una palabra que para algunos se ha vuelto sospechosa y para otros una novelería, y para aquellos más acuciosos quizá no esté en un avance tecnológico, sino en un cambio de mirada. También, frente a la crisis metodológica que vivimos en el periodismo, acaso “la forma de avanzar es recuperar prácticas como la entrevista, para escuchar antes de ser escuchados. La innovación surge cuando creamos vínculos”. No falta quienes sostienen también que “innovar implica abrazar la interdisciplinariedad”. El periodismo debe nutrirse de otras áreas del conocimiento y la cultura para renovar sus lenguajes y formatos.
El encuentro de Bogotá reflexionó acerca de que vivimos un tiempo en que existe el riesgo de que el pensamiento crítico del periodismo quede relegado en las escuelas de comunicación. Lo cual amerita considerar tres caminos para innovar: la tecnología, la experiencia sensorial y la recuperación de ese pensamiento crítico. Y, sobre todo, no temer a desalinearnos de la idea de que si no trabajamos con IA somos estúpidos y que es hora de volver hacer periodismo con los cinco sentidos.
Y el sentido común indica que hay que bajarse del carro de la vanidad personal que nos sitúa frente al público como oráculos. Es loable la importancia de escuchar activamente a las audiencias y mantener equipos diversos que representen a las comunidades sobre las que se informa. La confianza es el capital más valioso que puede tener un medio frente a sus públicos, y que es clave aceptar que hay puentes que no siempre se pueden tender, especialmente cuando se trata con personas que están en contra de los derechos humanos.
El relevante aporte del Festival Gabo 2025 en sus ideas concluyentes estriba en que este encuentro dejó claro que innovar no significa seguir ciegamente las tendencias tecnológicas, sino repensar la relación con las audiencias, abrir el periodismo a otras disciplinas y mantener viva la capacidad de escuchar y el pensamiento crítico. Y que cambiarlo todo, sigue siendo una tarea urgente.



