Por L. Parrini
La política está matizada por eufemismos, frases y gestos que ocultan verdaderas intenciones. Resulta extraña la sinceridad en la comunicación política, sin embargo esta semana la Conaie y el Gobierno expresaron sus ideas sin ambages. El movimiento indígena como una forma de sobrevivencia política ha iniciado movilizaciones contra el poder establecido. El gobierno, por su parte, en demostración de quién es el depositario de la autoridad, ha insinuado represión, no obstante que el Estado reconoce la interculturalidad y plurinacionalidad del país. Este discurso político habla de un distanciamiento entre gobernantes y gobernados.
El régimen del presidente Daniel Noboa decretó el fin del subsidio al Diésel, medida considerada antipopular por las repercusiones económicas que implica, al trasladar el aumento del precio del combustible a los bolsillos de los consumidores de productos transportados desde los centros de producción a los sitios de consumo.
La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) en repudio a la medida, anunció un paro nacional inmediato e indefinido en contra de las medidas económicas y políticas del Gobierno nacional. Otras organizaciones sociales e indígenas manifestaron que se unirán a la medida de hecho en todo el país. El pliego del paro señala el rechazo al Decreto 126 que elimina el subsidio al diésel, al paquetazo neoliberal, a la crisis en salud y educación y el abandono estatal, y se opone al modelo extractivista”, declarado por el presidente Daniel Noboa, considerado autoritario por miembros de la Conaie.
Noboa no se tardó en responder y dijo que «los revoltosos de siempre quieren hacer paro. Mi mensaje es que se pongan a trabajar, que dejen de fregar la vida, porque sus comunidades están siendo beneficiadas» por el gobierno. Y en una actitud considerada de provocación, el Gobierno nacional anunció el traslado temporal de la sede de la Presidencia hacia la ciudad de Latacunga, en Cotopaxi, sede principal del movimiento indígena. La Conaie declaró a Noboa como «persona no grata en Cotopaxi por llegar al pueblo Kichwa Panzaleo a provocar».
El régimen, a través del mandatario, respondió en una forma inusual: “Como si los indígenas fuesen los dueños del país, nos han declarado personas non gratas. Yo los declaro a ellos personas no gratas en todo el país». Acto seguido los declaró terroristas y amenazó con llevarlos 30 años a la cárcel.
Resulta, por decir lo menos, insólito que un presidente de la República declare no grato a un sector de la población en todo el país, en consecuencia de que en virtud de su cargo está obligado a gobernar para todos los ecuatorianos, sin exclusiones ni despreciables discriminaciones. Sin embargo, Noboa impuso toque de queda en las provincias de Carchi, Imbabura, Cotopaxi, Bolívar y Chimborazo, y amplió a una localidad más el estado de excepción por «grave conmoción interna», que había decretado en siete territorios ante los primeros anuncios de movilizaciones. La sinceridad suele ser una virtud extraña a la política, mientras que el rechazo mutuo entre opositores resulta evidente y palpable, el desprecio oficial es sorprendente e inaceptable.
La crítica y rechazo a las medidas oficiales en un plano de oposición política, no puede ser motivo de represión, puesto que la protesta es un derecho legal. La Fiscalía también se pronunció frente a la convocatoria al paro y señaló que es importante reiterar que los derechos de asociarse, reunirse y manifestarse de manera libre y voluntaria cuentan con protección constitucional.
Cabe recordar que, a pesar de las diferencias políticas e ideológicas, se debe compartir algo fundamental, la humanidad que hace posible entender el mundo y contribuir a que sea un poco mejor. Si bien la política y las ideologias son importantes, ya que dan forma y estructura a las sociedades, muchas veces nos hacen olvidar que detrás de cada sistema, cada gobierno hay personas concretas con sueños, temores alegrías y sufrimientos similares.
Ante la creencia de que cambiar el mundo requería principalmente valor y determinación, con el tiempo fue preciso comprender que el verdadero cambio requiere algo más difícil que el valor, requiere sabiduría y la sabiduría empieza reconociendo una verdad incómoda: nadie tiene todas las respuestas. Ninguna ideología, ningún sistema, ningún líder puede pretender soluciones perfectas para los complejos desafíos humanos. Y los humanos somos maravillosamente imperfectos. La verdadera madurez política no consiste en aferrarse dogmáticamente a un sistema e ignorar sus defectos, sino en reconocer sus virtudes y limitaciones.
Las ideas más poderosas surgen del diálogo entre diferentes perspectivas, la cultura se enriquece cuando absorbe influencias diversas manteniéndose fiel a sus raíces. El verdadero patriotismo no consiste en repetir consignas o en glorificar lo propio sino en trabajar para un futuro mejor y el bien común.
Un movimiento politico, un partido, organización o gobierno, vale en la medida de su capacidad para crear lo que aun no existe. El mundo avanza cuando los habitantes de un país, cuestionan, exploran, proponen, y cuando el poder da lugar al intercambio de opiniones.
El autoritarismo y la represión son los primeros pasos hacia una sociedad conculcada en sus derechos motivado por el desprecio al otro. La prepotencia de clase conduce al ultraje social: peligrosos componentes del odio que gobierna la intolerancia en una sociedad fallida en su convivencia armónica.



