Por L. Parrini
En el devenir de la historia social del país, con el signo de nuestro tiempo caracterizado por la restauración conservadora que desafía al pueblo en el copamiento de sus espacios naturales como son la calle, la plaza pública y el muro en marchas convocadas por el régimen contra instituciones democráticas y cortes constitucionales, tiene lugar la exposición Quito, geografía de la protesta 1971-1983.

La muestra emplazada en el Centro Cultural Metropolitano de Quito tiene como curador a Sergio Ortiz Crespo y Nila Chávez, directora de la institución, y gira en torno a los repertorios de las huelgas nacionales, la Guerra de los Cuatro Reales (1978), la Marcha Campesina indígena Mártires de Aztra, las movilizaciones por la vivienda y el Paro Nacional del Pueblo.
La exhibición de fotografías y testimonios busca dar respuesta a la interrogante clave: ¿De quién es la calle? Y cómo el pueblo ha hecho históricamente uso del espacio público en lucha por la defensa de sus derechos ciudadanos.
Quito ha sido escenario de esas movilizaciones donde organizaciones sindicales, ancestrales y estudiantiles disputaron su presencia frente a la cultura oficial y los medios adláteres del poder, con recursos de comunicación gráfica, afiches, hojas volantes inspirados en la educación popular, la Teología de la Liberación y otros.

Repertorio de la movilización popular
El periodo abarcado por la exposición reseña en la memoria colectiva hitos como la crisis del banano y del régimen oligárquico con la posterior caída de la dictadura de Velasco Ibarra, entre los años 1959 y 1961 Huelga Nacional, el Gobierno reformista militar del General Rodríguez Lara, auge petrolero y crecimiento económico de los años 1971 a 1975; la II fase del gobierno militar y la masacre de Aztra entre los años 1976 y 1978; la transición democrática de 1979, la muerte de Jaime Roldós en 1981 y el gobierno de Hurtado, acuerdos con el FMI, sucretización deuda externa, aumento de la gasolina y pasajes, democracia restringida.
Frente a estos acontecimientos la respuesta popular tuvo un amplio repertorio en la huelga nacional de 1971, la huelga unitaria de 1975, la guerra de los Cuatro Reales de 1977, la Marcha Campesino indígena por los mártires de Aztra 1981, la lucha barrial de las cooperativas en 1982 y el paro nacional del pueblo de 1983.
La primera huelga nacional de 1971 fue la respuesta a la crisis en la que desembocó la situación nacional por el declive de la economía bananera desde 1960. En esos años se produce la unificación del movimiento sindical ecuatoriano con el acuerdo de los trabajadores en el Frente Unitario de Trabajadores, FUT, con expresión de la primera huelga nacional organizada por la CEDOC y la CTE, con apoyo de artesanos, choferes, y trabajadores del Seguro Social y la FETRALPI: el resultado fue el derrocamiento de Velasco Ibarra y el ascenso del gobierno militar nacionalista de Rodríguez Lara.

La muestra deja constancia que en los años setenta surgieron movimientos populares contra el alto costo de la vida y por derechos a la tierra, salarios y vivienda. El 1971 tendría lugar la Huelga del Frente Unitario de Trabajadores FUT que paralizó el transporte en el país, se realizaron mítines, con despliegue de afiches y murales en los que se mostraban los rostros de indígenas y trabajadores por primera vez en la historia del país. Hasta finales de la década de los setenta, Quito y sus calles fue el gran escenario de la protesta con diversas muestras de lucha popular en huelgas organizadas por los trabajadores que frenaban la producción como una forma de presión a los patronos y empresarios a atender sus demandas laborales. Durante la realización de huelgas reivindicativas y nacionales la clase trabajadora recibió la solidaridad de vecinos, familias y artistas en diversas expresiones públicas.
En los años posteriores de la década de los setenta tuvo lugar, en 1978, la Guerra de los Cuatro Reales, movilización que se dio en el marco del alza de los pasajes a 1,40 sucres y la elevación del precio de la gasolina durante el gobierno de Oswaldo Hurtado. Con un amplio despliegue de manifestantes, el movimiento estudiantil secundario, FESE, protagonizó la protesta movilizando familias de los barrios del sur de Quito, con la detención policial de más de mil estudiantes y el resultado de su liberación, rebaja al precio de los pasajes y una valiosa acumulación de experiencia de los manifestantes en formas de lucha callejera.
Cabe destacar que la comunicación y la educación popular mantuvieron un estrecho vínculo con los movimientos sociales. Esta relación permitió el fortalecimiento de la conciencia y la identidad de los sectores populares en lucha por sus derechos. Los sindicatos dictaban cursos en comunas y asociaciones sobre la historia y proyecciones del movimiento, inspirados en la Teología de la Liberación. Jóvenes redactores y diseñadores dieron forma a folletos, cuadernos educativos y manuales que fueron clave en programas de educación y alfabetización que trataban temas de historia, vivienda, salud, capacitación agrícola, participación y derechos humanos. Las radios comunitarias jugaron un rol preponderante en la difusión de estas campañas educativas y manifestaciones de la cultura popular. Consignas como ¡No hay azúcar no hay maíz, solo hay hambre en el país! ¡A parar la represión con movilización!, resonaban en calles y plazas como ecos de subversión.

La cultura popular
El arte y la nueva canción formaron parte del movimiento popular ecuatoriano de los años setenta con protagonismo de la canción social. El “folclore” fue el lenguaje ecléctico y estético del paisaje urbano con su sonoridad rebelde y contestataria con la emergencia de nuevas agrupaciones musicales de inspiración popular. Nuevos instrumentos rompieron el silencio con bombos, zampoñas, rondadores, charangos y guitarras. Ritmos ancestrales marcaron esa época con el valor patrimonial de la cultura indigenista en festivales, movilizaciones populares y presentaciones en escenarios formales e informales bajo la égida de una corriente e insurgencia creativa que se dio el nombre de cultura popular. Las expresiones de esta cultura privilegiaron la música, el teatro, la literatura, el cine y danza contemporánea como un nuevo vehículo de comunicación. Era el lenguaje de una nueva sonoridad originaria popular que irrumpía frente a la cultura oficial.
La exposición Quito, geografía de la protesta 1971-1983 nos convoca a revivir la memoria que nos recuerda de quién ha sido, es y seguirá siendo la calle en la geografía de la protesta.



