Por L. Parrini
A los fachos de mierda en este país nadie los ha calificado de ese modo públicamente, pero el apelativo hace referencia a los neo fascistas que surgen como un reciclaje ideológico en la actualidad. En la jerga política criolla se usa el término florindo, para calificar a personajes de la política que guardan similitudes con ciudadanos identificados con ideas fascistas y que, una vez radicalizados, pueden llegar a convertirse en un facho de mierda. En su lugar se utiliza el apelativo florindo, popularizado por el ex presidente Rafael Correa para referirse a los simpatizantes del presidente Daniel Noboa, agregando que “los corruptos siempre fueron ellos y que ninguna cantidad de evidencia logrará convencer a un idiota”.
En redes sociales una comedida dama se toma el tiempo necesario para dilucidar el término y comenta que se utilizó por primera vez en Alemania durante el holocausto, y que fue usado para calificar a los monstruos, a las personas que cometían los crímenes. Es decir que, según la comedida investigadora, florindo equivale políticamente a fascista. Y ese calificativo de origen en la Italia de Benito Mussolini corresponde a una ideología de extrema derecha de carácter súper nacionalista, que adoptaron políticos y ciudadanos autoritarios y militaristas, que la usaron para defender todo lo que fuera tradicional y conservador, con visión anticomunista que llevaron a la práctica con formas de dictaduras represivas, como fue el caso en la Alemania nazi y la Italia fascista de los años treinta y cuarenta.
Sin embargo, la historia parece reciclarse en la actualidad. En Washington DC, durante la asunción del presidente Donald Trump y ante los ojos de todo el mundo, el mega magnate Elon Musk se golpea el pecho y, acto seguido, extiende el brazo derecho en el aire en un gesto histriónico y ampuloso que remite de forma inequívoca al “Sieg Heil”; el típico saludo hitleriano.
Aunque el perfil de un fascista corresponde a un sujeto con falta de pensamiento crítico, conformismo, desprecio por la ética, obsecuencia y falta de empatía, etc., mucha gente fascista se autodefine «gente de bien». No se hace cargo de su odio, ni de todas las formas derivadas de él, (racismo, clasismo, aporofobia, misoginia), que adoptan en nombre de «las buenas costumbres y la moral», pero están dispuestas a romperte la cabeza con un palo de golf.
No obstante, el pensamiento fascista no es selectivo, puede ser adoptado por cualquier ciudadano en virtud de su capacidad de desprecio e ignorancia. Cierto es que existe el fascista de clase, adinerado y excluyente por naturaleza. Pero también hay el facho empoderado, que no necesita ser efectivamente rico ni efectivamente blanco, ni efectivamente mejor posicionado en escala alguna. Alcanza con que sea un orgulloso portador de esa «superioridad ética y estética» que pregona. El racismo, clasismo, fascismo que antes se contenía como políticamente incorrecto, hoy se exhibe y se exalta a voz en cuello entre florindos.
El facho de mierda
En esa dinámica emerge el facho de mierda, cuya conducta se manifiesta como “una de las características principales del fascismo, legitimar socialmente lo peor de nosotros, las actitudes más anti sociales, como una caída intencional de las inhibiciones sociales ante el racismo o el clasismo», según la define el sociólogo Daniel Feierstein. Conducta socialmente peligrosa, puesto que, como señala el investigador, “esa legitimación irradia desde el poder político o desde el periodismo, y más y más personas se sienten habilitadas a dejar salir lo peor de sí mismas. No está apareciendo una reacción a la altura de la amenaza, una respuesta ante un gobierno que camina hacia un horizonte no democrático. Se lo justifica con el argumento de ‘dar gobernabilidad’, y lo aprovechan sectores de poder que ven en esta coyuntura una oportunidad única de volver a ampliar sus márgenes de ganancia en el país».
Y el tema va más allá de lo económico, dichas conductas arrogantes, racistas y antipopulares son la savia de la cual se nutre la extrema derecha en el mundo. Se trata de una ideología alimentada por prejuicios que gran parte de la población tiene sobre el otro, visto como enemigo secular, como un diferente peligroso. Es un resentimiento que vive latente en la sociedad subsumida en un clima represivo, cuando sus líderes buscan legitimar públicamente ese tipo de sentimientos en su narrativa de gobernanza.
Son expresiones de violencia verbal que en sus orígenes formaron parte del discurso vibrante de líderes nazifascistas como Hitler o Mussolini. Lo que hacen los nuevos líderes es sintetizarlas y dotarlas de una legitimación en la esfera pública. Se trata de políticos jóvenes que se auto consideran carismáticos, a quienes se rinde culto como ciudadanos exitosos por provenir de familias con ingentes recursos e ideas conservadoras: su ideario es corporativista, es decir, las personas como individuos dejan de importarles. Son racistas, subestiman al indígena y al negro, incluso justifican crímenes como los cuatro niños de Guayaquil. Son militaristas, a pesar de que la Constitución establece que somos un país pacifista, los militares son uno de los pilares sobre la que se apoya el régimen. Son autoritarios, buscan una organización vertical donde los libre pensantes no caben, son enemigos de las libertades.
En un clima de inmadurez política suelen proliferar epítetos descalificadores como zurdo de mierda o facho de mierda con cero argumentos, al tenor de una verborrea virulenta que proviene de la izquierda y de la derecha que polariza a la sociedad entre zurdos y fachos de mierda sin sopesar el significado de esas palabras, basta que el contrario nos disguste, es suficiente.
Muchos zurdos piensan que personas de pocos recursos tienen el deber de identificarse con la izquierda política porque se siente depositarios de sus ideales y representantes de sus intereses. No obstante, el pobre que no es de izquierda sería ignorante y estaría cooptado por el florindo. Paradójicamente, el facho pobre se identifica con ideas y valores como la defensa de la propiedad privada, el orden, la seguridad y el control social pese a pertenecer a un estrato socioeconómico bajo. Es el candidato potencialmente convertible en facho de mierda, que pueden venir de arriba o de abajo. Puede acceder al poder por las armas o por las urnas. Puede ser de derecha o de izquierda. La investigadora Madeleine Albright señala que “el fascismo tal vez deba ser visto no tanto como una ideología política, sino más bien como un medio para conseguir o mantener el poder”.
Y ese poder lo mantienen conservando la trilogía líder, pueblo, nación, la cual les hace creerse la encarnación misma del pueblo e insustituibles, por eso el facho en el poder impone la reelección indefinida. Una vez en el poder destruye la democracia desde adentro con una gobernanza autoritaria, para lo cual desmantela la sociedad civil, aniquila a las organizaciones no gubernamentales y acumula todos los poderes contra sus enemigos. Aquel que desafía su autoridad debe ser perseguido, no solo por fuerzas policiales sino por fiscales, jueces y grupos paraestatales.
En su discurso el facho en el poder mantiene carisma y habilidad para conectarse emocionalmente con la masa hasta despertar un culto casi religioso en torno a su persona, hurgando sentimientos populares, humillaciones, discrimen, derrotas colectivas como una energía que le permite la permanencia en el asombro popular y perpetuarse en el poder. El poder del facho es populista, se mantiene junto al pueblo mediante marchas, discursos, promesas y dádivas entregadas en actos públicos y apariciones mediáticas, sin embargo, desprecia a los periodistas, prefiere a los propagandistas. Se muestra como un maestro de la posverdad y un monarca del fake news.
Lo que está en juego en la sociedad no es ser zurdo o facho de mierda, se trata de recuperar el Estado para los ciudadanos. Se trata de si se quiere seguir viviendo en un país desigual, donde existe una salud para ricos y otra para pobres, si se quiere seguir pagando impuestos más que las empresas, si seguimos convencidos de que es justo no tener derecho a la educación, y si es digno mantener la boca cerrada en un país condenado al silencio por los fachos de mierda.



