Por L. Parrini
En una entrevista para la televisión argentina, Javier Milei expuso sus ideas acerca de sus enemigos ideológicos: los políticos de izquierda, a quienes calificó de zurdos de mierda. Cuando la entrevistadora le preguntó por qué los llama de mierda, Milei contestó: “Porque son una mierda. Vos al zurdo no le podés dar ni un milímetro, porque son una mierda y te van a liquidar, porque le das un milímetro y lo toman para destrozarte”.
En seguida, complementó su argumentó con una postura intransigente con sus adversarios: “Los colectivistas, los que exponen ideas sociales, son una mierda; si piensas distinto te van a liquidar, ese es el punto. No se negocia con esa mierda, si vos estás del otro lado te van a matar”.
Como portavoz del neoliberalismo y mentor del anarcocapitalismo, sus precarios antecedentes de cultura política fueron puestos en evidencia con arrogancia y desprecio por los hombres y mujeres de cultura, trazando la línea divisoria: “Si vos estás del otro lado no les importa arruinarte la vida, porque no pensás como ellos. Lo bueno de todo esto es que nos obligan a ser mejores y somos mejores que ellos. Los estamos aplastando en la batalla cultural, no solo le ganamos en lo productivo, somos superiores culturalmente, somos superiores moralmente, somos mejores estéticamente, están perdiendo la batalla cultural. Por primera vez se ven acorralados, los zurdos de mierda”.
No obstante, su desquiciada forma de ver la política, Milei expone su disonancia cognitiva, aquel estado psicológico de tensión o malestar que ocurre cuando una persona tiene ideas, creencias o valores que entran en conflicto entre sí, o cuando sus acciones contradicen sus creencias.
En otra entrevista, esta vez con Jaime Bayly respondió a la pregunta, ¿Lástima que tantos artistas sean de izquierda no?: “Bueno, pero eso no es casual, Gramsci decía que para meter el socialismo dentro de la sociedad tenias que tomar la educación, tomar los medios de comunicación y cooptar los artistas».
Y su argumento entra en contradicción con sus ideas anteriormente expresadas: “Una de las cosas que los liberales hemos reconocido en la batalla cultural, lo primero que tenés que reconocer, es que perdimos. Si no reconocemos eso no podemos corregir, entonces, uno creyó que con la caída del Muro de Berlín todo había terminado».
Su explicación reconocía una situación que es controversial: “Entonces, nosotros no dimos la batalla cultural y ellos sí; ellos tomaron el posmarxismo y la construcción cultural que hicieron fue genial porque -además fíjate la cantidad de gobiernos que tuvieron en América Latina-, pero nosotros tenemos mejores ideas y aun así nos ganaron, pero nos ganaron porque nosotros creíamos que ya la evidencia era tan contundente y que la batalla estaba ganada».
Y no faltó la advertencia y recomendación a los suyos: “Si vos como empresario no te involucrás en financiar la batalla cultural y tener los pensadores que peleen contra los del otro lado, y si pensás que con solo ganar plata está bien, lo que te vas a dar cuenta es que tu capital va estar en riesgo porque nadie te lo va a defender. Lo que vos necesitas es comprarte un seguro o invertir en defensa financiando a los intelectuales que defiendan la libertad”.
Javier Milei no entiende la razón de ser del arte, la esencia conceptual de la cultura. Por eso sugiere contratar mercenarios entre artistas, periodistas editorialistas, adláteres que le den pensando a los hombres de negocios. O quizás prefiere, como Goebbels, echarse la mano al cinto en busca de su pistola cuando escucha la palabra cultura.
La batalla cultural
La cultura ha dejado de ocupar el lugar secundario que antaño se le adjudicaba. Reflejo, epifenómeno, superestructura o mero condimento determinado por otras esferas sociales: la cultura estuvo condenada durante mucho tiempo a la marginalidad respecto de lo político y lo económico. Pero hoy esto ha dejado de ser así. En el mundo contemporáneo, la sociedad y la cultura cambian a gran velocidad. La voluntad de dirigir esos cambios está en la base de las batallas culturales que hoy se viven en todas partes.
Se debe entender la batalla cultural como el conflicto ideológico entre grupos sociales y la lucha por el predominio de valores, creencias y prácticas. Se expresa en temas vitales con amplios desacuerdos y polarización de asimetrías de poder y connota abusos y propaganda para instalar un revisionismo histórico frente a temas como eutanasia, aborto, homosexualidad, pornografía y multiculturalismo, cerniéndose sobre ellos abierta censura.
Mientras los zurdos de mierda, entre los que se cuentan connotados intelectuales, artistas, escritores, pintores, músicos, dramaturgos, escultores, danzantes que hacen de su trabajo una gestión por la cultura para dar respuesta a las grandes interrogantes humanas, políticos como Milei y otros emuladores suyos en América Latina, destilan odio a falta de mejores sentimientos e ideas. Se trata de una estrategia del poder para polarizar la sociedad y capitalizar influencia política, según lo dejó establecido Antonio Gramsci.
En un principio la batalla cultural fue un término acuñado en el seno de la izquierda, pero con el tiempo fue apropiado por los sectores de la ultra derecha, porque la idea de batalla cultural surge en aquellos que están perdiendo. Hay una cultura que es hostil, que refrena los proyectos políticos, por lo tanto, hay que dar una batalla cultural por el dominio de los elementos de esa cultura, como se propuso en su momento la izquierda y eso mismo sucede hoy en la derecha política, según explica el investigador argentino Antonio Laje. Cuando la derecha se ve culturalmente derrotada comprende que hay un problema cultural y que no todo era lo económico, sino que tenía que pensar en los elementos de la cultura como costumbres, símbolos, historias, normas, tradiciones, creencias, cosas intangibles que están en disputa en la batalla cultural.
La batalla cultural no está reglamentada, es difusa, no tiene un escenario especifico donde se desenvuelva. Muchos ámbitos pueden ser ese escenario, lo que sucede en la familia, en la escuela, en la universidad, en el cine, lo que pasa en el arte, en la música, en la literatura, en la prensa, lo que pasa en las redes sociales. Los escenarios suelen ser múltiples porque la cultura es diversa, al punto que se habla de culturas más allá de la cultura. No obstante, la batalla cultural es una confrontación política, no es una batalla más, en la medida que aquello que está en juego es la configuración de lo que llamamos opinión pública. Esta opinión pública se forma en los escenarios de la batalla cultural, por tanto, la batalla cultural es una confrontación metapolítica.
Los grupos de poder entienden que, antes que política en la actualidad, la batalla tiene que ser cultural con el propósito de alcanzar la hegemonía ideológica. Para los zurdos de mierda la batalla es ideológica. Y los sectores de la derecha han comenzado hacer batalla cultural a conciencia, dentro de una guerra política. No es una batalla armada, pero es la batalla dentro de la guerra por el poder.
Librar la batalla cultural contra los zurdos de mierda es una prioridad política del sistema neoliberal, la cultura ha llegado a ser el botín principal del poder en un sistema educativo y cultural en el que cada vez hay menos educación y más adoctrinamiento.
La tortilla se está volteando en la batalla cultural. En un comienzo, la izquierda con los zurdos de mierda dio sola la batalla cultural, pero desde hace un lustro o más la derecha asumió la batalla con algunos resultados, por ejemplo, en el propio país de Milei hace algunos años la juventud era mayoritariamente de izquierda, pero hoy esa juventud apoya a los candidatos de derecha, y ese esquema se repite en diversos países de América Latina. Aquello puede ser un síntoma de que culturalmente la juventud apoya políticamente a la derecha, porque esos proyectos políticos electorales que cuentan con su apoyo son nuevos, no corresponden a políticos viejos, de carrera, sino a políticos inexpertos que irrumpen para beneficiarse de los frutos de la influencia cultural luego de una batalla que reubica los valores culturales en la sociedad.
La tecnología, la comunicación, la desinformación, los opinadores editoriales y ciertos intelectuales orgánicos de la derecha, juegan un papel sustancial en la opinión pública juvenil que se expresa políticamente en posiciones reaccionarias de los jóvenes. El giro de la juventud hacia la derecha no reconoce clases ni etnias, los sectores populares e indígenas muestran un giro ideológico hacia la derecha por los réditos que produce la batalla cultural. El propio Milei recibió la mayor cantidad de votos entre los sectores más populares de las zonas deprimidas de su país. Similar situación ocurre en Chile con José Antonio Katz, que recibió mayoritariamente votos de zonas pobres del sur del país. En el resto del continente, los más pobres eligen a los más ricos, como es el caso de Ecuador. Esto confirma que la derecha se ha vuelto populista y ¿en qué se ha vuelto la izquierda?
Este fenómeno rebasa las explicaciones políticas y se inscribe como un fenómeno cultural de descomposición social que fascistiza a la sociedad, tensa al extremo las contradicciones sociales sumiendo en la desesperanza y extraviando a las grandes mayorías que ven desfigurarse sus valores tradicionales de participación política, estabilidad económica, convivencia pacífica y seguridad social.
La lucha política y la lucha cultural son las dos caras de una misma moneda. Si no hay política sin hegemonía, entonces tampoco hay política sin batalla cultural. La batalla cultural terminará mostrándose como la madre de todas las batallas. El rol responsable de un ciudadano es comprometerse con lo politico. Frente a una derecha que desprecia el poder de la cultura para convertirla en arma política, porque el fundamento de nuestros problemas está en la ralea política que gobierna. Los comunicadores que promovemos las manifestaciones culturales, que defendemos los derechos humanos y que entendemos la política como una forma superior de cultura, seguiremos haciendo nuestro trabajo, a riesgo de engrosar la singularizada nómina de Milei entre los zurdos de mierda.



