Por Leonardo Parrini
La literatura da curso a la nostalgia a través del ejercicio de la memoria. Más aun cuando la evocación marca el tono de la narrativa. El libro de Orlando Pérez, Otro necio, memorias subversivas, (Grado Cero Editores, 2025), no es la excepción. En tal sentido, en el oficio literario puede que importe más cómo se escribe que aquello de qué se escribe. Y este libro está escrito con serena pasión, a ratos con un orden ausente, con vertiginosa proliferación de hechos que el autor da por conocidos, para luego a vuelta de página hallar el sentido de la historia en la reminiscencia.
Pero en la literatura como en la vida misma, suele no ser suficiente la nostalgia, también hace falta un grado de correspondencia con la realidad. No obstante que el libro de Pérez sostiene en la contraportada la idea de que el texto va desde una obra íntima a una narración subversiva en su capacidad de alterar “esta especie de mutismo frente a la realidad que guardan los escritores de este país”, el testimonio humano del autor se antepone al registro periodístico de una época, convirtiéndose en una crónica del desencanto que motiva la nostalgia. Por mayor esfuerzo que haga el periodista al consignar los hechos fácticos, siempre prevalece en este libro la reminiscencia personal del autor, como una invocación de aquello que amó y que recuerda a través de la memoria poética.
En sus páginas, si bien transitan los hitos más notables de la historia del país que tuvieron lugar en las últimas décadas, no deja de estar presente el anecdotario íntimo de Pérez, criado en el seno de una familia cuya madre -Margarita-, abandonó siendo él todavía un niño. Como infante solitario se refugia tempranamente en los libros, a través de los cuales consigue vivir otras vidas que le permiten sobrellevar la suya.
Ya de adolescente, el descubrimiento del amor y la política con su común denominador de una pasión a contravía, fueron su obsesión de juventud, siempre inmerso en la literatura como aquella institución que el autor asume como una guerrilla consigo mismo.
La militancia en grupos armados, como acción política de juventud, marcarían su vida a fuego lento. La violencia como argumento político tan próxima a la muerte de los militantes del grupo Alfaro Vive Carajo que ofrendaron, con razón o sin ella, la vida por sus ideales, constituye sin duda el desafío de asimilar la muerte como un abandono y una pérdida hasta saber cuánto pesan esas muertes y esas vidas en la existencia cotidiana. Esa es la disyuntiva que acaso el libro en el fondo intenta dilucidar.
En ese afán no bastarán las memorias subversivas que promete el libro, aunque se propongan subvertir el silencio frente a la realidad histórica que conserva la prensa interesada y los propios cronistas. Pese a ello, el libro desbarata el mutismo urdido ante los hechos de una historia política mal conocida y peor reconocida.
La novela transita entre la consignación periodística de un profesional de la Comunicación Social y la confesión autobiográfica del militante extremista. Ambos escatiman el hecho que la guerrilla urbana que intentó alzar cabeza en los años ochenta en el país, correspondió a la radicalización pequeño burguesa de una juventud parricida que conjuró su conflicto existencial con la autoridad social mediante la aventura del secuestro y el asalto violento.
El título del libro sugiere la negación de la cordura. En qué consiste la necedad de este Otro Necio, acaso en soslayar el hecho de que el Ecuador de hoy, reprimido y timorato, no tiene lugar para la veracidad de los hechos periodísticos, peor aun para la utopía subversiva.
La novela Otro necio se presenta en Casa Égüez Centro Cultural, este sábado 12 de julio a las 11h00.



