Por Leonardo Parrini
En la presentación del libro, el escritor Abdón Ubidia dejó consignado: “Javier Villacis nos presenta la Profecía de Darwin, una extraordinaria novela polisémica que denota varios sentidos (…) hay textos que son deliberadamente polisémicos. Villacis en su novela comparte algunos niveles de comprensión, el geopolítico que descubre los grandes cambios del siglo XX, la Revolución Rusa, La Primera Guerra Mundial y el ascenso del nazismo, el otro nivel de la novela es biográfico, explica los antecedentes de formación cultural y política de una figura emblemática, el Dr. José María Velasco Ibarra, cinco veces presidente de Ecuador (…) Javier Villacís enlaza de manera tan certera el sentido geopolítico con el sentido biográfico de este personaje de nuestras historia, y hasta podríamos hablar de que su novela es una biografía geopolítica de Velasco Ibarra. Es también una profecía que se convierte en poderoso sentido espiritual para la gente que cree en ella como pasa con toda creencia, los mitos, las religiones y la ideología (…) La profecía de Darwin dice, al final, que la evolución de las especies va hacia una gran mutación de lo puramente material a una superior, es decir, es una mutación moral”.
Revelación histórica
A menudo suele decirse que no es lo mismo protagonizar la historia que escribir acerca de ella. Unos son los actores principales, otros se refieren a ella en tercera persona, sin embargo, les está reservado un lugar privilegiado desde donde observan, registran y juzgan los hechos históricos y a sus personajes.
Es una virtud adentrarse en los hechos históricos y tratar a los personajes con una familiaridad digna de haberlos conocido como testigo de cargo o descargo, imparcial, como el que escribe una bitácora en la cotidianidad. Cuán difícil es aquel tratamiento de volver de carne y hueso y espíritu a personajes idealizados en la estatuaria oficial con una historia escrita en piedra, mitificada o silenciada en sus ribetes reales por una apología política.
En tal sentido, Ubidia nos recuerda que “la gran novela de Javier Villacis se adentra valiente y certera, en muchos episodios oscuros que nuestra historia oficial ha ocultado”
Javier Villacis en su novela La profecía de Darwin es testigo excepcional de una historia investigada en sus anales, hurgada en la leyenda, tranzada en el testimonio y luego escrita con pasión y oficio para llegar al ser humano de sus personajes. Serena pasión y logrado oficio que da cuenta de lo difícil que resulta novelar la historia y, al unísono, hacer que una novela haga historia.
Es doble la virtud que logra este joven escritor de una obra anterior, La llave del universo, Umbral, Dime si recuerdas Tranzas. Ahora, La profecía de Darwin, es un relato que aporta con una visión inédita a la historiografía criolla echando mano a su oficio de narrador para alcanzar una verdad silenciada: la raigambre nazi de mucho de aquello que constituyen los populismos políticos.
Si bien es cierto que la veracidad de los hechos narrados pasa por el tamiz de la credibilidad de Villacís como novelista, no es menos cierto que esa fe que le está reservada al lector es puesta sin reparos en el autor que atrapa a sus lectores, invitándolos a transitar años de historia real recreada en la ficción con buena literatura.
En esta novela no se escamotea un hecho cierto: Ecuador es un país fruto de la casualidad histórica que encuentra en el libro una causalidad histórica, notablemente comprobable.
Villacís no tuvo reparos en responder nuestras interrogantes acerca de por qué y cómo realiza esta novela.

¿Cómo hacer compatibles los datos históricos con la ficción sin torcer la nariz a la historia?
La ficción es simplemente la herramienta para que la historia no sea algo frío, distante y sumario, algo que no te enganche. Al final, lo que ficciono en el libro son los sentimientos, las emociones, pero de fondo el noventa por ciento de la historia es real y la ficción está en función de la literatura, para que la historia fría sea algo más cálido, más envolvente, más veloz en su lectura.
¿Frente a la historia fría y sumaria cómo hace la ficción histórica para construir una narración emocionante?
Entrando en el ser humano. Estos personajes que han sido protagonistas de nuestra historia se los mira muy claros, pero muy circunspectos dentro el contexto. Cuando uno entra en el ser humano y empieza a ver las raíces -en el caso de José María Velasco Ibarra-, cuando estudiamos la muerte de sus seis hermanos, las locuras geniales de su padre, y todo el abolengo de su madre, empiezas a hilvanar toda esa historia humana y su verdadero génesis; empiezas a encontrar las explicaciones del personaje polémico y las contradicciones que tenía y de tantas decisiones que marcaron el siglo XX del Ecuador, cuando entras en el ser humano puedes saber o ingerir sus emociones y puedes ponerlo en el plano de la ficción pero es evidente que sucedió.
En una parte del libro dices: “las palabras que no se dicen son las más fuertes y el silencio puede ser en vínculo más fuerte entre los seres humanos” ¿Cuál es la parte de esta historia no dicha?
El personaje de Velasco Ibarra es maravilloso, no hay que hacer mucho esfuerzo para generar un personaje tan épico como él. Deja una estela en sus acciones y cuando se va al exilio queda un silencio, queda un espacio que va construyendo ese mito. En esa estela de silencio esa figura adquiere poder sin estar, adquiere poder en el silencio. La unidad narrativa de la historia deberían ser los muertos y no las palabras. Cuando salen a la luz los datos históricos a través del tiempo, cobran vida ciertos personajes que estuvieron en silencio. El tiempo es el padre de la verdad. En la actualidad es un poco vergonzoso decir que fuimos un país nazi, nuestros principales líderes fueron nazis. Estuvimos mal orientados geopolíticamente por eso perdimos la mitad de nuestro territorio, todo eso se ha silenciado a lo largo de la historia y es algo que ahora gritaba por ser escrito.
Tú eres agrónomo, te parece que la agricultura tiene en común con la historia porque no se va por las ramas, sino que busca las raíces. ¿Es esto cierto?
La agricultura es la literatura con que Dios escribe el futuro del hombre sobre la tierra. La agronomía me ha permitido conocer los lugares más recónditos de este país y siempre me preguntan qué hace un agrónomo escribiendo literatura. La agricultura me ha servido para profundizar en la geografía y la geografía te lleva a las raíces del ser humano.
La profecía de Darwin, es el título del libro ¿Es un profeta Darwin cuando habla de la evolución de las especies?
Luego de leer el Origen de las Especies, me encontré con un libro fascinante que se llama El origen del Hombre, que escribe Darwin en su última época. El Origen de las Especies es el libro inspirador del libro Mi Lucha. Hitler se agarra de la teoría evolucionista donde simplemente la ley del más fuerte, las especies más favorecidas, imperan. Hay una frase que dice Darwin: “el hombre es el único animal que favorece a sus individuos inferiores, lo promueve y el ser humano se va degradando”. De esa idea fuerza se agarra Hitler para todo el apocalipsis que vino luego. Pero Darwin empieza hablar de otro tipo de evolución de la especie fijado en las virtudes humanas, no voy adelantar el final del libro, pero la revelación que hace Darwin al final está basada en el origen del hombre, y esa idea de Darwin da origen a la Segunda Guerra Mundial. En ese pensamiento también se ve involucrado Velasco Ibarra, él tiene un libro que dedica a los militares y en la mitad del texto hace alusiones a Darwin y a Mi lucha, de Hitler.
¿Cambia nuestra historia ecuatoriana al revelarse los vínculos de Velasco Ibarra con el nazismo?
Yo no pretendo ser un historiador que cambia la historia, mi pretensión es que todos los ecuatorianos y latinoamericanos nos veamos diferentes en la real importancia que tuvimos. Hubo un momento en que éramos el peón ganador de Hitler cuando estaba aplastado por la URSS y por los Aliados. Latinoamérica y las Galápagos eran el ultimo peón que podía coronar Alemania porque acá tenía materias primas, petróleo; entonces el contexto verdadero es mucho más importante que la historia real. Latinoamérica era un botín brutalmente apreciado, por eso hay toda una historia enorme que no ha sido tan contada, también sobre la presencia del FBI para contrarrestar la presencia nazi acá, y eso es lo que revela el libro.
¿Todo populismo tiene una raigambre nazi?
Creo que Hitler es el ícono del populismo en la historia mundial; llevó a la práctica muchas cosas que se venían haciendo en el mundo de los caudillos, eso de manejar la oratoria como una política masiva. En Velasco Ibarra hasta la forma de hablar es hitleriana, la genuflexión, la onomatopeya, todo termina siendo hitleriano. Hitler logró tener el talento para juntar a todas las fracciones igual que en su momento lo hizo Velasco en La Gloriosa.
¿Qué te enseñaron los ocho años de investigación necesarios para escribir el libro?
Aprendí que, por la importancia que teníamos como nación, somos el único país en toda la historia de Latinoamérica que ha sido invadido de una manera bélica, porque la alineación geopolítica de Ecuador era determinante en ese momento de ser invadidos, por las Galápagos y por el petróleo, fundamentalmente.
La historia se repite una vez como tragedia y otra vez como farsa ¿En qué sentido se está repitiendo la historia del Ecuador hoy día?
Cuando uno ve el Congreso de los años treinta, ves hoy día las mismas componendas, la misma actitud y el mismo modus operandi de la clase política, la desinstitucionalización y la falta de arraigo, de ideal de país, de concepto de Estado son los mismos y se pierde la mitad del territorio en 1941, y nos puede pasar lo mismo con una geopolítica caótica sin un proyecto y eso es catastrófico. Ese es el mensaje del pasado que quiero traer al presente.
¿Tu mejor libro ya fue escrito o está por escribirse?
Estoy muy orgulloso de este libro que hice porque ahí hay cinco por ciento de talento y 95% de malas noches y de dedicación investigando y luego tuve la historia, me pregunté cómo la hago una novela que sea interesante y atractiva, y creo que me faltaba cancha de escritor; pero tuve la fortuna de tener esos amigos enormes que tengo como tú, como Abdón Ubidia, como Luis Zúñiga, como Iván Égüez, como Edgar Alan García, con sus diferentes consejos.
¿Por qué hay que leer La profecía de Darwin?
Porque es una novela diferente dentro de una nueva generación que, inclusive, propone al mundo una historia novelada, ficción histórica de un nivel alto que puede competir con cualquier obra bajo la misma dinámica; simplemente con diferentes escenarios y con historias profundas que también son revelación para el Ecuador y el mundo.
Entrevista original tomada de revista Rocinante



