La escalada del conflicto militar entre Israel e Irán confirma que las relaciones internacionales están riesgosamente marcadas por una geopolítica nuclear que estimula acciones bélicas por sobre gestiones diplomáticas que conduzcan a una desescalada del conflicto armado en Oriente Medio.
En estos cinco últimos días los enfrentamientos bélicos entre los Estados sionistas de Israel e islámico de Irán ponen al mundo al borde de una guerra a gran escala, con utilización de armamento nuclear, de imprevisibles consecuencias. En la esencia de un conflicto histórico de índole ideológico-religioso subyacen hoy procesos de fondo implícitos, como la disputa por el hegemón o liderazgo nuclear vinculado a los rasgos estructurales de los sistemas de defensa de los países en conflicto, léase Israel, Irán y los propios Estados Unidos a la luz de sus pretensiones imperiales.
El curso de los acontecimientos muestra que la intensificación de las ofensivas israelíes e iraníes han caldeado el panorama regional donde tiene lugar el escenario bélico. Irán ha puesto en marcha la operación “Promesa Veraz 3” con ataques misilísticos más intensos en respuesta a la ofensiva israelí que afectó instalaciones nucleares iraníes y asesinó a militares de alto rango y científicos islámicos el pasado fin de semana.
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica confirmó hace pocas horas que atacó sistemas de mando y controles de Israel, como inicio de una etapa “con mayor fuerza y precisión” con uso de misiles hipersónicos. Los misiles impactaron objetivos estratégicos provocando fallos en las defensas israelíes e interferencias entre sus propios sistemas antiaéreos. La fuerza aerotáctica iraní usó tecnología inteligente para desorganizar la estructura defensiva israelí, esto pese al respaldo militar de los Estados Unidos y otras potencias occidentales.
El lunes las ciudades de Tel Avid y Haifa recibieron una andanada de misiles que dejaron varias víctimas mortales y decenas de heridos luego del bombardeo. Este ataque cumple la promesa iraní de responder a la agresión del Estado de Israel calificado como una “entidad usurpadora y criminal”, advirtiendo que la campaña no tendrá término hasta “su colapso total”.
Esta dinámica islámica deja en evidencia el error de cálculo de los Estados Unidos que subestimó la capacidad militar del Estado Revolucionario de Irán. En los actuales momentos la disuasión se ha roto y se afirma desde Teherán que” Irán está en posición de atacar con precisión y profundidad estratégica”.
Así lo confirman los objetivos impactados en el contraataque a Israel, vulnerando sus sistemas de defensa considerados como uno de los más sofisticados del mundo con una defensa aérea de múltiples capas. Entre las estructuras alcanzadas se encuentran el centro financiero de Tel Avid, el ministerio de Defensa, el ministerio de Economía, la base aérea de Tel Avid y diversas ubicaciones en la localidad de Haifa, y una plataforma de gas frente a la costa de la Franja de Gaza.
El Ayatolá Seyed Ali Jamenei, líder de la Revolución Islámica, ha manifestado la decisión de dar una “respuesta aplastante” a los actos de agresión israelíes que ha atacado barrios residenciales en Teherán y otras localidades escalando la tensión en la región.
La geopolítica nuclear de occidente tiene claros propósitos. Estados unidos busca “una rendición incondicional de Irán”, al tiempo que no acepta que el país islámico tenga armas nucleares. Se conoce que Irán está a pocos meses de lograr la implementación de armas atómicas operativas en sus sistemas militares.
Se comienza a derribar el mito de la invulnerabilidad israelí y su domo de hierro. En tanto, las potencias buscan acuerdos mediante un tratado para impedir el uso de armamento atómico, la geopolítica nuclear que se propone reordenar el mapamundi global, permanece latente como una dinámica más cerca de los desastres de la guerra que de las promesas de la paz.



