Por Leonardo Parrini
Las relaciones bilaterales entre Chile y Ecuador han tenido siempre un sesgo oficial político militar. El militarismo sudamericano ha querido enfatizar en el entendimiento bilateral de los dos países como una relación entre Estados en pie de guerra contra el enemigo común peruano y, por añadidura, ha puesto el acento en la formación profesional de militares y policías ecuatorianos en escuelas castrenses de Chile. Ventajosamente los ecuatorianos no aprendieron, del todo, la lección de golpistas a sueldo de los efectivos prusianos del cono sur.
Pero, más allá de estos vínculos burocráticos, a chilenos y ecuatorianos nos une la entrañable amistad cultivada en el corazón de nuestros pueblos y de ello hay testimonio imperecedero en diversas expresiones culturales de ambos países.
Desde que el cura independentista chileno, periodista y escritor, Camilo Henríquez, exiliado en Quito en 1807 hiciera amistad con los mártires del 10 de agosto y en una obra literaria suya bautizara a Quito como luz de América, debieron transcurrir algunos años hasta que, en 1855, otro chileno, Manuel Bilbao, escribiera su libro El pirata del Guayas, considerada la primera novela ecuatoriana escrita y publicada en el país.
Casi un siglo más tarde otro acontecimiento luminoso reencendió la amistad de nuestros pueblos cuando Gabriela Mistral visitó Guayaquil en 1938 y entabló amistad con la intelectual feminista Adelaida Velasco Galdós quien fue la promotora a la postulación del Premio Nobel de Literatura de la poeta chilena en 1939. Es decir, el Nobel de Gabriela obtenido en 1945 nació en Ecuador, convirtiéndose en el hito más importante de la relación cultural entre ambas naciones. Gabriela siempre sostuvo una estrecha amistad con la intelectualidad ecuatoriana, de manera especial con su compadre Benjamin Carrión cuando se convirtió en madrina de una hija del escritor lojano. La hija de Carrión murió a corta edad, pero en su correspondencia, Benjamin y Gabriela, nunca dejaron de llamarse compadres.
Luego, los vericuetos políticos generaron los exilios de intelectuales ecuatorianos a Chile y viceversa. Fue en mayo de 1944 cuando los acontecimientos políticos conocidos como la Revolución de La Gloriosa desencadenaron la asunción al poder y posterior defección del caudillo, José María Velasco Ibarra, considerado traidor al movimiento revolucionario que tuvo lugar por esos años. En ese contexto viajan a Chile los escritores Pedro Jorge Vera y Jorge Enrique Adoum, entre otros intelectuales ecuatorianos exiliados en el país del sur. Vera casó con la bibliotecaria chilena Ena Alarcón, y Adoum se convierte en secretario personal de Pablo Neruda. Posteriormente en 1963 vivieron el exilio en Chile, el escritor Edmundo Ribadeneira y visitaron el país del sur el escritor Iván Égüez y también lo hizo la pintora Pilar Bustos que pasó gran parte de su vida en Chile, hija del chileno Pedro Bustos y de la ecuatoriana Susana Romoleroux.
En ese contexto de triunfo y traición de La Gloriosa visita nuestro país el poeta Pablo de Rokha, en 1944, cuya permanencia en Quito quedó registrada en el artículo de Jorge Marambio quien relata, cito: “En junio de 1944, el poeta Pablo de Rokha y su esposa Winétt están en Quito, Ecuador, como parte de un viaje continental que los llevaría por todo el continente. Un antecedente de cómo se originó este viaje está en la incorporación de su nombre a la antología “12 poetas hispanoamericanos” realizada por el investigador norteamericano H.R. Hays, de la Universidad de Yale, a principios de la década de 1940. En esa antología se incorporaba además a Pablo Neruda, Vicente Huidobro, el ecuatoriano Jorge Carrera Andrade, al cubano Nicolas Guillén, al argentino Jorge Luis Borges, entre otros, como figuras relevantes de la diversidad poético temática del continente americano.
A la época el poeta era una figura ampliamente reconocida en el medio intelectual chileno autor entre otros textos de “Los Gemidos” (1922), “Escritura de Raimundo Contreras” (1929), “U”, (1929), “Morfología del Espanto” (1942). Hays se había referido a la obra rokhiana, “como el centro de la tormenta de la poesía chilena”.
El poeta de Rokha es recibido por intelectuales ecuatorianos, entre ellos Benjamín Carrión y G. Humberto Mata, en el desfile cívico que fue una grandiosa marcha de la victoria de los trabajadores manuales e intelectuales de la República (…) Autor de 14 libros varios de los cuales han sido traducidos a idiomas extranjeros y profesor por más de seis años en la Universidad de Chile, el amigo Pablo de Rokha sigue un viaje continental de fraternidad americana. El 11 de junio de 1944 se realiza un acto de masas en la denominada “Plaza Arenas” donde hablan los líderes de la revolución triunfante y el presidente Velasco Ibarra recién asumido (…) De Pablo de Rokha, se dijo en aquella oportunidad, “es un poeta chileno que ha luchado en su país y que ha venido a constatar la angustia del pueblo ecuatoriano y ahora su alegría y júbilo con el triunfo de la revolución”.
De Rokha, después de una breve presentación, expresó que era portador de un mensaje de amistad y de hermandad para todos los pueblos de América: “Mañana debéis de estar listos para forjar al lado de los demás países los destinos americanos. Os abrazo continentalmente y os saludo en nombre de la gran hermandad americana”, expresó Pablo de Rokha.
“Soy portador de un mensaje democrático de amistad, de unidad y de hermandad americana del Gobierno y del pueblo de Chile, para todos los pueblos de América. Por eso levanto mi corazón entre vosotros, orgulloso y satisfecho de ser hombre entre hombres, chileno entre ecuatorianos, al servicio y en defensa de los postulados democráticos de esta gran hora épica del mundo, orgulloso y satisfecho de ser americano entre americanos”. Y agregó: “Estamos, hermanos del Ecuador, pisando el siglo más grande de toda la historia de la humanidad; pero es menester nítidamente, comprender que detrás de los gloriosos y augustos pabellones democráticos, entre cuyos pliegues sagrados tremola la dignidad humana, se nos viene encima, el fabuloso mundo de la postguerra, el dolorido y aterrado mundo de la postguerra y el acento acervo de la postguerra; porque el horror y el clamor de las madres horrorizadas y el hambre, cavaran un zanjón de terror en los espíritus de mañana (…) Os saludo hermanos ecuatorianos, en la gran hermandad americana”.
Posteriormente, y a corto plazo, Velasco Ibarra traiciona las aspiraciones de la revolución popular lo que lleva al poeta a publicar una Carta Abierta donde le denosta su actitud: “Todo el pueblo de Ecuador está contra Ud., Presidente, todo el pueblo del Ecuador, y lo estamos nosotros, los intelectuales de América, porque Ud., excelencia, traicionó al pueblo (…) Y Ud., Presidente, solo, en la soledad del Ecuador y de América, sólo en la soledad del mundo, solo en la soledad de todos los tiempos y los siglos, solo, definitivamente solo, es el Caín del Continente, buen hombre ilustre y desventurado”.
Aquel era Pablo de Rokha. Intelectual incisivo, militante insurrecto y poeta suicida. Pablo De Rokha irrumpe en las letras del país del sur como vaticinador irreverente, situándose como uno de los cuatro grandes de la poesía chilena junto a Gabriela Mistral, Pablo Neruda y Vicente Huidobro. Aquel es el De Rokha que nos trae entre sus páginas el libro de Jorge Marambio.
Marambio decide una lectura sociológica, atisba la obra en el gran marco de contradicciones del siglo XX. Accede a una comprensión de la obra del poeta como un proceso de ruptura, no solo de elementos formales-estéticos semióticos sino de procesos de fondo implícitos, como la disputa por el capital simbólico vinculados a los rasgos estructurales de la clase dominante de la sociedad chilena.
El segundo elemento que atraviesa el texto es la comprensión de la obra desde la condición del poeta adelantado a su tiempo, va a la vanguardia social de la literatura chilena. Es un ensayo sobre un autor que se define: “soy el coordinador de la angustia del universo, el suicida que apostó su destino a la baraja de la expresionalidad y lo ganó perdiendo el derecho a perderlo”. El libro Pablo de Rokha, trayectoria de una soledad, de Jorge Marambio será presentado por la escritora Lucrecia Maldonado, en Casa Égüez Centro Cultural, este sábado 14 de junio, a las 11h00.
¿Quién es Jorge Marambio?
Entre los exilios de chilenos y ecuatorianos a partir del año 1973 llega a Ecuador una oleada de artistas, intelectuales y periodistas chilenos a radicarse en Ecuador, víctimas de la represión de la dictadura pinochetista. Entre ellos arriba al país en 1980 Jorge Marambio, ex estudiante de la Universidad de Concepción expulsado de sus aulas por la dictadura militar. En nuestro país renueva sus estudios de Sociología apoyado por el profesor Alejandro Moreano que lo recibe en la Universidad Central y por monseñor Leonidas Proaño que colabora con su permanencia legal en el país.
Jorge Marambio había descubierto la literatura de Pablo de Rokha cuando llega a sus manos el poemario Mis grandes poemas, en un tiempo en que solo había desesperanzas resistiendo contra la cultura de la muerte y en contraposición una cultura rokhiana que recibió por herencia. Jorge Marambio diría que había descubierto a un poeta fundamental, revolucionario, del que aprendió que “vivimos sobre nuestras raíces no sobre nuestras ramas”, enseñanza que deja plasmada en el libro que nos ocupa presentar hoy, como “un ejercicio de memoria, a una mirada profunda al Chile de la primera mitad del siglo XX, un país racista, clasista, que niega su condición multicultural”.
Carlos Ignacio Diaz Loyola, más conocido como Pablo de Rokha, nacido en Licantén el 17 de octubre de 1894 y fallecido en Santiago el 10 de septiembre de 1968, fue reconocido como Premio Nacional de Literatura de Chile en 1965. No obstante, De Rokha es una suerte de poeta maldito de Chile, vilipendiado y silenciado por la cultura oficial y por ciertos sectores de la intelectualidad de izquierda alineada a la poética de Pablo Neruda, con quien sostuvo una intensa, pero fecunda rivalidad literaria.
Marambio reflexiona en torno a los procesos vinculados a la historia de la cultura chilena y latinoamericana, como un acto imprescindible en el proceso comprensivo del arte de vanguardia en Chile. Mas allá de lo anecdótico que ignora la dialéctica propia de lo artístico condicionado por el contexto social y cultural de la época.
Marambio no se va por las ramas, se remite directamente a las raíces de la obra del poeta donde encuentra las claves de una literatura que construye identidad capaz de transformarse en expresador del imaginario social, abarcador de las profundas aguas psicosociales.
Marambio descubre en la obra de De Rokha la capacidad de sintetizar una época, retratar el tiempo universal de su vida en su máxima dimensión, naturalmente tomando posiciones.
La vida entera de Pablo de Rokha estuvo de uno y otro modo signada por la muerte. En 1949, de Rokha regresó a Chile acompañado de su esposa Winétt de Rokha, quien padecía cáncer. Ella falleció en 1951, y en 1953, de Rokha publicó Fuego Negro, una elegía de amor dedicada a su difunta esposa. La muerte de Winétt fue la primera de una serie de trágicos sucesos para la familia. En 1962, su hijo Carlos de Rokha (perteneciente a la generación literaria de 1938 y uno de los miembros más jóvenes del grupo La Mandrágora), falleció a los 42 años por una sobredosis. Se desconoce si su muerte fue un accidente o un suicidio.
La muerte de Carlos afectó profundamente a de Rokha, quien escribió en «Carta perdida a Carlos de Rokha», en la que le dice: “La huella del genio de Winétt de Rokha te persiguió, como una gran águila de fuego, desde la cuna hasta la tumba, pero no te influyó, porque nadie en la tierra te influyó. Perdóname por haberte dado la vida”. Luego, en 1968, Pablo, pintor hijo del poeta, se suicidó de un disparo. Cuatro meses después, Pablo De Rokha se suicidó de la misma manera, con un revólver Smith & Wesson calibre .44, regalo del muralista mexicano David Alfaro Siqueiros.
La obra de Pablo De Rokha confirma que las relaciones entre literatura y el poder siempre han sido conflictivas. Los sectores dominantes siempre han querido ver en el arte en cualquiera de sus expresiones una suerte de su propia autorrepresentación. Y cuando el artista no responde al canon viene el ataque, el silenciamiento, la cárcel, el exilio, especialmente si la voz del artista tiene fuerza y eco. Este es el caso de Pablo de Rokha. Contra todo esto está escrito el libro de Jorge Marambio.
Escuchemos la voz de un poeta maldito.
He ahí el Autorretrato de Adolescencia:
Entre serpientes verdes y verbenas,
mi condición de león domesticado
tiene un rumor lacustre de colmenas
y un ladrido de océano quemado.
Ceñido de fantasmas y cadenas,
soy religión podrida y rey tronchado,
o un castillo feudal cuyas almenas
alzan tu nombre como un pan dorado.
Torres de sangre en campos de batalla,
olor a sol heroico y a metralla,
a espada de nación despavorida.
Se escuchan en mi ser lleno de muertos
y heridos, de cenizas y desiertos,
en donde un gran poeta se suicida.



