En tiempos difíciles, de crisis permanente, solemos afirmar que todo tiempo pasado fue mejor. Hacemos la comparación motivados por la necesidad de eludir la realidad actual, de negarla y sancionarla, muchas veces sin considerar que el contraste que hacemos obedece a un deseo de soslayar la responsabilidad propia y ajena de los males del presente, que nos es otra cosa que una idealización del pasado. Es lo que llamamos nostalgia o la experiencia de recordar con afecto el pasado, tendencia que parece saturar nuestra cultura en los actuales momentos.
¿Cuál es la razón de añorar lo acaecido? Acaso sea una forma de afrontar problemas como el aislamiento social, la desconexión o la soledad que produce este tiempo cada vez más deshumanizado. La nostalgia nos proporciona una sensación de calidez y pertenencia, aunque la nostalgia suele ser agridulce, porque es conciencia de la pérdida de lo amado. Tristeza melancólica originada por el recuerdo de dicha pérdida.
Existen desencadenantes de la nostalgia como los aromas y la música. Un olor o el sonido armónico de una melodía puede hacernos, literalmente, revivir momentos pasados. No sólo añoramos el tiempo vivido, sino que recordamos una versión romántica de él. Kundera afirma que tenemos una memoria poética con la que solo recordamos lo que amamos.
A través de la nostalgia buscamos burlar de algún modo el tiempo. Y no solo el tiempo pasado sino el porvenir, no hay nostalgia mayor que aquella añoranza del futuro que no será.
Pero, ¿qué es el tiempo? Según la academia, es la magnitud física que nos permite medir la duración o separación de sucesos. Aunque en rigor el tiempo no existe, lo que sí existe es el movimiento de la materia. No obstante, medir el tiempo ha ocupado a físicos y astrónomos, pero también a filósofos que han reflexionado acerca de su sentido profundo.
Abdón Ubidia nos advierte en el prefacio de su libro Tiempo y nos dice que: “No es el reloj el que marca el tiempo. Es el tiempo el que inventa los relojes”. Ubidia presume que el tiempo es una invención: toda la maquinaria capitalista se articula sobre la base de una ilusión que determina la vida de las sociedades y las personas. Ilusión que nos hace creer en el presente, como la existencia propiamente tal del tiempo.
¿Cuánto dura el presente? Es la pregunta de rigor. La respuesta es que “el tiempo no sale del presente, pero el presente no deja de moverse, por saltos que empalman los unos sobre los otros. Tal es la paradoja del presente: constituir el tiempo, pero pasar en ese tiempo constituido”, según señala Gilles Deleuze en su libro Diferencia y repetición.
En esta relación de finitud e infinitud que caracteriza al tiempo, los griegos ya habían ensayado algunas pistas en dos palabras, Kronos y Kairós que eran utilizadas en la antigua Grecia para referirse al tiempo. Según la mitología griega Kronos hace al tiempo cronológico o secuencial, aquel que puede ser medido. Simboliza el tiempo que pasa, irrepetible, irrecuperable y limitado, que tenemos que aprovechar. Mientras que el tiempo Kairós representa un lapso de tiempo, un momento indeterminado en el tiempo en que todo sucede, el tiempo de la oportunidad. Kairós no puede medirse con el reloj, ya que se vive en función de la carga afectiva que posee. Si nos enfocamos en Kronos, tenemos la mirada puesta en el hacer, en planificar las horas y hacer cuantas más cosas mejor porque el tiempo pasa. En cambio, si estamos enfocados en el tiempo Kairós, nos interesa lo que ocurre y tomamos conciencia de lo que hacemos y para qué lo hacemos, ya que poseemos noción del aquí y ahora.
La nostalgia para los griegos no era simplemente una añoranza, sino una emoción más profunda que involucraba un sufrimiento por la distancia del hogar y la dificultad de volver, emoción que surge al recordar momentos cuando fuimos felices. La lucha emocional y psicológica que la acompañaba. El viaje de Ulises a Ítaca es un ejemplo clásico de la nostalgia griega. Su anhelo por regresar a casa y la lucha por superar los obstáculos en el camino reflejan la dificultad de regresar.
No todo tiempo pasado fue mejor. La nostalgia es paradójica, puesto que evoca un tiempo que quisimos cambiar porque no nos satisfacía. Con la nostalgia se recupera el pasado que no tenía futuro.
El arte es la expresión humana de dar forma al futuro, de concebirlo con sentido, porque nos permite recuperar la ilusoria presencia de continuidad, de movimiento, aun cuando en realidad sea un tiempo utópico, inexistente, el tiempo de los soñadores y los poetas.
Acaso la mejor manera de conciliar el pasado añorado y un futuro promisorio sea la utopía, y el arte es el vehículo para proyectarla en el tiempo. Única forma de compensar la nostalgia y proporcionar un sentido al presente.



