En la praxis política -por lo general- se esperan cambios óptimos que perfeccionen la convivencia democrática, no obstante, la historia demuestra con sus porfiados hechos que las trasformaciones no siempre suponen progreso. El progresismo tiene en el devenir histórico su contrario, la consolidación conservadora que impone nuevas formas de la vieja política. La nueva correlación de fuerzas en Ecuador confirmaría un nuevo totalitarismo en el poder.
Ecuador asiste a un cambio generacional que señala la irrupción de una juventud perteneciente a una nueva hornada de cuadros que la derecha criolla supo convocar y reclutar entre sus filas. “No venimos a heredar moldes viejos”, dijo Noboa en su discurso oficial durante la investidura del cargo presidencial. Un discurso con tono aplomado, menos confrontativo que en otras ocasiones y marcando la cancha donde tendrá lugar acciones políticas del régimen. Una alocución con ciertas omisiones en el campo económico, laboral, la realidad de la seguridad social y la inseguridad que, presuntamente, pretende el régimen combatir con el proyecto económico urgente que envió a la Asamblea Nacional en días pasados contra las economías criminales. Tampoco se refirió a las reformas políticas que el gobierno anunció realizaría mediante una eventual Asamblea Constituyente.
Poder total
Este 24 de mayo, Daniel Noboa dejó de ser presidente de transición y asumió como primer mandatario para los próximos cuatro años con un control total del Estado. El nuevo bloque de poder se apoderó de prácticamente todas las instancias estatales, incluidos el Ejecutivo, el Legislativo y organismos de control. Proceso que tardó dos años en cumplir, desde que el outsiders, Daniel Noboa, irrumpió en política hasta la consolidación el día de ayer de un bloque de poder que integran funcionarios del Ejecutivo, instituciones del Estado y representantes del Legislativo en mayoría, con apoyo ciudadano evidente y resguardo de las fuerzas del orden, Policía y FFAA. Este proceso le tomó al correismo al menos cinco años lograrlo desde el 2008 hasta el 2013, para lo cual necesitó una Constituyente, mientras que ADN lo hace en tiempo récord en menos años de gestión.
Lo más significativo es el control absoluto que hoy ejerce el oficialismo sobre la Asamblea Nacional con una mayoría oficialista, con la presidencia y la primera vicepresidencia en manos de sus militantes, la segunda vicepresidencia en poder de Pachakutik en alianza con el Gobierno. Las vocalías están repartidas entre miembros de esa alianza junto al régimen -ADN, PSC, Independientes-, que hoy conforman el Consejo de Administración Legislativa, CAL. Se entiende que estos cargos deberían estar repartidos entre todas las fuerzas políticas representadas en la Asamblea Nacional para que tengan un carácter democrático, no obstante RC y PSC no consiguieron ningún cargo en el legislativo.
Esta situación no es saludable en un sistema democrático, puesto que la Asamblea Nacional debe ser el contrapeso al oficialismo para que el país no se convierta en una dictadura con apariencia legal, donde todo marcha conforme lo dicta el Gobierno. Eso es lo que inevitablemente sucederá en la nueva Asamblea. La concentración del poder no solo es nociva para la democracia sino para la libre dinámica política y el respeto a los derechos humanos. El noboismo incurre hoy en lo mismo que criticó al correismo: totalitarismo en el poder.
Esta nueva correlación de fuerzas -legítima o no-, pone fin a las excusas gubernamentales frente a sus acciones u omisiones, puesto que ya no tiene argumentos para decir que todos los males del país se deben al correísmo, o que la Asamblea Nacional no le permite trabajar para llevar adelante sus planes. Ahora con todo el poder en sus manos el Gobierno está obligado hacer las reformas que tiene entre sus proyectos políticos, en un sentido democrático o autocrático, según decida.
Esta nueva realidad política tiene explicaciones. El correismo no logró la renovación generacional en sus filas, aferrado a sus líderes históricos y a una falta de formación política de nuevos cuadros. Las generaciones históricas del movimiento no consiguieron renovar la utopía y proponer nuevas promesas aspiracionales que convoquen y movilicen a la juventud.
En la práctica esa renovación generacional tampoco tiene lugar al interior de la Revolución Ciudadana, porque su lógica política lo impidió con una dinámica centrada en la influencia carismática del líder sin dar lugar a la formación de nuevos dirigentes o voceros en capacidad de generar o representar la línea política de la organización. Pese al trabajo individual de su candidata presidencial en campaña, éste no fue suficiente en territorio para proyectar una imagen propia o renovar las propuestas del líder histórico relegado al exilio.
El correismo, ideológicamente asociado con el progresismo, esta vez proyectó una imagen de conservadurismo, de las viejas generaciones del pasado. En la ceremonia de investidura presidencial la bancada correista estuvo ausente por inasistencia, confirmando la marginación política de la que es objeto en los actuales momentos.
Tendencias históricas
Ecuador confirma diversas tendencias históricas. Las transformaciones políticas responden históricamente a cambios generacionales y, en menor medida, a reformulaciones ideológicas. Estos cambios suceden cuando se produce una correlación de fuerzas en torno a liderazgos fuertes o autoritarios que muestren intención de conducir al país, imponiendo un totalitarismo que más que proponer impone ideas y acciones.
La tendencia política, de quienes advienen al poder, de hacer borrón y cuenta nueva con cambios de constituyentes, no solo debilita la institucionalidad nacional ya que resta credibilidad a las instituciones, sino que mina la conformación estructural del país.
Eventualmente, en Ecuador no existen cambios estructurales de fondo, sino la reiteración de viejas tendencias con nuevas formas de manifestarse. Los cambios no siempre son progresistas cuando lo viejo no termina de morir y lo nuevo aún no termina de nacer.



