Por Julio Peña y Lillo E.
El Subdesarrollo Urbano
El subdesarrollo urbano, nos dice Milton Santos (2000), hace referencia a esas ciudades o áreas metropolitanas, que no logran alcanzar un nivel de desarrollo adecuado, en términos de infraestructura, servicios públicos, oportunidades económicas, oferta cultural, esparcimiento, pobreza, inseguridad, o altos índices de contaminación y desigualdad, en comparación con ciudades que sí han logrado un desarrollo más sostenible y equitativo.
Los problemas del mal desarrollo urbano hacen que las áreas más ricas y las más pobres coexistan, sin una integración adecuada, provocando la reproducción de barrios marginales, con un limitado acceso a servicios básicos como agua potable, saneamiento, negocios de proximidad (farmacias, panaderías, comercios, cines, gimnasios, plazas públicas), áreas verdes, etc.
Las áreas mal planificadas o abandonadas a su suerte, se convierten en espacios desconectados, desolados, propensos a la inseguridad, generándose de esta manera zonas urbanas donde prevalece el miedo, la angustia y el estrés entre los residentes. Estas condiciones desalientan la inversión y el desarrollo económico, perjudicando la capacidad de oferta y una vida comercial activa, en grandes sectores de la ciudad (David Harvey, «Social Justice and the City«, 1973).
Ciudades como Quito y otras urbes latinoamericanas, enfrentan severos problemas de congestión de tráfico, que afectan a la calidad del aire, incrementan el tiempo de los desplazamientos, perjudicando la productividad y el bienestar de las y los ciudadanos.
El acelerado proceso de urbanización y la falta de una adecuada planificación territorial, han llevado a la pérdida de ecosistemas locales y áreas verdes, incrementando considerablemente el riesgo de deslizamientos e inundaciones. En consecuencia, existen asentamientos humanos ubicados en zonas de alto riesgo, en donde la seguridad y la vida se encuentran amenazadas.
Muchas ciudades latinoamericanas y entre estas, Quito, tienen áreas híper-concentradas, o zonas céntricas, como La Mariscal, La Carolina, El Labrador- Bicentenario, Cumbayá, Calderón y Quitumbe, que aglutinan prácticamente la mayoría de los servicios, dejando a grandes sectores de la urbe con un sinnúmero de carencias, como falta de calles asfaltadas, aceras, iluminación pública, espacios culturales, áreas verdes y recreativas.
Una gran mayoría de ciudadanos debe desplazarse largas distancias para acceder a sus fuentes de empleo, atención médica, educación, acceso a servicios, lo que representa una barrera significativa, especialmente para las poblaciones más vulnerables.
Según la Encuesta de Origen y Destino Movilidad Urbana del BID (2023), los tiempos de traslado en América Latina están entre los más altos del mundo, con un promedio de 50mn de traslado hogar-trabajo, comparable con megaciudades como Nueva York o Londres, pero con mucho menor calidad en el transporte, afectando gravemente la calidad de vida y las oportunidades de desarrollo de sus habitantes.
La falta de infraestructura, de acceso a servicios y de movilidad, contribuye al aislamiento social y económico de grandes sectores de la población. Las áreas abandonadas o aisladas son las que reportan robos frecuentes y una sensación constante de inseguridad, lo que limita la movilidad y participación en actividades comunitarias.
El modelo urbano latinoamericano, desafortunadamente, tiende a priorizar la infraestructura vial para automóviles, en lugar de invertir en transporte público eficiente y de calidad, ciclo rutas y áreas para caminar, a pesar de que aproximadamente el 85% de la población de América Latina y el Caribe utiliza el transporte público. Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID, 2023), el 68% de todos los viajes urbanos en América Latina y el Caribe se realizan en transporte colectivo o público, siendo el autobús el medio predominante.
Estas cifras reflejan la importancia que ocupa el transporte público en la movilidad de Quito y de la región. Anteponer el uso del automóvil en nuestras ciudades, ha provocado el desarrollo de ciudades extensas, congestionadas y contaminadas, afectándose con ello la vida de barrio, el comercio local y la movilidad peatonal o ciclista. El mal desarrollo de la urbe no contempló la democratización del espacio, los comercios, los servicios, la conectividad, las áreas verdes, afectando la calidad de vida de una gran mayoría de los habitantes (Harvey, 1973).
Para abordar, o hacer frente a muchas de estas problemáticas estructurales e históricas de la capital, la Alcaldía de Quito, liderada por Pabel Muñoz, se ha propuesto llevar a cabo un conjunto de políticas urbanas integrales, que promueven un desarrollo urbano mucho más inclusivo, sostenible y solidario, inspirado en la propuesta de “La Revolución De La Proximidad” (2020), del investigador de la Universidad de la Sorbona, Carlos Moreno.
Esta propuesta de desarrollo urbano permite considerar un conjunto de acciones, encaminadas a recortar estas distancias estructurales que nos afectan a todos. Se trata de una perspectiva de desarrollo, capaz de articular transporte, vivienda, empleo, educación y espacio público, con equipamientos y servicios necesarios para mejorar la oferta de servicios en la gran mayoría del territorio urbano.
Hacia una política urbana de “La Proximidad”
La revolución de la proximidad (2020) nace en París, a partir de una alianza virtuosa entre Carlos Moreno, Director de Investigación en la Universidad de la Sorbona, y Anne Hidalgo, Alcaldesa de la capital francesa (desde 2014). Se trata de un caso emblemático de colaboración, entre pensamiento académico y acción política, encaminada a mejorar la calidad de vida de la ciudad.
Con una agenda centrada en el urbanismo sostenible, Anne Hidalgo encontró en Carlos Moreno un aliado teórico que le presentó la propuesta de ciudad de proximidad (o “Ciudad de 15 minutos»), que tiene por objetivo, modificar la experiencia de vida de la gente, con la reconfiguración de 7 funciones sociales urbanas: habitar, trabajar, hacer compras, acceder a la salud, educación, cultura y descanso; en armonía con la naturaleza.
Quito, con la firma de un convenio de colaboración con la Universidad de la Sorbona (marzo-2025), se suma a las más de 16 ciudades en el planeta (como: Barcelona, Melbourne, Shanghái, Portland, Nueva York, Ottawa, Santiago, Bogotá, Ciudad de México, etc.), que ya están trabajando este proyecto, a partir de la recuperación del espacio público, peatonalización de calles, expansión de carriles para bicicletas, luminarias, incremento de áreas verdes, etc., encaminándose de esta manera, hacia la construcción de una ciudad más sostenible, habitable y equitativa.
La política de Proximidad busca que las y los ciudadanos tengan a su disposición o a su alcance, todos los servicios esenciales, como el trabajo, escuelas, hospitales, compras, centros culturales, en un tiempo aproximado de 15 minutos. Uno de los principales objetivos de este modelo, es disminuir la dependencia del automóvil, promoviendo una movilidad más sostenible y eficiente.
Para ello, es fundamental trabajar en el desarrollo de una ciudad “Policéntrica”, en la que cada barrio pueda funcionar como una unidad autosuficiente, con acceso a servicios y oportunidades, reduciendo así las desigualdades territoriales. Esto implica a su vez, fortalecer las economías locales y los vínculos comunitarios, fomentando la interacción social y el sentido de pertenencia, recuperando o recreando así la vida de barrio, aprovechando al máximo su entorno inmediato.
Resulta novedoso y estimulante ver que esta propuesta de “Política Urbana de Ciudad de Proximidad”, ha sido acogida por la Alcaldía Quito, y que su implementación no solo es una respuesta a los grandes y graves desafíos urbanos contemporáneos, sino también la ocasión histórica y oportuna de construir una ciudad a escala humana.
Una política de Proximidad que llega a Quito
La Proximidad como política de desarrollo urbano está empujando a los gobiernos de las ciudades y a urbanistas, a distribuir mejor los servicios, los espacios verdes, las escuelas, los centros de salud, etc., en una lógica de fortalecimiento de las capacidades Policéntricas, con miras a generar unas cadenas de producción, distribución y consumo, de vecindad y de cercanía.
Cuando las personas consumen productos y servicios en su entorno cercano, impulsan la economía local, apoyando a los pequeños comercios y emprendedores, lo que genera empleo y riqueza dentro del propio barrio (Carlos Moreno,2020).
Las ciudades basadas en la proximidad contribuyen de igual manera a reducir las emisiones de carbón, generando espacios más amigables con el cuidado del ambiente, colocándose en una mejor posición para hacer frente a las crisis climáticas, energéticas y sociales. En línea con esta medida, la Alcaldía de Quito firmó un acuerdo (mayo 2025) que contempla 14 medidas concretas para avanzar hacia la descontaminación del río Machángara, en un proceso de reparación histórica.
El Machángara es uno de los principales ríos que atraviesa la ciudad, su recuperación contribuirá a mejorar la biodiversidad, restaurar ecosistemas urbanos degradados y revalorizar zonas ribereñas que hoy están deterioradas. Esta política permitirá convertir al río en un espacio público de calidad, con senderos, parques lineales y zonas recreativas, mejorando la calidad de vida de las y los quiteños.
En muchas ocasiones, señala Carlos Moreno (2020), las ciudades parecen no estar preparadas para garantizar el acceso equitativo a servicios esenciales, con distancias caminables o cicleables, sin embargo, a través del acompañamiento y el trabajo llevado a cabo en las distintas ciudades, ha podido constar que, con voluntad y compromiso político, sí es posible.
Por ejemplo, en el caso de Quito[1], en estos 2 años de gestión, se ha podido activar el Metro, permitiendo una importante reducción de los traslados (Quitumbe a El Labrador, en aproximadamente 35 minutos), generando más tiempo libre para la familia, el estudio y el esparcimiento.
Se trata de la activación de un medio de transporte público, que contribuye a descongestionar las principales vías de la ciudad (como la Av. 10 de Agosto, Av. América, Av. Maldonado, etc.), así como a reducir el uso del vehículo privado, mejorando la fluidez del tránsito, disminuyendo al mismo tiempo la contaminación ambiental.
Para complementar y fortalecer la movilidad sostenible, el mes de marzo 2025, la ciudad capital vio la incorporación -después de 20 años-, de 60 nuevos trolebuses eléctricos, con lo cual se evitarán 8.700 toneladas de Co2 al año, equivalentes a sembrar 400 mil árboles en un año, o a 4 mil vehículos livianos fuera de circulación.
La proximidad en nuestros días ya no es solo una cuestión de búsqueda de ecomovilidad, sino también de una urgente necesidad de reactivación del entorno, ya que con parques, farmacias, gimnasios, mercados, plazas, se recuperan y fortalecen los espacios habitables, reafirmando al mismo tiempo la vida con los vecinos, con la comunidad, a través de actividades múltiples que pueden realizarse sin desplazamientos largos, con lo cual la gente puede recuperar su tiempo y favorecer el equilibrio entre vida personal y laboral.
En lo que va de estos 2 años de gestión de la ciudad, el proyecto Quito Renace de la Alcaldía de Quito ha podido recuperar y mejorar 542 parques como el Metropolitano de Calderón, el Metropolitano Carollo, el Metropolitano Bicentenario Fase 1, La Alameda, Alexander Wandemberg en Ponceano, Santa Ana en la Villaflora, entre tantos otros.
Recuperar la vida de Barrio, hacerlos vivos, recobrar las veredas, las plazas y los parques como un espacio social, lograr una activación multi-uso en los diferentes espacios e infraestructuras, forma parte del proyecto de un nuevo urbanismo centrado más en la calidad de vida de la gente.
En esa línea, Quito, como tantas otras ciudades de la región, ha adoptado medidas de urbanismo táctico, como las que se pudo apreciar en el año 2024 (diciembre), con los trabajos realizados en la calle Benalcázar, en el Centro Histórico, en donde se ampliaron las aceras para favorecer la peatonalización y la colocación de árboles, para ganar sombra, así como también, se incrementaron las luminarias para mejorar la seguridad y el confort en la noche.
Todas estas medidas nos recuerdan que el progreso de una ciudad se puede medir en la capacidad que tenga de transformar los modelos urbanos que deshumanizan la vida, priorizando y anteponiendo el bienestar y la calidad de vida como una política prioritaria, que contribuye a reconfigurar la ciudad, mejorando la oferta de servicios y el confort de las personas.
Todas estas acciones reafirman que otra forma de organización del espacio urbano sí es posible, y que se puede y se debe esperar una transformación más extensa y profunda en los próximos años.
Frente a un modelo urbano que produce exclusión social y espacial, la política de Proximidad se convierte en una herramienta de equidad territorial, con capacidad de reducir desigualdades.
Rural-Urbano, una relación de Proximidad en el Distrito Metropolitano de Quito (DMQ).
Aquí cabe recordar al pensador latinoamericano, Bolívar Echeverría (2013), en su obra: “Modelos elementales de la oposición campo-ciudad”, cuando señalaba que uno de los grandes problemas de las ciudades latinoamericanas, en su forma burguesa capitalista de mal desarrollo, ha sido su tendencia a disfrazar e invisibilizar su dependencia del campo.
Las ciudades en nuestra región se han ido desarrollando, a partir de una erosión permanente de las formas comunitarias de la vida en la zona rural. Con una pretendida simulación de vida autónoma, la ciudad se esfuerza por ocultar las condiciones de producción en el campo (Echeverría, 2013).
Frente a esta histórica realidad latinoamericana, en donde Quito no es la excepción, para Carlos Moreno (2020), como para Anne Hidalgo y ahora para la Alcaldía de Quito, es urgente mejorar la conectividad entre áreas rurales y urbanas, fomentando y fortaleciendo las economías locales, incentivando el consumo de productos orgánicos, para apoyar a los agricultores y productores rurales.
Promover y favorecer el consumo de productos locales y orgánicos, permite que la ciudad de Quito reduzca su dependencia de alimentos importados, contribuye a mejorar los ingresos de los pequeños productores y les genera un mercado estable, fortaleciendo la economía de las familias rurales, permitiendo que lleven una vida digna en sus territorios, evitando la migración forzada a la ciudad y preservando sus culturas y sus saberes ancestrales.
La propuesta de Proximidad va entonces en sentido contrario de la tendencia histórica de la región, involucrando a las comunidades rurales a través de programas educativos, facilitando el intercambio de conocimientos, tecnologías y recursos, entre las áreas rurales y urbanas, para mejorar la productividad, incorporando valor agregado, tecnologías, sostenibilidad, con el fin de implementar prácticas agrícolas capaces de preservar los ecosistemas rurales y satisfacer las necesidades urbanas.
La política de Proximidad fomenta circuitos cortos de comercialización (como ferias, mercados agroecológicos o compras directas), refuerza el vínculo entre lo urbano y lo rural, permitiendo que los habitantes de Quito valoren más el origen de lo que consumen, puesto que los productos orgánicos son más saludables, contienen más nutrientes y menos residuos químicos, reduciendo el riesgo de enfermedades no transmisibles como la obesidad, la diabetes y ciertos tipos de cáncer.
De esta manera, la política de Proximidad no solo mejora la calidad de vida, sino que promueve un desarrollo más equilibrado entre lo urbano y lo rural.
Conclusión:
Esta propuesta internacional, que opera ya en varias ciudades del planeta y que ahora llega a Quito, busca en palabras de Saskia Sassen (2020), transformar la forma en que habitamos las ciudades. Pone énfasis en el derecho a vivir en una ciudad que sea accesible, con espacios públicos seguros, agradables y confortables.
Implementar la política de Proximidad, o de 15 minutos, representa una oportunidad estratégica para transformar el modelo urbano actual, hacia uno más equitativo, sostenible y eficiente. Quito puede Renacer de esta manera, sumando esfuerzos para que las y los ciudadanos puedan acceder a servicios esenciales, en un radio cercano a su hogar.
En un contexto como el de Quito, donde la expansión desordenada y los contrastes urbanos son evidentes, la ciudad de proximidad no es una alternativa, sino una necesidad urgente para avanzar hacia un desarrollo urbano más justo, inclusivo y ambientalmente responsable.
Datos cuantitativos, Mateo Pozo Mantilla, Analista Alcaldía Metropolitana de Quito, (abril-2025).



