Favor con favor se paga. Donald Trump le debe buenos favores a Elon Musk -el hombre más rico del mundo dueño de una fortuna calculada en 350 mil millones de dólares-, por su abierto apoyo financiero como principal donante en la última campaña que llevó a la Casa Blanca al actual presidente de los Estados Unidos. Elon es hoy un asesor ad honorem en el gobierno de Trump, pero a cambio recibe favores en retribución a su aporte de centenares de millones de dólares a la campaña presidencial de su amigo Donald.
Los favores de Musk al candidato Donald Trump, hoy presidente de la potencia capitalista del norte, comienzan a ser retribuidos desde ya -porque no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague-, y la retribución consiste en que todos los autos que se venden en Estados Unidos que se ensamblan con componentes provenientes de Canadá y México van a costar 25% más, y como se conoce, todos los automotores que se comercializan en Estados Unidos de las tres principales automotrices General Motors, Ford y Chrysler se fabrican con autopartes importadas de México y Canadá. Por tanto, desde el 2 de abril, los aranceles impuestos por Trump a esos dos países a su vez encarecen a los autos estadounidenses en el mercado de los Estados Unidos, situación que representa un enorme favor a Elon Musk.
GM, Ford y Chrysler no pueden fabricar autos prescindiendo de las autopartes canadienses y mexicanas, aun cuando quisieran hacerlo para eludir los aranceles porque tendrían que montar una planta automotriz autónoma que, al menos, demora en ponerse en funcionamiento unos cinco años. Por tanto, los gigantes automotrices estadounidenses -GM, Ford y Chrysler- no tienen otra alternativa que pagar los impuestos y vender sus autos un 25% más caros.
Sin embargo, existe una empresa automotriz que en los Estados Unidos fabrica automóviles de manera autónoma, sin ningún componente extranjero, esa empresa es Tesla con sede en Austin, Texas, que produce vehículos eléctricos. Dicha compañía es propiedad de Elon Musk, principal accionista y director ejecutivo, la misma que puede competir con una enorme ventaja en el mercado automotor norteamericano, puesto que no importa autopartes grabadas con aranceles del 25%. Un gordo favor sobre ruedas de Trump a su amigo Elon.
Los aranceles y la guerra comercial
Los aranceles son impuestos que se aplican a los productos importados en un país para proteger la industria local. Trump busca hacer crecer la producción nacional porque en los últimos cuarenta años muchas empresas estadounidenses se mudaron a México y China, donde producen con mano de obra más barata. Trump quiere que esas empresas vuelvan a los EE.UU y así se generen más trabajo para los estadounidenses.
Además, los aranceles son una forma de presión política para obligar a otros países a negociar con EE.UU en mejores condiciones, incluido países socios y amigos. Ese es el caso de China, país al que se le aplica un arancel inicial del 10%, y al que finalmente se terminó aplicando un 25% sobre el acero y aluminio y duplicó al 20% los impuestos sobre el resto de productos chinos. En los recientes días Trump ha manifestado que “no necesitamos juguetes chinos, ni muñecas ni otros”, sentenciando que si los niños y niñas deben jugar con dos juguetes y no con treinta, deben acostumbrase hacerlo y para eso los vamos “reeducar”, ha dicho el mandatario norteamericano.
China respondió aplicando un 15% de aranceles a productos estadounidense como carne de res, cerdo y soya e impuso desde abril un 34% a los productos de los Estados Unidos, cifra que luego ascendió al 84%, decisión adoptada en el contexto de las medidas de Trump de aplicar 10% a todos los países y un 50% adicional China que, finalmente, ascendió a 145% de aranceles a las importaciones provenientes del país asiático. Lo que inició como una estrategia comercial derivó en presiones diplomáticas y una creciente incertidumbre en los mercados que compromete la estabilidad económica internacional, y las reacciones no se hacen esperar.
El empresario estadounidense Warren Buffett salió al paso a la política de aranceles de Trump, calificándola de “un gran error”. El magnate afirmó que “no creo que sea correcto y no creo que sea sabio”, aplicar una política errada, “cuando tienes 7.500 millones de personas en el mundo que no te aprecian mucho y tienes 300 millones que se jactan de alguna manera de lo bien que lo has hecho”. Buffett advirtió que “cuando más prospero sea el resto del mundo, más prósperos seremos y más seguros nos sentiremos y se sentirán nuestros hijos algún día”.
El multimillonario señaló que «no hay duda de que el comercio puede ser un acto de guerra, pero el comercio no debe ser un arma». La influyente opinión de Buffett ha generado inquietud en esferas del poder en los Estados Unidos, país que según el magnate está cometiendo una “imprudencia fiscal” que podría erosionar el valor del dólar: “realmente no invertiremos en una moneda que se está yendo al infierno”, sostiene el millonario, concluyendo que el valor de una divisa puede ser “algo aterrador” cuando los gobiernos actúan de forma irresponsable. Buffett sentenció que las políticas fiscales de Washington parecen cada vez diseñadas para debilitar el dólar, en lugar de protegerlo. En tanto, desde la Casa Blanca, Trump continúa conduciendo la economía del país como una jugarreta sobre ruedas.



