De todas las revoluciones las que provienen del poder son las menos populares. La revolución es esencialmente un acto de los pueblos antagónico a los poderes que suelen imponer la revolución desde arriba.
La revolución desde arriba fue una expresión acuñada por el líder del Partido Liberal Conservador español, Antonio Maura, con la cual aludía al régimen de la Restauración que aplicó durante su primer “gobierno largo”, allá por los años 1907-1909 que no completó ante su caída, consecuencia de la crisis provocada por su apoyo a la monarquía de Alfonso XIII, bajo la proclama: “Ya no hay tiempo ni para el orden ni para el método, no se puede ir con parsimonia en la realización de la obra, hay que hacer la revolución desde el Gobierno, porque si no, se hará desde abajo y será desoladora”. La “revolución desde arriba” era, junto con “monarquía de ciudadanos” una “democracia conservadora”.
La historia suele repetirse también como farsa, analógica y atemporal, tal es así que actualmente la nueva era de Donald Trump es lisa y llanamente la última manifestación del lema político neoliberal de los años 80 de “la avaricia es buena”, impuesto por una revolución desde arriba. Esta trama política estadounidense bajo el régimen de Trump supone el nacionalismo y aislacionismo extremos que ubica al imperio del norte en una trayectoria de colisión con otras potencias mundiales igualmente hegemónicas.
Al interior del imperio el proteccionismo económico de Trump contrasta con el relato librecambista de Reagan, a quien el actual mandatario norteamericano admira como a un líder ejemplar, inspirado por los chicagoboys, Milton Friedman y Friedrich Hayek, restauradores de la corriente liberal del siglo XIX que promovía el libre mercado, libre de regulaciones gubernamentales y una drástica reducción del Estado. Estrategia acompañada de una abierta subestimación del papel vital del Estado en el sostenimiento de una moderna economía de mercado. Curiosamente en los años cincuenta la escuela de Chicago subestimó la política de libre mercado que se oponía a los oligopolios y monopolios, convirtiéndose en una inspiración para Reagan en su abierta concesión a las grandes corporaciones.
En la segunda revolución de Trump su mandato no tiene las ataduras del primer mandato, ahora cuenta con un voto popular mayor que sus oponentes y su equipo impulsa un programa radical, con el control de ambas cámaras del Congreso y la Corte Suprema. Están dadas las condiciones para una revolución de derechas desde arriba.
Esta revolución superestructural no tiene antecedentes en los Estados Unidos y amenaza con desmantelar las instituciones democráticas liberales de las que tanto se ufanan los norteamericanos, y provocar una inevitable desestabilización política global.
Se trata de una revolución que nos afecta a todos, al mundo que hemos visto instaurarse y a todo aquello que hemos dado por sentado, desde la victoria bélica sobre el fascismo en 1945.
El mundo hoy se pregunta ¿cómo pudo llegar Estados Unidos a elegir a un delincuente convicto acusado de querer anular las elecciones? La respuesta habrá que ir a buscarla en la inspiración del lema neoliberal de los años 80, “la avaricia es buena”. O en aquellos rasgos subyacentes en las raíces del autoritarismo, las limitaciones del socialismo y la crisis de la izquierda. Una cuestión flota en el aire: ¿el neoliberalismo condujo a la elección de Trump? Producto de que el término amplió su significado, se volvió polisémico y todo aquel que apoye el mercado es tachado de neoliberal.
EE.UU está en medio de una revolución total. En política nacional, exterior y económica. Trump busca convencer al mudo de que Estados Unidos es una potencia que inexplicablemente no impone todo su poder en beneficio propio, financia guerras inútiles y es objeto de abuso de socios, aliados y amigos. Para revertir esa situación, impone una revolución desde arriba con una economía abierta que castiga con aranceles e impuestos, en esa estrategia está dispuesto a recurrir a todos los medios, chantaje político y amenaza militar, en eso consiste la revolución de Trump.
Otro rasgo de la revolución económica neoliberal impuesta desde arriba es el rechazo a la economía mixta con presencia del sector privado y sus mercados junto con la regulación pública y planificación estratégica; sin considerar que esta fórmula se encuentra entre las de mejor desempeño en el mundo.
Al final del día, la cualidad definitoria de la revolución desde arriba es su profundo desprecio por la democracia, condición sine qua non para la anhelada prosperidad y para contener cualquier derivación hacia una dictadura, preservar los derechos humanos, fomentar el consenso y la tolerancia. La democracia reduce las declaraciones de guerra y la violencia. La democracia es la matriz donde se gestan los procesos plurales de liberación popular, dinámica naturalmente opuesta a la revolución desde arriba.



