Si preguntamos al hombre o la mujer común de este país que votó por Daniel Noboa en la segunda vuelta electoral – dicho sea de paso, influido por la campaña del miedo infundido al correismo-, ¿qué parte del Plan Económico del gobierno que apoyó con su voto, le parece más beneficioso? Es posible que no obtengamos respuesta. Candidato demagogo o voto irreflexivo, ambas cosas tal vez.
Resultado de una campaña en la cual, a vista de algunos observadores, se dio un complot desde las esferas del Ejecutivo para neutralizar a su contrincante y, finalmente, hacerse con el poder por cuatro años sucesivos. Un contubernio que implicó la cooptación de todas las instituciones del Estado en capacidad de brindar soporte a una orquestación política electoral destinada a ganar las elecciones. Ante la objeción de los resultados por parte de la candidatura derrotada, la Organización de Estados Americanos, OEA, aceptó investigar las supuestas irregularidades.
Ausencia de propuestas
La campaña en acción se caracterizó porque las propuestas concretas en materia económica brillaron por su ausencia, salvo la mítica “defensa” de la dolarización, realidad económica consolidada en el país, que no necesita defensores sino inversiones y producción de bienes de consumo.
No obstante, revisando el llamado Plan de Desarrollo para el Nuevo Ecuador aprobado en febrero del 2024 por el Consejo Nacional de Planificación, encontramos que se trata del “instrumento que establece las directrices políticas y administrativas para el diseño y aplicación de la política pública en Ecuador, a través del cual se ejecutan las propuestas presentadas en el plan de Gobierno del presidente de la República, Daniel Noboa”.
El eje relacionado con la economía contiene tres objetivos, 19 políticas y 28 metas. Entre los objetivos destacan “estimular el sistema económico y de finanzas públicas para dinamizar la inversión y las relaciones comerciales”, “fomentar de manera sustentable la producción mejorando los niveles de productividad” e “incentivar la generación de empleo”. Entre las metas se propone “incrementar la inversión extranjera a USD 846,10 millones al año 2025”, aumentar la tasa de empleo adecuado a 39,09% en el año en curso.”
Daniel Noboa pretende continuar el plan de gobierno que ha impuesto hasta ahora, con ejes tales como la dolarización, el apoyo a pequeñas y medianas empresas, y la cooperación internacional de países -Estados Unidos y Canadá-, sin embargo, en su plan de gobierno sus estrategias no son claras.
Ante la ausencia de mecanismos concretos que diluciden el cómo se lo va a lograr, el plan se traduce a una declaratoria de intenciones abstractas: proteger la dolarización e impulsar el sistema financiero nacional, fomentar la industria. Ampliar las exportaciones a través de acuerdos multilaterales. Aumentar sanciones a la evasión tributaria y crear incentivos fiscales para las empresas.
Observadores económicos, como Walter Spurrier, señalan que el presidente Noboa enfrenta diversos dilemas: una posible moratoria de la deuda externa, disminución de precio del petróleo y disminución del riesgo país. El gran desafío de Noboa es aprovechar el momento de buenas relaciones con el FMI y aprobar un desembolso de 1.300 millones de dólares, y que el BID y BM, además, “nos ayuden”. La alternativa más viable es que el gobierno echará mano al endeudamiento externo y seguirá recurriendo al FMI en estos cuatro años.
Una paradójica situación se genera a partir de las decisiones de Donald Trump -principal aliado del gobierno de Noboa- que entre sus decisiones de optimizar la economía estadounidense adoptó medidas que generan recesión económica mundial al aplicar aranceles comerciales, entre el 10% y el 120%, a diversos países del mundo provocando también la caída del precio internacional del petróleo a un promedio de 50 dólares por barril.
El gobierno de Ecuador se siente “beneficiado” con la medida que nos daría “ventajas” sobre nuestros competidores comerciales gravados con mayores impuestos que a nosotros.
Esta coyuntura internacional tiene sus bemoles que se reflejan en una crítica situación nacional que deberá enfrentar Noboa. Frente a la caída del precio del petróleo, el país debe asumir una reducción de su producción petrolera (de 450 mil barriles diarios) debido a una insólita decisión electoral de poner fin a la producción del ITT, con ingentes costos por desmontar la infraestructura petrolera existente en la región. Así el país reducirá su exportación hidrocarburífera y obtendrá menos recursos por la venta de petróleo que lo que obtiene en la comercialización internacional de camarones. No es difícil colegir que la solución para el crecimiento económico del país está en la opción de más minería y más petróleo.
El déficit fiscal del país bordea los diez mil millones de dólares, luego de que Noboa recibió un déficit de 6.000 millones. Para reducir el déficit fiscal el gobierno debería simplificar el sistema tributario, aplicar menos impuestos y más eficientes, y el Impuesto a la Renta debe redundar en mayor ingreso y menos evasión, señalan los especialistas que sugieren “un sistema de tributación diferenciada” y destapar todas las trabas que existen para que haya inversión privada.
El gobierno, adicionalmente, se verá en la necesidad de imponer reformas estructurales “para no restringir la inversión privada en sectores estratégicos” (en tanto, la inversión extranjera directa cayó en un 30% en el 2024 respecto del año anterior, en el gobierno de Noboa).
Las reformas estructurales tendrán que darse con reformas constitucionales en una Asamblea Constituyente, con riesgo a perderse en un plebiscito. Para ello el país requiere que el presidente Daniel Noboa diga a dónde va a llevar el país y cuáles son los objetivos que estimulan la inversión.
Realidad Nacional
El régimen enfrenta una compleja situación producto de la actual realidad nacional. El país tiene graves taras como son el desempleo del 3,5% y un empleo adecuado del 35,4%, con una tasa de inflación anual del 0,31% anual. Luego de un año 2024 marcado por la incertidumbre y diversos ajustes fiscales, la perspectiva económica del Ecuador para el año 2025 es escasamente positiva. El país no ha mejorado las condiciones laborales: apenas un 30 por ciento de la población tiene un empleo adecuado; la mayoría con el salario básico. Hay 4.3 millones de personas que sobreviven con menos de tres dólares al día, según el INEC. El Estado tiene un déficit de unos 5.000 millones de dólares cada año.
Con este panorama, ¿cómo podría Ecuador salir de la crisis?
La coyuntura actual y los problemas estructurales que enfrenta Ecuador pondrán a prueba la capacidad y el conocimiento del mandatario para adoptar medidas inteligentes, viables y con el menor costo social posible en un país que experimenta el 2% de decrecimiento económico, motivado por varios factores como la disminución del consumo de los hogares, el descenso del gasto del gobierno y la poca inversión tanto en el sector público como en el privado. Un factor determinante para estas cifras en rojo fue la llamada crisis energética, que en algún momento del año anterior condenó a la población sin luz por más de ocho horas al día. Ecuador mantiene una inflación del 0,3% gracias a la dolarización, con una ostensible merma en la inversión privada de la cual depende la generación de empleo, la dinámica de la producción industrial y, en última instancia, la propia dolarización.
Perspectivas futuras
En el ámbito político el panorama no es más auspicioso, si bien es cierto que el gobierno pudiera tener una mayoría coyuntural en la Asamblea Nacional, no es tiempo de reconciliaciones, precisamente por esa mayoría que le permitirá emprender todo tipo de reformas.
No obstante, el camino al infierno está plagado de buenas intenciones. Noboa aumentó el Impuesto al Valor Agregado (IVA) del 12 al 15%, también redujo el subsidio para las gasolinas Extra y Ecopaís. Las medidas incrementaron los ingresos del Estado, pero disminuyeron el poder adquisitivo de la población.
El BCE proyecta un crecimiento de 2,8% con una recuperación relativa del consumo de los hogares por el crédito ampliado a diversos sectores. También se augura un mejoramiento de las exportaciones agrícolas y no petroleras. La relativa estabilidad económica que se espera y las eventuales reformas económicas estimularían la inversión privada.
Los retos del régimen -según los expertos- seguirán siendo la inseguridad, el alto crecimiento de la deuda y el estancamiento de la economía en un promedio del 2%. El precio del barril de petróleo ecuatoriano oscilara en torno a los 43 dólares, por debajo de lo calculado en el presupuesto de la nación. A esto hay que sumar el 10% de arancel para las exportaciones al principal mercado internacional del Ecuador. Todo este panorama configura un futuro no del todo auspicioso.
A manera de conclusión podemos señalar que Ecuador enfrenta cinco retos claves:
Escasa generación de empleo: En Ecuador hay 2,8 millones de personas con empleo adecuado y más de 300 mil en el desempleo. Al menos 4,5 millones permanecen en la pobreza y sobreviven con menos de tres dólares al día.
Elevado déficit fiscal de alrededor del 5% del PIB (Producto Interno Bruto), lo que obliga a “mejorar” los subsidios con un riesgo país elevado que dificulta el acceso ecuatoriano al mercado internacional de capitales.
Nula inversión extranjera: en 2004 la inversión extranjera directa cayó un 30% por la desconfianza en nuestro país del inversionista foráneo (país muy riesgoso).
Sector estratégico en crisis: Sin crecimiento de la producción petrolera diaria y con reducción de la producción del ITT.
Elevado gasto publico burocrático: Gobierno tendrá que revisar el volumen del sector estatal y esto generará descontento social por pérdida de empleos y servicios públicos. Adicionalmente el régimen tiene comprometidos ingentes recursos en los llamados bonos que deberán ser reducidos.
En el ámbito politico las perspectivas no son del todo auspiciosas. El gobierno se verá obligado a adoptar medidas económicas antipopulares a cuenta de reactivar la economía como eliminar subsidios a los combustibles, subir IVA, reducir gasto público en salud, educación y burocracia -que son las típicas medidas neoliberales que ya conocemos-, que generan descontento social y protestas.
Deberá ampliar frontera petrolera con inversión transnacional lo que generará conflictos sociales con sectores y comunidades indígenas amazónicas y rechazo del activismo ecologista.
Régimen intentará reformas constitucionales al sistema laboral y tributario, lo que generará rechazo por pérdida de derechos laborales y sociales. Noboa planteará una Asamblea Constituyente para reformar políticamente la Constitución del 2008 y acabar con derechos constitucionales, lo cual generará un enfrentamiento social inevitable y la consecuente criminalización de la protesta popular.
Para reducir déficit fiscal recurrirá al financiamiento del FMI, BM y BID a cambio de la imposición de estos organismos de aplicar políticas neoliberales en lo económico y social, agudizando el descontento popular. Se podría producir un agudizamiento de la crisis social por reducción de servicios de salud y educación y el incumplimiento de las ofertas de campaña de bonificación a la pobreza. Sector cultural sucumbirá bajo la crisis generalizada. Habrá un aumento de la inseguridad social, irrespeto a los derechos laborales, discriminación económica de género y ausencia de nuevas oportunidades para juventud. Se aplicarán paliativos mediante política de bonificación de la miseria con bonos de pobreza ofertados en campaña para generar sensación de populismo. No se descarta una movilización ciudadana de protesta ante las medidas económicas con una fuerte respuesta represiva oficial ante la protesta social que será criminalizada.
Pese a que el ánimo del país es el de trabajar en paz para obtener prosperidad, entramos en la economía del miedo y la mendicidad en el nuevo viejo Ecuador del discrimen, el subdesarrollo y la injusticia social. Es de esperar que las buenas intenciones venzan lo que parece ser lo peor que está por venir.



