Por C. I. Vigletti
La segunda vuelta electoral del 13 de abril de 2025 marcó un hito en la configuración del poder político en Ecuador. Lejos de representar una continuidad institucional, el evento consolida una arquitectura de poder centrada en la figura de Daniel Noboa y un entorno familiar que articula decisiones estratégicas en lo político, económico y comunicacional. Este artículo propone una lectura científica de la coyuntura reciente desde una perspectiva crítica, analizando la captura institucional, la utilización electoral de recursos estatales, el debilitamiento del sistema electoral y el surgimiento de un populismo tecnocrático que emula experiencias como las de Bukele en El Salvador.
Emergencia de un poder familiar: el rol de Anabella Azín
La presencia de Anabella Azín, madre del presidente Noboa, como asambleísta nacional y operadora clave del oficialismo, refleja una configuración de poder de tipo neoclánico. Su papel no se limita a la gestión legislativa, sino que abarca la articulación de acuerdos políticos, la mediación con bloques minoritarios y la protección del cerco mediático del Gobierno. Esta modalidad de poder familiarizado y patrimonial remite a una tradición de gobernanza personalista donde las líneas entre lo público y lo privado se diluyen.
Asesoramiento externo y exportación de modelos regionales
Diversos reportes periodísticos han identificado la participación de asesores vinculados a la campaña de María Corina Machado (Venezuela) en la estrategia electoral de Noboa. Este proceso de «transnacionalización del marketing electoral» introduce técnicas de guerra política, digitalización del miedo y deslegitimación sistemática del adversario político, lo que se enmarca en una lógica de desestabilización de la oposición a través de la hiperconectividad y la posverdad.
Mutaciones en el sistema electoral y ausencia de controles
La segunda vuelta de 2025 fue precedida por una modificación parcial del software electoral, sin auditorías independientes ni observación internacional acreditada. Este cambio se produce en un contexto de erosión de confianza institucional en el Consejo Nacional Electoral (CNE) y en el Tribunal Contencioso Electoral. La victoria de Noboa por más de once puntos porcentuales contradice los patrones territoriales de la primera vuelta y las proyecciones de boca de urna, lo que ha generado cuestionamientos sobre la transparencia del proceso.
Populismo de emergencia y uso de recursos sin control
Durante la campaña de segunda vuelta, el Ejecutivo decretó el estado de excepción en ocho provincias bajo el argumento de enfrentar amenazas de seguridad. Paralelamente, se entregaron bonos económicos a distintos sectores (fuerzas armadas, agricultores, madres solteras, becas estudiantiles), muchos de ellos sin respaldo presupuestario aprobado por la Asamblea Nacional. Este fenómeno se enmarca en lo que podría denominarse populismo de emergencia, donde se habilitan transferencias discrecionales bajo la narrativa del combate al crimen.
Asamblea fragmentada y voto bisagra
El resultado legislativo posterior a la elección muestra un equilibrio inestable entre los bloques de ADN y Revolución Ciudadana, con el peso decisivo de sectores minoritarios (Pachakutik, independientes, regionalismos). Esta situación obliga al Gobierno a recurrir a métodos extra legislativos (decretos-ley, consultas populares) para imponer su agenda, en un contexto de creciente judicialización de la política y debilitamiento de la deliberación democrática.
Tres escenarios prospectivos
Consolidación autoritaria: Noboa profundiza su modelo con respaldo popular, reformas constitucionales y control total del aparato del Estado.
Crisis de gobernabilidad: La imposibilidad de sostener el gasto populista sin respaldo económico provoca una crisis fiscal y movilizaciones sociales.
Rearticulación progresista: La oposición logra reorganizarse, capitalizando el malestar social y generando un bloque alternativo con base popular.
Conclusión
El Ecuador se encuentra ante una encrucijada. La aparente modernización y eficiencia del gobierno de Noboa oculta un proceso de captura institucional, regresión democrática y concentración del poder en clan familiar. La deriva tecnocrática, autoritaria y comunicacional del nuevo oficialismo reproduce patrones ya observados en otros países de la región. La comunidad académica, los organismos de derechos humanos y la sociedad civil deben permanecer atentos y activos ante este giro silencioso del sistema democrático ecuatoriano hacia una gobernabilidad sin contrapesos, sostenida en el miedo y el espectáculo.



