La relación histórica entre el Estado y la Cultura no ha sido una relación fácil. La correspondencia se da en varios niveles, desde la política cultural hasta el desarrollo económico, y desde la identidad social hasta los derechos culturales. Para amplios actores sociales la cultura ha sido concebida fundamentalmente como una dimensión decorativa del resto de las políticas o del resto de las acciones que son consideradas relevantes.
No obstante, la realidad social no puede transformarse sin modificar los lenguajes sociales y la desigualdad no puede reducirse sin modificar concepciones y clasificaciones acerca de las ideas sobre “nosotros” y “los otros”. Sin embargo, no falta quienes promueven la idea de una cultura inocua, sin ideologías, es decir, sin una concepción del mundo. Esta peregrina idea concebida por el neoliberalismo cultural que quiere soslayar la responsabilidad ideológica de su hegemónica pretensión de imponer el neoliberalismo, precisamente, como una cultura, es una flagrante mentira.
Los cambios económicos y políticos solo pueden ser perdurables cuando se enraízan en profundas transformaciones culturales, según los cuales en la visión de Néstor García Canclini la cultura se concibe “como un tipo particular de producción cuyo fin es comprender, reproducir y transformar la estructura social, y luchar por la hegemonía”.
A la luz de esta mirada global, la cultura comporta un conjunto de rasgos distintivos, espirituales, materiales y afectivos que caracterizan una sociedad o grupo social. La cultura engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales del ser humano, los sistemas de valores, creencias y tradiciones, según la concepción de la Unesco. Por tanto, su bagaje abarca aspectos como la religión, la moral, las artes, el protocolo, la ley, la historia, la política y la economía. El término se utiliza para referirse a las distintas manifestaciones del ser humano y, según algunas definiciones, todo lo que es creado por el humano es cultura. ¿Como puede, entonces, la cultura existir desprovista de ideología?
Consecuentemente los elementos de la cultura incluyen valores que guían el comportamiento de los individuos. Normas y sanciones que rigen la sociedad. Creencias o el conjunto de ideas que comparten los miembros de una cultura acerca del mundo. Símbolos y emblemas que representan modelos de vida, ideologías y tradiciones ancestrales. Lenguaje o código mediante los cuales se verifica la comunicación. Y la tecnología o conocimientos para mejorar producción de bienes.
Es oportuno distinguir, junto con el escritor Abdón Ubidia, tres tipos de cultura: Cultura culta o de élite que se sostiene desde las altas esferas de poder dentro de la sociedad. Cultura popular o conjunto de manifestaciones culturales de un pueblo. Cultura de masas o representaciones culturales difundidas por los medios masivos de comunicación.
Uno de los momentos más dramáticos en la historia de la relación Cultura-Estado tuvo lugar cuando se atribuyó erróneamente al ministro de propaganda nazi, Joseph Goebbels, la frase: “Cuando oigo la palabra ‘cultura’, echo mano a mi pistola”. De hecho, tal afirmación sí procede de otro autor nacionalsocialista, Hanns Johst, pero la usa en su más famosa obra de teatro, Schlageter, precisamente para ridiculizarla. Esta afirmación tuvo lugar en el contexto de 1933, cuando la Cámara de Cultura del Reich, formada por las Cámaras de Cine, Música, Teatro, Prensa, Literatura, Bellas Artes y Radio del Reich, se dedicó a supervisar y regular todas las facetas de la cultura alemana. La estética nazi enfatizó el valor propagandista del arte y glorificó la vida rural, la “raza aria” y el heroísmo de la guerra. Esta ideología guardaba un marcado contraste con el arte innovador y moderno, como la pintura abstracta, denunciada como “arte degenerado”, “bolchevismo artístico” y “bolchevismo cultural”.
La otra visión cultural
En la actualidad las relaciones entre la Cultura y el Estado no dejan de ser conflictivas. En un reciente articulo del promotor cultural Pablo Salgado, éste increpa a la ministra de Cultura del régimen, recordándole que su gestión no es comparable con las medidas adoptadas por el gobierno de la Revolución Ciudadana en “que la Constitución de la República, aprobada en 2008, garantiza los derechos culturales y laborales para todos los artistas y gestores, así como la libre creación, los derechos de la naturaleza, el acceso de todos los ciudadanos a la cultura, y la conservación y puesta en valor de nuestros patrimonios. Además, se reconoció el Estado plurinacional como una forma de asumir la diversidad cultural del país y de respeto a los pueblos originarios».
Salgado continúa: «Es el gobierno de la RC el que creó, en 2007, el Ministerio de Cultura, intentos de creación que no habían prosperado en gobiernos anteriores. Y como resultado de una propuesta de gestión de gobierno y de políticas públicas -enmarcada en el Plan Nacional del Buen Vivir- se creó el Sistema Nacional de Cultura, para fortalecer y consolidar la gestión cultural en todo el país, y de modo desconcentrado y descentralizado. Sistema Nacional que su gobierno y los dos anteriores, de Lenín Moreno y Guillermo Lasso, han desmantelado. Y en este marco del Sistema Nacional de Cultura, se crea también el Museo Nacional, MUNA, del que fue su directora”. Salgado le recuerda, además, a la ministra de Cultura que en el gobierno de la Revolución Ciudadana se procedió a la creación de cuatro universidades, restauración de teatros, se creó el Sistema nacional de Festivales (…) Se promovió la lectura, se invirtieron por primera vez en la historia más de 450 millones de dólares en conservación patrimonial. También el gobierno de la RC entregó el primer aporte, de 3 millones de dólares, para que empiece a funcionar el Consejo Nacional de Cine, y luego su Fondo concursable que permitió que el Ecuador pasara de producir 1 película cada cinco años, a producir 38 películas, y más de 300 cortos y documentales al año. Y en total, en los diez años, 166 largometrajes con financiamiento a través del Consejo que, con la Ley orgánica de cultura, se convirtió en el Instituto de Cine y Creatividad Audiovisual, ICCA. Ministra, recuerde que mientras en el periodo 2000-2006 se habían invertido apenas 167 millones en el sector de cultura y patrimonio, en el periodo de la RC se invirtieron 1.687 millones de dólares. Como sabemos, es el Ministerio de Cultura el que, no solo incumple la Ley orgánica, sino que no ha generado políticas públicas. El mismo Ministerio de cultura sufrió una fuerte disminución presupuestaria: de los 53 millones que recibía en 2015, con la RC; a 16.8 millones en el 2020; para el 2023, 11.9 millones, y ahora a solo 14 millones. La Casa de la Cultura Ecuatoriana ha sufrido un recorte similar, de 17.9 millones del 2011 ha disminuido a solo 13. 5 millones, en el 2022; a 12 millones, en el 2023, y a apenas 11 millones, en este 2025. Ministra, el Ecuador necesita más libros y menos armas».

Progresismo y cultura
Consciente de que Ecuador “necesita cambiar de rumbo y entender que la cultura es también una notable herramienta para construir la paz”, con más presupuestos para educación y cultura, porque solo así volverá a ser un país de paz y de esperanza; de vida y no de muerte, la propuesta de la Revolución Ciudadana para la cultura, “abre caminos de creación, vínculo social, consolidación de la paz. La cultura, el arte, la interculturalidad, abren caminos de libertad individual y colectiva, espacios de creatividad colectiva y realización personal, espacios de consolidación de unidad en la diversidad, en las diversidades. Porque es necesario construir con la gente una cultura para todos y todas. Una cultura para la libertad y la democracia, una cultura en libertad y en democracia, desde los barrios, desde los grandes escenarios, desde las comunidades, desde las relaciones sociales, desde la fiesta, desde las diversidades, desde la vida misma que en la realidad actual del Ecuador es una lucha cultural contra la muerte. Se propone democratizar el acceso a la educación y garantizar el derecho a una educación pública de calidad y gratuita en todos los niveles educativos, desde el inicial hasta el tercer nivel universitario. El plan incluye la recuperación y fortalecimiento de las Unidades Educativas del Milenio (UEM), instituciones públicas experimentales consideradas de alto nivel, para que la población escolar de las zonas rurales pueda integrarse a ellas”.

Consecuente con la visión social de la cultura como un derecho al que todos y todas deben acceder, la campaña presidencial de la Revolución Ciudadana promueve la lectura como comportamiento ciudadano y el acceso al libro en todos los sectores sociales.
Un informe del escritor Kintto Lucas señala que “se han entregado 6.500 libros en Quito y 700 en Loja. Ahora se están compartiendo En distintas ciudades. Hasta el miércoles que viene se repartirán 20.000. Se comparten en las afueras de las universidades, colegios y en parques. Son libros literarios de autores y autoras ecuatorianos. Cómo Pablo Palacio, Iván Égúez, Abdón Ubidia, Huilo Rurales, Lucrecia Maldonado, Aminta Buenaño, Eugenia Viteri, Gilda Holst, María Eugenia Paz y Miño y muchísimos más.

Lucas constata que “los brigadistas conversan con la gente hablan de literatura, de política y el significado de Luisa y lo que fue el gobierno de RC para la cultura. Se han sumado muchos jóvenes que les gusta esta forma de hacer campaña: «Nosotros compartimos libros y lecturas, no muñecos de cartón», dicen jóvenes escritores y lectores que comparten miles de libros frente al Ministerio de Cultura en Quito, frente a las distintas universidades, frente a los colegios. Y agregan: «vamos a recuperar la cultura, la lectura, las artes, el teatro, el cine y la misma convivencia. Como ocurre ahora que compartimos libros en paz, conversamos de escritoras y escritores en paz, con esperanza. La cultura es paz y esperanza. Los jóvenes y la gente quieren a los libros, nos muestran que les gusta leer, pero no tienen dinero para comprarlos. Por eso es necesaria una política cultural, de lectura”.
Precisamente, hoy sábado 5 de abril tendrá lugar un gran compartir de cultura con libros, música y teatro en el Parque de Cotocollao en Quito, a las 10h de la mañana. Los libros fueron donados por la Campaña de Lectura Eugenio Espejo, fundación privada que trabaja por la lectura.
Ecuador enfrenta la gran oportunidad de cambiar las relaciones de la Cultura con el Estado a través del fomento cultural, respeto a los derechos culturales, designación de recursos necesarios y de proclamar, en la práctica, la independencia cultural creativa respecto del Estado.



