Por Julio Peña y Lillo E.
En Ecuador, el modelo neoliberal vigente en los últimos 8 años, se ha caracterizado por reducir el Estado, la inversión y el mantenimiento de los servicios públicos, dando la espalda a las necesidades fundamentales de amplios sectores de la población, que se ven cada día, sin oportunidades legítimas de desarrollo.
La grave crisis económica y social que vive el país, se ha agudizado aún más con el gobierno de Noboa. En el año 2024, el gobierno nacional, de manera negligente e irresponsable, invirtió tan sólo el 13,88% (USD 28,7 millones) de sus fondos asignados al sector de la salud. En el campo de la educación, la situación también fue lamentable, con una inversión del 16,36% (USD 72,7 millones) del presupuesto previsto. En el área de bienestar social, que abarca áreas críticas como inclusión económica y servicios sociales, el gobierno invirtió USD 15,9 millones, es decir, el 23,27% de sus fondos.
Como se puede apreciar, la necropolítica-neoliberal vigente en este gobierno, no ha tenido ningún empacho en recortar o reducir la inversión social, dejando a las grandes mayorías sin acceso a servicios básicos, aumentando la marginalidad y la exclusión en los sectores más vulnerables, en un país como Ecuador, que padece altos niveles de desigualdad, pobreza y violencia.
El gobierno de Noboa, pretende, como sugiere Vladimir Safatle (2019), que los ciudadanos individualicen la violencia, sin considerar, que no hay vida justa en un entorno de carencias generalizadas. Que en esto últimos años, la ausencia de gobierno, de Estado y de fortalecimiento de lo público, está reproduciendo individuos mutilados.
Con nuevas generaciones que no adquieren las habilidades necesarias para salir de la pobreza, en un país que cada vez tiene menos posibilidades de generar empleo formal, o atraer inversión extranjera. Con una deficiente inversión en salud, que se traduce en menos hospitales, equipos, medicamentos y personal capacitado, dando paso al incremento de enfermedades, o a la reducción de la esperanza de vida.
En este duro escenario que vive el país, la población más vulnerable se ve obligada a migrar, a abandonar sus familias y su tierra, o se ve tentada a incorporarse a las filas de las economías ilícitas, del crimen organizado; caldo de cultivo del crecimiento exponencial de la violencia y de la criminalidad. De ese Ecuador conocido anteriormente como Isla de Paz, queda muy poco. En el año 2025 pasamos a ser el país más violento de la región.
En estas condiciones, el país ya no tiene mayores posibilidades de garantizar la estabilidad social, el desarrollo económico o el bienestar ciudadano. Ya no es humano, ni viable económica o socialmente, soportar 4 años más de lo mismo.
Para enfrentar esta dura crisis que vive el país, es necesario que las y los ecuatorianos se activen, se organicen y sumen esfuerzos para apoyar y sostener este 13 abril, un proyecto político progresista capaz de reconstruir un Estado Social, que, en palabras de Amartya Sen (1999), pueda garantizar el acceso a educación, salud y empleo digno, como medidas indispensables para reducir las condiciones estructurales que favorecen la reproducción de la pobreza, la desigualdad y la violencia.
Ecuador ya no aguanta más. De mantenerse este gobierno, las afectaciones que pueden sufrir las y los ecuatorianos son graves y rozan lo inhumano. Según cifras del Ministerio del Interior, en enero de este año se registraron 781 homicidios, 276 más que los 505 registrados en el año 2024, y 247 más, que los 534 registrados en el año 2023, año en el que Ecuador se situó a la cabeza del índice de muertes violentas en Latinoamérica.
En este lamentable y sanguinario escenario que vive el país, el voto nulo o voto blanco ya no es una opción. Como nos recuerda Ángela Davis (2003), la neutralidad en contextos de injusticia, nos hace cómplices de un sistema ineficaz e inhumano.
La indolencia, la violencia y la injusticia como sistema, se fortalecen, en donde se impone la “neutralidad”, la pasividad o la indiferencia. No tomar posición en un escenario dramático como el ecuatoriano, es mantener en el poder a un gobierno que da la espalda a su gente.
En estas próximas elecciones en Ecuador, la mínima dispersión del voto beneficia únicamente al gobierno de Noboa. Es por eso que esta 2da. vuelta, demanda, exige, requiere, una acumulación de fuerzas, que permita sumar, incorporar, agregar a diferentes sectores: partidos políticos, movimientos indígenas, movimientos sociales, sindicatos, trabajadoras/es, estudiantes, etc., para poder consolidar una alternativa viable, frente al estado de emergencia nacional que vivimos las y los ecuatorianos.
Ahora más que nunca -llegados a la recta final-, es necesario consolidar un frente unido de ecuatorianas y ecuatorianos comprometidos con el desarrollo y el bienestar, como única opción para ganar las elecciones e impulsar las reformas necesarias que el país requiere. La cultura de evasión fiscal como bandera del gobierno de Noboa, ya no puede ser una posibilidad. Ecuador necesita esos recursos para apuntalar el desarrollo, fortalecer y ampliar los servicios públicos.
Solo una gran unidad de votantes en pro de Ecuador, puede parar este desastre, y reactivar las políticas de solidaridad nacional, que demanda este momento histórico, como estrategia estructural para erradicar al crimen como medio de subsistencia.
Recordemos que la esperanza renace, cuando las personas sienten que su participación y su voto puede incidir en su propio destino.
¡Otro Ecuador sí es posible! Ahora, tú decides.
fotografía elestado.net



