Hoy es un día especial en la vida política del país puesto que tendrá lugar el debate entre la candidata progresista Luisa González, y el candidato neoliberal Daniel Noboa. Ambos aspirantes a gobernar el país durante los próximos cuatro años, tienen la oportunidad de exponer sus ideas en un espacio televisivo por cadena nacional durante dos horas.
Los temas sobre los que debatirán los candidatos son: Seguridad, Economía, Empleo, Educación y Salud. Los ecuatorianos debemos evaluar en los debatientes la coherencia de sus afirmaciones, la honestidad en sus convicciones y la factibilidad en su realización. Debemos rechazar la mentira, la demagogia, el insulto, y por último, la estupidez del prejuicio. Sopesar en los aspirantes al poder su capacidad de ejercerlo, medir en su proyecto de vida nacional su interés de lograrlo.
El debate en tal sentido, tiene el gran mérito de reintegrar el valor a la palabra, puesto que la acción que suponen los programas y promesas de campaña ya dependerán del consecuente cumplimiento de la candidata o candidato elegido.
La palabra tiene un valor fundamental en la vida pública, crea y transforma la realidad capaz de concebirse en la utopía y en los sueños del hombre. No en vano el ser humano es el único ser viviente capaz de saltar del instinto a la reflexión y de la intuición a la concepción de una vida futura. La palabra es el medio con el cual define ese afán de porvenir. Respetar y mantener la palabra dada, nos hace sentir personas dignas de todo merecimiento, respeto y valor.
Una persona de pocas palabras suele ser también de pocas ideas e incluso de escasas acciones. Pero la palabra no es por sí misma garantía de acción. Todo depende de la convicción en las ideas y de la honestidad que supone ser consecuente con un determinado ideario. El valor de un ser humano se mide por lo que vale su palabra.
No toda palabra vale, los sustantivos o nombres, pronombres, adjetivos, adverbios, verbos, preposiciones, conjunciones y artículos son categorías gramaticales que sirven para expresar acciones, cualidades, cosas, sujetos, lugares, etc., en tanto y en cuanto denoten o recreen la realidad.
Una sentencia bíblica señala: Pongan en práctica la palabra y no se limiten a sólo escucharla pues de otra manera se engañan ustedes mismos.
El poeta en cambio reivindica el valor de la palabra cuando ésta ha sido en la práctica desnaturalizada en sus significados:
Si abrí los ojos para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.
La política para recuperar su trascendencia en la acción debe retribuir el valor a la palabra. Que la promesa sea consigna, que la utopía devenga en programa y la palabra en acción.
El debate donde se exponen las ideas debe ser también el primer espacio para devolver el valor a la palabra.



