Hacia el año de 1887 el historiador británico, Lord Acton, escribió una frase que pasó a la historia de la política en letras de mármol: “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”.
Incuestionada la sentencia se la dio por hecho, acaso porque diversos personajes de la política la han cumplido a rajatabla. Sin embargo, no es tan absolutamente cierta: el poder corrompe sí, pero no a todos por igual. Determina comportamientos y personalidades cuando cae en manos de gente diversa acostumbrada, previamente, a puestos sin ninguna responsabilidad. Esto se explica por el sencillo hecho de que en ciertas personas el tener un poder al que nunca han accedido las lleva a cometer excesos o despropósitos.
El poder corrompe solo a la gente predispuesta a corromperse, que de antemano tiene una moral laxa, o que carece de fuertes convicciones morales, una tendencia innata acaso en el ser humano al predominio sobre los demás.
La entrevista
A una semana del derrame de petróleo que tuvo lugar en el sector de Quinindé, provincia de Esmeraldas, por la rotura del oleoducto de crudos pesados SOTE, debido al deslizamiento de 225 mil toneladas de tierra que destruyó parte del tubo por donde va el crudo a la refinería de Esmeraldas proveniente de los yacimientos amazónicos. La ministra de Energía (E) y presidenta del COE nacional, Inés Manzano, frente a esta circunstancia ofreció una entrevista en la cadena de televisión Teleamazonas frente a la reportera Liz Valarezo, en la que insinuó que se trató de “un sabotaje”, que afectó a 3.150 personas de manera directa. No obstante que inicialmente había confirmado que se debió a un accidente por las fuertes lluvias del temporal que arrecia estos días en la zona y el consecuente derrumbe de tierra: “En efecto -dijo Manzano- al inicio estábamos diciendo eso porque eran las evidencias que teníamos, es decir, uno ve físicamente el deslizamiento, sin embargo, ayer tuvimos un informe de la Inteligencia Policial y nos informan que esto es algo provocado, es un sabotaje, y de hecho el sabotaje no termina en Esmeraldas sino va a Papallacta, en el momento de que haya una afectación esa es la fuente de agua potable de Quito. Al alcalde Pabel Muñoz: díganle a la gente que está haciendo sabotaje, que también sabemos de dónde es, por favor eso no podemos hacer estamos tomando todas las precauciones, pero eso sería lo peor que le puede pasar a la ciudad de Quito”.
¿Es en serio? ¿La ministra está insinuando que el supuesto “sabotaje” es conocido por el alcalde de Quito y que proviene de gente a la que él tiene acceso? La ministra continúa señalando que “la información que tenemos es una información fidedigna que estos terroristas están haciendo lo que no deben hacer, que es afectar al bienestar de las personas y también a la naturaleza, por eso ayer me adelantaba a señalar la información que tenemos”.
La ministra Manzano dijo, además que “todo el gobierno nacional ha estado en territorio y sigue en territorio”, para ella el término “territorio” hace alusión a las zonas afectadas por el derrame de crudo, usado como un desafortunado eufemismo, propio de burócratas que pasan la vida tras un escritorio y el país les resulta ser un “territorio”, abstracto y distante.
¿Qué se nos quiere decir, de qué se nos quiere convencer, con qué rueda de carreta se nos quiere hacer comulgar? Seguramente, con la idea propagandística de que este régimen sensible, preocupado por el drama ciudadano vive en “territorio” dando respuesta a los graves problemas nacionales. Los porfiados hechos contradicen a la ministra Manzano. Si la denuncia mediática de “sabotaje” es tan seria como se la quiere hacer aparecer, ¿dónde está la denuncia frente a la Fiscalía del Estado para la debida investigación, ¿dónde, los nombres y apellidos de los responsables del derrame?
Frente a este tema tan complejo de abordar, sin la debida estupefacción, amerita decir que el gobierno y el presidente, que es parte del directorio de Petroecuador, empresa estatal responsable del SOTE y de la explotación petrolera, no señala hasta la fecha la cantidad de crudo derramado sobre los ríos de Esmeraldas. En tanto, cálculos de expertos indican que, si Petroecuador tardó dos horas en cerrar la válvula del oleoducto dañado y suspender el flujo de petróleo, significa que se derramaron 25 mil barriles de crudo. A simple vista el derrame es de tal magnitud que el crudo llegó al mar afectando todas las playas de Esmeraldas, dañando sitios turísticos y manglares, medio de subsistencia ciudadana en la provincia, y continuará hasta las islas Galápagos llevado por las corrientes marinas.
La ministra se permite acusar de “incompetente” al alcalde de Esmeraldas, politizando innecesariamente el tema en campaña electoral en la provincia de Esmeraldas, donde el gobierno tuvo una estrepitosa derrota electoral en la primera vuelta. Lo que se observa es una sorprendente falta de rigor en las acciones de la ministra que, como autoridad, debe adoptar medidas, tratar de coordinar para trabajar junto a las autoridades municipales locales para enfrentar la emergencia.
¿Qué tiene que ver la corrupción con la entrevista a la ministra de Energía? Bueno, puede ser la expresión de un poder a como dé lugar, que trata de imponerse sobre los demás manipulando sus voluntades con fines políticos al hacer de un drama social un argumento de campaña electoral, cuyo eco televisivo es tan deplorable como el hecho de mentir para manipular. Dicen que más fácil se descubre a un mentiroso que a un ladrón. No sabemos quién es quién, si aquella reportera que nos roba el derecho a estar bien informados o aquella ministra entrevistada que miente tratando de torcer voluntades, en el afán de reelegir a su jefe.
Este tipo de circunstancias en víspera de una elección presidencial en un país que busca formas de sobrevivir en medio de la más grave crisis de su historia, demuestra que la dama detrás del micrófono no nos va a enseñar a los ecuatorianos que se trata de un periodismo contrastado, digno y verificado, y la dama delante de las cámaras lejos está como ministra de convencernos que vivimos en un país democrático, justo y armonioso. Entontecidas por el poder, cierta gente muestra la hilacha o, como dice el pueblo, el poder no corrompe, muestra lo que eres.
Mentir suele ser el más inocuo acto de corrupción -dirán algunos-, mentir desde el Estado es un acto de absolutismo en el poder cuando un funcionario o funcionaria impone y afirma algo y alude a alguien sin que tenga la oportunidad de réplica. Y no solo nos referimos al poder politico, sino también al poder mediático. Un elemental principio de la Deontología de prensa que rige la ética periodística, enseña que un personaje aludido, públicamente, en un medio de información tiene derecho a similar espacio para defenderse o aclarar la alusión de que fue objeto. ¿Dónde está la entrevista hecha al alcalde del distrito de Quito replicando sobre la insinuación malévola que le hizo la ministra? Finalmente, la ministra Manzano concluye la entrevista diciendo: “Yo estoy más apersonada (¿?) en la historia de los ministros del país”. ¿Qué nos habrá querido decir?
Se sabe -por opinión del sociólogo Luis Arroyo-, que el poder no significa necesariamente corrupción, pero con el poder la corrupción adquiere dimensiones especiales.
En este caso, la dimensión corrupta de una afirmación audaz, que insinúa que sus contrincantes políticos son capaces de provocar una catástrofe ambiental con graves consecuencias para la salud y la economía de miles de ecuatorianos afectados, es simplemente de dimensión desproporcionada. Cada quien vive su papel en función de sus visiones del mundo.
El poder no corrompe, refleja cómo eres.



